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Mariposas Blancas

Estos días proliferan por nuestros campos y ciudades las mariposas blancas en su primera generación reproductiva del año. Se han metamorfoseado en pocas semanas de huevos a orugas, después a crisálidas y al final a ejemplares adultos, que es cómo perecerán.

De un modo similar, la juventud europea y, a la sazón española parece invertir aquella máxima evolutiva atribuida erróneamente a W. Churchill. La misma viene a decir que quien no es de izquierdas de joven no tiene corazón, quien no es de derechas de adulto no tiene cerebro.

En las pasadas elecciones se les atribuye a los jóvenes (no a las jóvenes) una parte importante del auge de la ultraderecha. Muchos análisis se han hecho y casi todos tienen algún punto interesante para profundizar en su estudio: decepción con las expectativas en la vida, individualismo, sumisión a los estereotipos de las redes sociales, progenitores sobreprotectores que facilitan abundancia de bienes y servicios para cubrir sus necesidades incluso no básicas, ídolos y referentes de todo tipo que sólo promueven dinero y fama fáciles, etc. 

Sin duda, se resumen en valores que los de más edad ni siquiera los llamaríamos valores. Para algunos analistas los mismos nos llevan a la desdicha. Abundando, para otros sólo son neoliberales.

Aunque otros adolescentes llegan a adultos trabajando y estudiando, cultivando la empatía y valorando al prójimo, conociendo todo lo que la socialdemocracia ha ido construyendo estos ochenta años en Europa (educación y sanidad públicos, por ejemplo), estos, por desgracia, son un número minoritario, o lo que es peor, da la sensación general de su escasez y falta de protagonismo en la sociedad actual. Yendo un paso más, impera la generación que obvia los valores ecuménicos y religiosos que toda colectividad a lo largo de la historia ha considerado mínimos para vivir en sana comunidad.

Sin querer ser catastrofistas, cultivemos la ironía con un ejemplo: al igual que muchos lepidópteros como los del título vuelan torpemente sin ver el parabrisas donde colapsarán, muchos de estos jóvenes ríen gracias y paparruchas sin contemplar la degeneración de nuestra especie que, en muchas partes, lleva a la inhumana gestión de las residencias-morideros donde acabarán sus vidas.