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La falta de lluvias reduce la cosecha de lavandín y lavanda

Vallejondo Esencial, empresa que cuenta con una plantación de 80 hectáreas en Villares del Saz, calcula que habrá una merma del 30% en la producción

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20/7/2019 · Dolo Cambronero

Aunque no es la Provenza francesa, en la provincia de Cuenca también se puede apreciar en varios lugares en este mes de julio la bella estampa de campos en flor con hileras en tonos azul-violáceos que se pierden en el horizonte. La lavanda y el lavandín son plantas resistentes pero este año, la falta de lluvias ha afectado a la campaña. Tomás Carrillo, de Vallejondo Esencial, empresa familiar que cuenta con una plantación de 80 hectáreas en Villares del Saz, calcula que va a haber una merma de un 30% en la cosecha de lavandín.


Lo mismo dice Mercedes de Loro, copropietaria de Lavandaña y cuyo marido, Pedro Corpa, tiene en Huete una plantación de una hectárea de lavandín -un híbrido entre lavanda y espliego-, que apunta que la sequía ha pasado factura al cultivo. “El calor también le ha venido mal”, añade, detallando que las altas temperaturas que se están sufriendo este verano están secando las flores.


El joven Tomás Carrillo y su hermano, que tienen ahora 32 y 30 años, se decidieron hace nueve a probar con estas plantas aromáticas y desde hace siete cuentan con su propia destilería para extraer el aceite esencial. El camino no ha sido fácil porque, según cuenta, al no haber tradición en la zona, había mucho desconocimiento sobre su cultivo. Además, también han tenido que hacerse con una máquina específica para recolectarlas. “Es un sector en desarrollo”, apunta el productor.


La inversión inicial es “importante”, rondando los 2.000 euros por hectárea, pero este cultivo necesita de muy poco mantenimiento y cuidados. Empieza a producir a partir del segundo año aunque es tras el tercero cuando se obtiene una mayor cosecha y la planta tiene una vida media útil de unos diez años. Estos jóvenes aún no han tenido que sustituir las primeras que plantaron.


La mayor parte de esta plantación familiar en Villares del Saz la dedican al cultivo de dos tipos de lavandín (súper y grosso), aunque también tienen lavanda. El híbrido es más resistente y da una mayor producción aunque su calidad es algo inferior a la de la lavanda, cuyo aceite esencial es “más fino” y se destina sobre todo a perfumería, mientras que el primero se centra más en cosmética y en productos más generalistas.


Ahora están en plena campaña de recolección, la cual iniciaron el 1 de julio y calculan que se prolongará durante un mes. Uno de las dificultades que entraña este cultivo es que, tras la recogida, debe ser destilada la flor a la mayor brevedad posible para que no fermente el producto.
“Teniendo una destilería cerca, la rentabilidad es buena”, recalca este joven, que forma parte de la Asociación Nacional de Plantas Aromáticas y Medicinales (Anipam). En su caso, una vez obtenido el aceite esencial, se vende al por mayor.


Aunque los principios fueron duros, Tomás Carrillo hace hincapié en que estas plantas aromáticas obtienen “una mayor rentabilidad que los cultivos de secano tradicionales en la zona como los cereales y el girasol”, por lo que anima a los agricultores a probar con este producto alternativo, que, además de en Villares del Saz, prácticamente solo se cultiva en la provincia en Cañamares.


El joven cree que esta planta debería publicitarse más como cultivo alternativo y apunta a las grandes posibilidades que tendría para atraer turismo. “Necesitamos un impulso”, subraya. Y pone como ejemplo a la proyección que se le ha dado a estas plantas aromáticas en Brihuega (Guadalajara), donde el Festival de Lavanda atrae cada año a miles de visitantes.

Visitas guiadas en Huete

Lavandaña, firma afincada en Huete dedicada a la venta de productos artesanales de lavanda, organiza durante el verano visitas guiadas a una plantación de lavandín en este municipio conquense para que los visitantes puedan conocer y disfrutar, justo cuando está en flor, de este oloroso cultivo que desprende un relajante aroma. Además, también hay una degustación de licor y crema elaborados con esta planta aromática.


Mercedes de Loro y Maite Bermejo montaron hace cuatro años esta firma, inspiradas en la plantación de lavandín que tiene el marido de la primera en Huete desde hace ahora ocho años. Y hace dos lanzaron la iniciativa del Lavanda’s Tour, junto a la empresa turística Cuenqueando. La visita comienza en la conocida como Choza del abuelo, una casa cueva en la que se proyecta un vídeo sobre este cultivo y se degustan licores y cremas de lavanda que elabora otra firma para Lavandaña con la receta propia de estas dos mujeres, además de dulces típicos. “Es perfume para el paladar”, lo define De Loro. La jornada finaliza en la plantación de lavandín.


Los grupos son reducidos (no más de unas 15 personas) por lo que el trato es personalizado. El precio de la visita es de ocho euros para los adultos y de cinco para los niños mayores de 12 años. Para los más pequeños es gratis. A este recorrido se animan sobre todo gentes de Cuenca capital y de municipios cercanos a Huete, y procedentes de Madrid. “También ha reservado una señora de Galicia enamorada de la lavanda”, cuenta.
Lavandaña también participará el 27 de julio en la I Feria de Oficios y Tradiciones de la Alcarria Conquense, que se celebra en Olmeda de la Cuesta.

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