Angustias Fernández García: una vida entregada a las personas con discapacidad
Hay personas cuya presencia no hace ruido, pero ilumina. Personas que, sin pretenderlo, se convierten en brújula para quienes caminan a su lado. Angustias Fernández García pertenece a ese reducido grupo que deja una huella que no se mide en ceremonias, sino en gestos; no en reconocimientos oficiales, sino en vidas que vuelven a levantarse. Su paso por ASPADEC —que sigue siendo, más que un lugar, una familia— ha sembrado raíces de confianza que perdurarán mucho más allá de los proyectos, de los talleres o de los documentos de trabajo. Son raíces invisibles, pero profundas: las que nacen de la bondad firme, de la entrega serena, de la convicción de que cada persona merece la oportunidad de brillar por sí misma.
Angustias no necesita ocupar titulares para transformar realidades. Lo hace desde la cercanía, desde la escucha paciente, desde una forma de entender la vida donde la coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace es condición irrenunciable. En un tiempo en el que las palabras parecen gastarse con facilidad, la suya conserva valor. Es una mujer honesta y leal, capaz de sostener equipos, calmar tensiones y, cuando hace falta, reclamar justicia con la serenidad de quien sabe que lucha por lo correcto.
Desde 2008, Angustias ha sido un pilar de estabilidad en Aspadec, aportando rigor en la gestión y una sensibilidad especial para entender las necesidades cambiantes de las familias y de las personas usuarias. Su presencia en la Junta Directiva ha sido decisiva para impulsar proyectos que hoy son fundamentales para la provincia de Cuenca en materia de accesibilidad, formación, empleo protegido e inclusividad.
Su legado, sin embargo, no se mide solo en iniciativas o documentos aprobados, sino en aquello que las estadísticas no cuentan: la confianza recuperada, la autoestima reforzada, el sentimiento de pertenencia de muchas personas que, gracias a ASPADEC, han encontrado un camino propio en la sociedad. En buena parte, ese milagro cotidiano lleva la impronta silenciosa de Angustias.
En un mundo acelerado que a veces olvida la importancia del compromiso, ella encarna la fuerza tranquila de las personas que construyen futuro sin levantar la voz, de quienes comprenden que la inclusión no es un eslogan, sino un trabajo persistente, día tras día. Una mujer fuerte, valiente, cabal e íntegra, que ha sabido unir bondad y firmeza, cercanía y profesionalidad.
Hoy, al mirar atrás, la trayectoria de Angustias Fernández García se revela como un ejemplo luminoso de servicio público y humanidad. ASPADEC y la sociedad conquense le deben más de lo que quizá ella misma imagina. Su trabajo no solo ha abierto puertas; ha derribado muros y ha sembrado esperanza.
Su historia nos recuerda una verdad sencilla y profunda: cuando una persona cree de verdad en la dignidad de los demás, lo cambia todo. En un mundo que a menudo se mueve deprisa, Angustias ha demostrado que lo esencial requiere otro ritmo: el de la paciencia, el del respeto, el de mirar a cada ser humano con la dignidad que merece. Ese es, quizá, su legado más luminoso.
Querida Angustias, mujer íntegra y luchadora. Gracias por cada puerta que ayudaste a abrir, por cada mano que acompañaste sin juzgar, por cada semilla de esperanza que dejaste caer sin esperar nada a cambio; por todo eso y por muchas más cosas, Aspadec Cuenca y quienes hemos caminado contigo guardamos en silencio un agradecimiento profundo. Gracias a tu fuerza tranquila, a tu valentía discreta y a tu forma honesta de estar en el mundo, muchas familias y muchas vidas se han convertido en un lugar más habitable. Esperamos nos sigas iluminando mucho más tiempo y podamos seguir disfrutando de tu presencia en muchas más ocasiones.