Agua y vacío
Llueve sobre mojado. Y me sorprende, en positivo, lo bien que está aguantando la ciudad de Cuenca. Especialmente, la zona del nuevo hospital. Es cierto que los socavones agujerean la ciudad, pero tenemos que valorar también el detalle de sustituir los clásicos conos naranjas por los azules. Así que, quitando eso, y con el temor de que esos conos se perpetúen en el tiempo hasta convertirse en rotondas, me siento seguro. Tanto que os voy a hablar de otra cosa. Porque el otro día, en mi función de taxista extraescolar, caí en la cuenta de algo. Sé que me voy a dejar muchos, pero puedo citar el antiguo hospital, la antigua Escuela de Magisterio, la antigua comisaría, el Bosque de Acero, el Centro de Recepción de turistas, el edificio del mercado, la antigua estación de tren… ¿Cuántos edificios públicos hay en la ciudad, vacíos o infrautilizados? No sé si pasa en todas las ciudades, pero en Cuenca nos lleva siglos hacer un edificio de este tipo; y parece que a nadie se le ocurre pensar qué hacer con el edificio anterior o si el destino para el que fue construido inicialmente falla. Quizás sea, también, en algún caso, que se ha pensado, pero no se ejecuta. Al final, igual da. Por a o por b, siguen vacíos, viendo la lluvia caer y, pacientemente, el tiempo pasar. Porque un proyecto de ciudad lleva mucho más que cuatro años.