6 de Mayo de 2021 Son las 12:24

Entrevistas

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Especial Semana Santa 2020
Manuel Laguna. Jefe de la Comisaría Policía Nacional en Cuenca

“A los negacionistas les digo que se den un paseo por las UCI o me miren a mí”

Seis meses después de abandonar la UCI, Manuel Laguna narra su proceso de recuperación y hace un llamamiento a la ciudadanía para que se respeten las medidas de prevención frente a la Covid

“A los negacionistas les digo que se den un paseo por las UCI o me miren a mí”
Fotos: Saúl García
30/11/2020 · Dolo Cambronero

Los 77 días que pasó en el hospital, 64 de ellos en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), 32 de los cuales en coma inducido, contrastan con la vitalidad y las constantes bromas que salpican la entrevista con Manuel Laguna Cencerrado (Alcázar de San Juan, 1961), jefe de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía en Cuenca, en cuyos ojos, no obstante, también asoma la emoción al recordar los momentos más duros de esta enfermedad. Seis meses después de abandonar la unidad de críticos, hace un llamamiento a toda la ciudadanía para que se respeten las medidas de prevención frente a la Covid-19.

Han pasado seis meses desde que salió de la UCI. ¿Cómo se encuentra?

Estoy aceptablemente bien. Ya salgo a la calle. Tengo ganas de trabajar y de reincorporarme a la vida normal pero, con la que está cayendo, los médicos no me recomiendan que lo haga aún. Pero a nivel psicológico, me encuentro bien. He recuperado el 80% de capacidad pulmonar. Hemos pasado de una situación en la que los pulmones estaban como una piedra pómez a otra en la que, según se ve en las radiografías, hay zonas que están afectadas pero ya están recuperando el riego sanguíneo.

¿Cómo ha sido el proceso de recuperación?

Empecé con la rehabilitación estando en la UCI. He hecho mucho, mucho ejercicio. Me dijeron que si tenía disciplina suficiente para hacer ejercicios en casa, no tendría que ir al fisioterapeuta, que sería más trastorno. Y los he hecho con bastante disciplina y con la ayuda de mi hijo. Hasta esto que me ha pasado hace unos días [pequeña caída doméstica], hacía prácticamente vida normal y también me daba paseos para ir ganando fuerza en los músculos. Porque lo que perdí básicamente era masa muscular. Y ya he ganado peso. De los 15-16 kilos que perdí, he recuperado unos diez. Y, como tengo tiempo, estoy leyendo bastante. Me he matriculado en un máster universitario para no perder el tiempo y mantener la cabeza ocupada. Es de Geoestrategia y terrorismo yihadista, tema en el que era especialista en mis anteriores destinos.

El habla la recuperó pronto.

Sí, se sorprendieron en la UCI cuando me quitaron el respirador por el tono de voz que tenía. Una de las peores sensaciones que tuve fue no poder hablar. No podía ni coger un folio y escribir lo que me pasaba. Aunque poco a poco fui cogiendo fuerza. La primera sensación que recuerdo cuando me despertaron del coma inducido, en el que estuve 34 días, es la de no poder hablar. Luego me explicaron que era normal.

¿Qué mensaje le manda a la gente que tiene Covid-19?

Un mensaje de esperanza. A mi mujer le dijeron que tenía un 98% de posibilidades de irme al otro barrio. Estaba básicamente desahuciado. Habiendo estado solo con un 2% de probabilidades de sobrevivir, creo que mientras hay vida, hay esperanza. Y, sobre todo, les digo que hay que ser positivos y optimistas a nivel psicológico y no venirse abajo. Yo lo he superado contra todo pronóstico. Mientras haya un hilillo de vida, no hay que tirar la toalla.

Yo tengo esperanza en las vacunas. Me pondría la que fuese. Recomiendo a la gente que lo haga. Mi pequeña alegría es que tengo anticuerpos aunque no hay que confiarse y preguntaré si debo ponérmela. Antes no me había vacunado nunca de gripe pero este año me lo recomendó el médico y lo he hecho. Es positivo que la gente se vacune. Yo no tengo mala salud aunque los años se van notando... Aunque si hubiera sido más joven, igual me hubiera dado más leve o hubiera sido asintomático.

"A los que tienen Covid les mando un mensaje de esperanza. A mi mujer le dijeron que tenía un 98% de posibilidades de irme al otro barrio. Lo he superado contra todo pronóstico"

¿Y qué mensaje lanzaría a las personas que no cumplen con las medidas de seguridad, que participan en fiestas...?

La mejor prueba antinegacionista soy yo. A los negacionistas les digo que me miren a mí y que se den una vuelta por las UCI, sobre todo ahora, que ya están como en la época en la que yo estuve ingresado. Cada vez hay más gente joven. Pido a la gente que guarde todas las medidas de seguridad y las instrucciones de las autoridades competentes. Y que no se vayan de fiesta ni de botellón. A la gente joven quizás le afectará menos pero es que lo pueden pegar. El Cuerpo Nacional de Policía es uno de los máximos exponentes en cuanto a prevención en la calle. Hemos visto imágenes paralizando una fiesta ilegal o proponiendo una sanción a los que no cumplen. No nos gusta pero hay que respetar las normas. Hay que ser solidario: no es por ti, es por todos. Es igual que con el consumo de alcohol o drogas en la carretera; el problema es que puedes matar a otros. Esa es la responsabilidad.

¿Qué ha aprendido de esto?

Es un punto de inflexión en la vida de cualquier persona. Le das un poco más de trascendencia al sentido de la vida. La valoras más. Salir del coma es como una vuelta a nacer. El 24 de mayo, que es cuando salí de la UCI, la tengo como fecha de mi segundo cumpleaños. Reflexionas sobre el sentido de la vida, sobre Dios... Tuve muchos sueños cuando estaba en coma. Pero no lo recuerdo como una sensación negativa en el sentido de que te dé miedo. Soy creyente y si Dios ha estimado que ahroa no era el momento, esto te hace estar más relajado a la hora de enfocar la vida. Y sobre todo a la hora de perder el miedo a la muerte. Porque no te encuentras mal en ese trance. Ahora estoy muy contento. Siempre he sido una persona muy vital, de mis amigos, de relaciones públicas...

Entró por su propio pie en el hospital.

Tuve una pequeña gripe a principos de febrero. Lo achaco a que me pilló el virus con las defensas un poco bajas. No soy propenso a coger enfermedades. Hasta ese momento, no tenía una salud delicada. Ingresé el 20 de marzo y ese día estuve trabajando. Fui a mi médico de cabecera y le dije que me sentía un poco cansado, con poca energía. Me aconsejó que fuera al hospital y yo cogí el coche tranquilamente y me fui. Ingresé y no tenía un malestar muy grande. Estuve una noche, no llegó a dos días, en una habitación normal. Ahí me debió de dar la crisis pero no recuerdo nada. Estuve en coma inducido; me tuvieron que hacer incluso diálisis porque tuve un fallo multifuncional. Tuve también algún trombo en un pulmón. En los partes médicos, ponía estado crítico, me tuvieron que poner ocho bolsas de sangre. Y aquí estoy... [Risas] Estuve 77 días en el hospital, 64 de ellos en la UCI, 32 de los cuales en coma. Cuando vine a casa, no podía ni levantarme de la cama. Poco a poco fui cogiendo fuerza haciendo mucho ejercicio porque tengo bastante fuerza de voluntad. En el hospital cogí también un virus y eso fue responsable de la recaída que tuve porque estaba ya recuperándome. Pero tuve un bajón, estuve en estado crítico y fue cuando avisaron a mi mujer de que las cosas estaban mal. Acabo de cumplir 59 años en agosto. Quizás llegué más tarde al hospital porque me encontraba bien, solo estaba cansado. Ese día estuve trabajando y no tenía fiebre. A lo mejor por haber ido más tarde, me dio más fuerte. Pero en aquella época se andaba un poco a ciegas.

¿Cuáles fueron los peores momentos?

La primera sensación negativa que tuve fue la de no poder hablar. Pero no tuve dolores. En algún momento, tuve sensación de ahogo con el respirador. Pero al quitármelo, ya no. La saturación de oxígeno en sangre era ya más normal. Cuando me lo quitaron y ya empecé a hablar, pues me animé más. La verdad es que yo siempre he sido una persona optimista y eso considero que a nivel somático es positivo. Otras personas igual se vienen abajo. En casa también llevé oxígeno y me tuve que pinchar insulina. Antes de esto, yo tomaba pastillas pero allí tuve que pincharme porque me subió el azúcar.

La soledad de los enfermos de Covid debe pesar también.

Sí, pero se portaron muy bien conmigo en la UCI. Les estoy muy agradecido. En aquel tiempo, no se sabía exactamente el recorrido de la Covid. Me dejaron una radio y así me distraía porque la UCI es un poco aburrida. Lo único que puedes hacer es mirar al techo y los aparatitos... [Risas] Por eso, el médico me dijo que me mandó a casa antes de la cuenta. Mi madre, con 90 años, mi mujer y mi hijo lo cogieron también pero con síntomas leves. Lo pasaron mal los días que yo estaba en el hospital. Quien más ha sufrido ha sido mi mujer con esas noticias que le daban. Compañeros míos les hacían la compra en la cuarentena. Se han portado todos muy bien conmigo. Compañeros, conocidos, amigos... Con diez años que llevo aquí, ya soy muy conocido. Y también agradezco a los compañeros de toda España que se han solidarizado conmigo.

¿Y ha habido algún momento gratificante?

[Risas] El paseíllo que me hicieron cuando salí de la UCI aplaudiendo fue un momento muy entrañable. Y cuando salí del hospital y el recibimiento a la puerta de la comisaría fueron momentos emotivos. Con mi mujer, me ponían una tableta y hacíamos de vez en cuando una videoconferencia. Aunque inicialmente no podía hablar con el respirador. Luego ya poco a poco. No me canso de agradecer a la gente de la UCI, que me han tratado muy bien. Mi agradecimiento a sanitarios, compañeros, instituciones y gente de la calle. Me da miedo salir a Carretería. Tendré que contar otras dos mil veces mis penalidades. [Risas]

Tras salir del hospital, dijo que su trayectoria en la lucha contra el terrorismo de ETA o el yihadismo le ayudaron a ganar esta batalla.

Nuestra profesión nos hace ver en muchos casos el peor lado de la vida. He visto atentados y eso, en cierta medida, te endurece. Tampoco tenía dolor en el hospital y eso te da algo de optimismo. Uno de los capellanes iba y me daba conversación y, cuando estaba en planta, ya podían ir a verme los familiares. Todo eso me ayudó.

"Mi deseo es que llegue a buen puerto cualquiera de las vacunas y que se la pueda poner la mayor parte de la población"

Lleva diez años como comisario. ¿Cómo le ha tratado Cuenca?

Me han tratado muy bien desde las instituciones y a nivel personal. Me considero del terreno. Soy de Alcázar de San Juan y siempre digo que soy del final de la carretera… Me he sentido como en casa desde el primer momento y mi familia también y me he integrado bastante bien en la vida social. De todos los destinos que he tenido, quizás sea el mejor. Cuenca es muy tranquila, una de las ciudades con menos delincuencia y la gente es muy colaboradora con la Policía. Siempre recomiendo que, si ven algo raro, nos llamen. Más vale prevenir. Antes estuve destinado 18 años en Madrid. Llevo cuarenta en la Policía porque aprobé con 18 años y he trabajado en temas antiterroristas. Aquí el trato ha sido excelente. Y lo he visto con la Covid. Mucha gente se ha interesado. El teléfono no paraba de recibir llamadas y whatsapp. He ido respondiendo poco a poco porque estuve meses sin teléfono.

¿Cuáles son sus retos?

No hace mucho que ascendí a la categoría de comisario principal y teóricamente me tienen que dar otro destino. No es obligatorio pero cabe la posibilidad de que me manden a otro sitio. No tengo prisa por irme pero llevo diez años y no es normal estar tanto tiempo en un destino. Un reto es la nueva comisaría, que ha sido uno de mis empecinamientos. En teoría, las obras tienen que empezar a principios de año.

Un deseo.

Que llegue a buen puerto cualquiera de las vacunas y que se la pueda poner la mayor parte de la población.

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