19 de Abril de 2021 Son las 23:59

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La comprensión lectora, en riesgo

El investigador francés Roger Chartier advierte de que con el auge de la lectura digital, a través de pantallas, se tiende a una lectura más fragmentada de los libros y de que la hipertextualidad favorece la distracción

La comprensión lectora, en riesgo
Foto: Mario Gomez
22/11/2019 · Gorka Díez

Vivimos nuevos tiempos para la lectura. Con el auge de internet y de las nuevas tecnologías, probablemente leamos más que nunca, ya que lo hacemos de un modo casi continuado: cuando nos comunicamos por WhatsApp con algún amigo, cuando accedemos a la prensa digital, cuando adquirimos unas entradas para el teatro vía on-line o cuando nos descargamos un libro en formato PDF, por poner solo algunos ejemplos.

Una nueva realidad que favorece la alfabetización como a finales del siglo XV lo hizo la aparición de la imprenta. Pero, si analizamos detenidamente estos nuevos hábitos, surgen algunas preguntas: ¿Lo que leemos sirve para aumentar nuestros conocimientos y nuestro crecimiento personal y hacernos más libres? ¿Sabemos discernir la información errónea de la falsa, la cita de una autoridad competente de la de quien no lo es? ¿Comprendemos lo que leemos?

Sobre estas y otras cuestiones se debate y reflexiona estos días en la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de Cuenca en el marco del Congreso Internacional Sociedad y Cultura Letrada que organiza el Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (CEPLI) y que reúne, entre sus ponentes, a algunas de las figuras más relevantes del ámbito de la historia del libro y la lectura, la cultura y la alfabetización lectora y digital, como son los investigadores franceses Roger Chartier y Michèle Petit o el profesor de la Universidad de Bolonia Paolo Tinti, especialista en bibliotecas escolares.

Este jueves era el turno de Roger Chartier (Lyon, 1945), experto en la historia del libro y de la cultura escrita, que reconocía que vivimos unos momentos “complicados” respecto al aprendizaje a través de la lectura por la “coexistencia” del mundo digital, “con sus propias reglas y prácticas”, y el impreso, que en Europa sigue siendo el más demandado a la hora de la adquisición de libros tanto en librerías físicas como a través de internet.

Dos mundos que, advierte, “no son equivalentes”, ya que el libro es “un objeto material” vinculado exclusivamente a un “texto particular, lo que hace que exista una relación objeto-discurso” que le otorga “su propia identidad y lógica”, mientras que el libro digital, además de permitir no solo la lectura, sino también la escritura (lo que hace que una y otra “se contaminen”), es un objeto abierto a todo tipo de textos, algo que lleva a que los lectores de pantallas “extraigan fragmentos sin preocuparse de la totalidad de la obra de la que han sido extraídos”, obras donde “cada fragmento, capítulo o sentencia desempeña un papel, una diferencia fundamental que puede ser un peligro para su comprensión”.

En este sentido, Chartier advierte de que obras universales como Don Quijote o Madame Bovary fueron escritas pensadas para una forma de recepción que nada tiene que ver con las pantallas digitales, una realidad que supone “una ruptura esencial con todo el pasado de la cultura escrita” cuando “la forma material tiene consecuencias sobre la percepción”.

Hipertextualidad

Así, aunque con el auge de las redes sociales es posible que hoy en día se lea y escriba más que nunca (“inclusive para un juego electrónico hay que leer y escribir si el juego es compartido con varios jugadores”) este experto advierte del peligro de la hipertextualidad, entendida como la posibilidad que ofrece internet de que unos textos se conecten a otros textos, ya que el pasar “inmediatamente de un texto a otro por voluntad o por la propuesta de la pantalla” supone “una distracción o diseminación de la lectura opuesta a una forma más tradicional como era la focalización sobre una obra o partes de una obra entendida como tal”. Una transformación que admite que puede tener consecuencias favorables como la “multiplicación de las referencias” pero también otras peligrosas, como la dificultad de comprensión de los textos.

“fake news”

A ello hay que añadir la enorme variedad de textos de todo tipo (literarios, periodísticos, divulgativos) que circulan por internet, tanto veraces y de calidad como “inútiles, peligrosos”, como las llamadas “fake news” (noticias falsas), que pueden dar lugar a importantes manipulaciones de la sociedad si el lector no se enfrenta a ellas con un espíritu crítico, confrontándolas con otras informaciones. Para que esto no se produzca, Chartier considera imprescindible el papel de las escuelas, las bibliotecas, los medios de comunicación o las administraciones públicas, que tienen que “asegurar la pedagogía del uso del mundo digital y su inmediatez para que la gente aprenda a no caer en las trampas y engaños”.

Como conclusión, este historiador francés incide en la necesidad de leer no solo en un sentido “literal”, lo que equivale a, simplemente, leer las palabras de un texto, sino, también, en un sentido espacial, que es el que permite conectar ese texto con el mundo que nos rodea, la memoria, nuestro pasado y presente o nuestros sentimientos, para lo que se hace indispensable la reflexión y la atención. El resultado, asegura, es enriquecedor: “Es una lectura que permite comprender el mundo y dar sentido a las experiencias de la vida”.

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