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Año nuevo ¿vida nueva?

Lejos de mi intención el ser un agorero en la esperanza de tiempos mejores con la llegada del nuevo año, porque no comulgo en la rotundidad de Jorge Manrique en su afirmación de “como a nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”; pero teniendo en consideración las experiencias vividas, las expectativas de mejora me parecen, al menos, un pelín exageradas, habida cuenta de que la mayoría de los cambios nos vienen dados por fuerzas ajenas a nuestra voluntad. Obviamente, no me refiero a los estrictamente personales, aunque también.

Mi aserto anterior tiene su base argumental en la frase "es necesario que todo cambie para que todo siga igual" o, para ser más preciso literariamente, "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie" como nos aconseja Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en su novela “El Gatopardo”- Novela llevada al cine, de forma magistral, por Luchino Visconti, con Burt Lancaster, Claudia Cardinale y Alain Delon, como principales protagonistas, y que recomiendo encarecidamente.

De esos “cambios sin cambio” se encargan las élites extractivas, instituciones diseñadas para concentrar el poder y los recursos en manos de unos pocos elegidos, limitando las oportunidades de decisión para la mayoría, utilizando la manipulación social, política y económica como instrumentos para conseguir sus intereses. Intereses creados por y para ellas mismas, sin que tengan relación alguna con los homónimos de Jacinto Benavente, es decir, sin que hagan la menor gracia.

Si han tenido la paciencia de llegar hasta este punto, les animo a que sigan deseando cambiar desde el uno de enero próximo, y empiecen a ir al gimnasio; a aprender inglés e informática, a leer todos los libros que tienen pendientes y a hacer todas esas cosas que no hemos hecho y queremos hacer. Con que hagamos algo, cualquier cosa por nimia que parezca, siempre será positiva, porque como decía don Quijote: “Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.

¡Feliz 2026!