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Una alianza con buenos resultados

Una semana antes de la fecha concreta de su apertura –el 25 de febrero de 2026, hace por tanto casi veinte años justos– el Museo de Obra Gráfica de San Clemente, la segunda sede en el tiempo tras la inicial en Cuenca de la Fundación Antonio Pérez, celebraba el pasado miércoles ese aniversario con la inauguración de una exposición conmemorativa, a la que seguirán otras cinco más, en la que a una serie de obras integrantes del fondo gráfico inicial de la colección de la entidad se suman otras procedentes de las donaciones por ella recibidas desde esa su constitución hasta ahora mismo.

Una muestra cuyo hoy plástico establece diálogo con el carácter patrimonial-histórico de la arquitectura que la alberga –el espléndido edificio renacentista del que en su día fuera Casa Consistorial de la villa– en un ejemplo más de ese fecundo tú a tú entre el pasado histórico de sus contenedores arquitectónicos y sus contenidos hijos de la contemporaneidad que desde la inauguración en las Casas Colgadas de Cuenca capital del Museo de Arte Abstracto ha venido caracterizando los distintos proyectos artísticos conquenses luego surgidos, de la propia Antonio Pérez tanto en su sede en la capital como en las de la propia localidad manchega hoy de celebración o el Museo de Fotografía de Huete al Espacio Torner –una interlocución presente también, item más, sin ir más lejos, en las vidrieras del templo catedralicio capitalino– y que informará también la realidad de la ya en marcha instalación en la Casa Parada de Tarancón de esa otra nueva sede de la institución protagonista del aniversario que da pie a este artículo que acogerá –bajo el bien declarativo epígrafe “Constelación Vanguardias” – gran parte de la biblioteca, el archivo y la colección de arte que Monika Poliwka y Juan Manuel Bonet han venido conformando a lo largo de las últimas décadas, una oferta a la que se añadirá una sala dedicada a muestras temporales.

Se trata de una actitud más que asentada entre nuestros promotores culturales –a las pruebas me remito– que por fortuna se ha sabido llevar con especial acierto porque, como se ha podido demostrar en otros lugares y aventuras similares, no siempre ha dado buenos resultados, que no es precisamente tarea sencilla –más allá incluso de los problemas burocráticos y económicos que la empresa conlleva– adecuar el respeto por la integridad patrimonial de los edificios elegidos con la funcionalidad y adecuación de su uso como equilibrado marco para la exhibición de sus contenidos de modo que su coexistencia sea a la par armónica y fluida  y no entorpezca sus respectivos mensajes sino que los aúne en una sola propuesta transmisora eficaz de una continuidad temporal de sus confrontadas historias vueltas una. Felicitémonos por ello al tiempo que demos también puntual parabién a los gestores –institucionales y personales– de la Antonio Pérez por el actual aniversario sanclementino.