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 Resistir al tirano
Imagen oficial de Donald Trump

Resistir al tirano

No es, claro, el único –ahí están también Putin, Netanyahu, Kim Jong-un, Alí Jameni o, no le olvidemos tampoco, Xi Jinping– pero sí, desde luego, el que más de cerca nos toca, nos mal toca. Con su cada vez más y más envalentonado matonismo mister Trump se ha convertido, mucho más allá incluso de lo que ya nos temíamos, en la amenaza que más nos afecta a cuantos nos movemos en eso que se ha llamado el mundo occidental no ya sólo por las consecuencias más directas del ejercicio de una acción política que le configura sin duda como el mayor peligro para el orden global mundial y para la posibilidad de abordar acciones de tan vital necesidad en nuestro momento histórico como la lucha contra el cambio climático, e incluso más allá de amenazas expansionistas tan concretas pero tan desgraciadamente, a la vista de lo visto, creíbles amenazas expansionistas que tan de cerca nos tocarían como su declarada intención de anexionarse Groenlandia, sino porque su chantajista acción política, además de esos sus propios desastrosos efectos en nuestro real día a día, afecta también, y en qué manera, a las propias líneas ideológicas de actuación que, aun desde la imperfección de su concreción, habían venido sustentado nuestra aspiración de dotarnos de un marco de convivencia más humano y digno, socavando el canon de valores que para ello nos habíamos dado como guía.

Por ello no nos queda otra que, dejando de esconder la cabeza bajo el ala del cuidado, no le molestemos, plantarnos de una vez, más allá de ronroneos declarativos de bajo nivel, y hacerle cara aunque sea desde nuestra propia evidente debilidad socioeconómica y estructural frente a la superioridad de sus medios y herramientas, afrontando como deseable y probablemente única fórmula para ello, la imperiosa, urgente necesidad de a como sea acometer en nuestro más inmediato ámbito, el de la Unión Europea, ese camino que entre el ahí me las den todas del hasta ahora adoptado cómodo confiar en la benevolencia del big friend estadounidense y los egoístas intereses particulares nacionales de quienes la integramos, no acabábamos nunca de emprender, el de la conformación de una Europa federal que pueda hablar con voz única y propia, dotada de política económica, social y exterior común. Y eso es lo que hay que exigir a nuestros representantes y gobernantes.

No será fácil, por supuesto, pero es el único modo para poder resistir a la arremetida del tirano, de nuestro particular y tan próximo tirano. Eso o someternos, sumisos, al más ignominioso e innoble vasallaje. Y perdonen que a este articulista de provincias se le haya ido hoy el texto por derroteros tan lejanos de su habitual miro y digo, pero es que, ¡qué demonios!, vaya si no tales cuestiones no nos afectan y en mucha mayor medida de cuanto habitualmente pensamos, en nuestro propio doméstico ámbito y por ello uno ha pensado que no estaría mal dejar dicho y escrito lo que al respecto piensa.