Tiempo de reflexión
Esta semana, la consejera de Desarrollo Sostenible, Mercedes Gómez, señalaba en Cuenca que como ha llovido mucho y los embalses de la cabecera del Tajo han alcanzado el nivel 1 se pueden elevar las derivaciones del Trasvase Tajo-Segura hasta los 60 hectómetros mensuales con las reglas de explotación vigentes. ¡Como si no hubiera llovido suficientemente estos días en el Levante español! De hecho, señalaba que habrá que estar atentos a la climatología porque “a lo mejor no cabe” el agua que llega del Tajo. En este sentido, nos retrotraemos a lo que ya comentábamos la semana pasada sobre la nefasta sensación que produce enviar agua a una zona que no la necesita urgentemente en estos momentos desde un área históricamente deficitaria que este año deberá afrontar un verano que, como hemos visto en temporadas anteriores, podría ser muy seco. Quizá ilustre sobre lo que comentamos el hecho de que los embalses de la cuenca del Segura están ahora al 40% de su capacidad total, el doble que el año pasado por estas fechas. Los ribereños nunca se han negado a enviar agua cuando ha sido necesaria, pero en las actuales circunstancias la decisión de aumentar los trasvases debería implicar una mayor reflexión por parte de quien la toma.
También debe movernos a reflexionar el alcance casi trágico que año tras año va adquiriendo el cambio climático. Estos días no paramos de escuchar a los más veteranos afectados por los sucesivos temporales afirmar que en su vida habían visto precipitaciones tan fuertes y tan continuadas.
No cabe la menor duda de que ahora más que nunca se deben implementar políticas tendentes a la descarbonización del planeta, porque nos jugamos mucho en ello. Tampoco dudamos que los negacionistas, o están muy mal informados, o defienden los intereses de quienes siguen basando la economía en el petróleo y sus derivados, más interesados en el reparto de dividendos que en la propia supervivencia.
Resulta preocupante pensar que aquellos que no creen en los peligros del calentamiento global ignoran que, si se hunde nuestro barco, también se hundirá el suyo. Por eso tenemos que denigrar decisiones difícilmente defendibles, como la tomada recientemente en la Unión Europea para alargar en el tiempo la fabricación y venta de vehículos diésel y de gasolina, en detrimento de los motores híbridos, eléctricos o basado en la tecnología del hidrógeno.
Episodios como éste, cuando desgraciadamente hemos tenido la oportunidad de llevar al límite cauces, campos de cultivo e infraestructuras de todo tipo deben servir para aprender lo que se debe y no se debe hacer. La Naturaleza a buen seguro que nos volverá a poner a prueba y que lo hará cada vez con mayor virulencia, porque no estamos siendo capaces de mitigar los continuos atentados que el ser humanos perpetra, día sí y día también, contra el medio natural y la atmósfera.
De nada están sirviendo los avisos de la Ciencia acerca de que hemos rebasado las líneas rojas que marcaban una situación de no retorno. Hay que adoptar ya medidas de choque, en las políticas hídricas, el urbanismo, la construcción de infraestructuras, las emisiones de carbono, las explotaciones agrícolas, ganaderas y madereras extensivas y en otros muchos ámbitos de la economía productiva, porque sólo tenemos una madre Tierra y no nos puede dejar huérfanos.