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Agricultura

La lluvias dan un respiro al campo, que augura una brotación primaveral “estupenda”

Las borrascas recargan acuíferos y suelos, reducen riegos y enfermedades en viñedo y ajo y dejan solo daños puntuales, a excepción del olivar de la Alcarria
Foto: Javier Izquierdo
09/02/2026 - C.I.P.

Las sucesivas borrascas de enero y febrero han cambiado el pulso del campo en la provincia de Cuenca. Tras un otoño seco, el agua caída ha recargado acuíferos y suelos, ha asegurado reservas para la primavera y ha mejorado las perspectivas de cultivos. El balance general es positivo, aunque con efectos desiguales en las distintas comarcas.

El responsable de la sectorial del viñedo de Cooperativas Agroalimentarias Castilla-La Mancha y gerente de la cooperativa Manjavacas de Mota del Cuervo, Juan Fuente, destaca que la situación es “maravillosa” para el campo. Según explica, el agua está permitiendo recuperar reservas subterráneas y preparar el terreno de cara a la brotación primaveral, sin incidencias relevantes en las labores agrícolas. “Es lo que necesitamos, que llueva bien y sin episodios extremos”, señala.

Los más de 100 litros que han caído este mes en la comarca manchega mejoran el comportamiento de las parcelas de secano y favorecen notablemente todos los cultivos leñosos y hortícolas, especialmente el viñedo y el ajo. Ambos sectores no registran daños significativos y valora el episodio como “muy necesario”.

En esta comarca la campaña de almazara está prácticamente finalizada y “no hay ningún problema” asociado a la lluvia, incide Fuente.

En el viñedo, las precipitaciones están siendo intermitentes, lo que permite mantener las labores. Solo se registran retrasos puntuales en la poda, pero con margen suficiente de calendario.

El aporte hídrico, subraya, recarga el suelo y prepara la brotación primaveral, que  “va a ser estupenda”. Además, descarta riesgos por hongos en esta fase, ya que permanecen inactivos en invierno y la humedad beneficia al sistema radicular.

 

Ajo

En el cultivo del ajo, la valoración es aún más favorable.  Desde el sector productor describen el escenario como idóneo para este cultivo que en invierno requiere frío y agua, las dos variables que la planta necesita para enraizar antes de emerger. 

El ajo morado, de nascencia más lenta, está desarrollando un sistema radicular “potente”, mientras que el ajo temprano o spring, más precoz, ya ha salido con normalidad. 

La combinación de temperaturas bajas y suelo húmedo reduce la presión de enfermedades de suelo, especialmente hongos como el penicillium, habituales en inviernos templados. Con los patógenos en reposo, la planta gana vigor y homogeneidad.

El efecto económico es significativo. Con el tempero actual, un riego puede durar semanas, frente a los ciclos cortos de años secos. Así lo destaca Manuel Pulido, responsable de una empresa agraria dedicada a este cultivo. Según apunta “frente a campañas secas con más de una decena de riegos, este año podrían bastar cuatro o cinco, e incluso retrasar el primero hasta abril en el ajo morado”. Menos riegos implican menor consumo energético y reducción de costes.

Además, la humedad invernal tampoco anticipa un aumento significativo de tratamientos. La nascencia de malas hierbas también se ha ralentizado por el frío, lo que desplaza estas intervenciones. En parcelas con barro, los agricultores contemplan aplicaciones selectivas con drones para evitar el paso de maquinaria pesada y optimizar dosis.

Con este escenario, el sector ajero afronta la primavera con mejores expectativas de rendimiento y eficiencia. El agua caída, concluyen cooperativas y agricultores, no solo estabiliza la campaña, sino que reduce riesgos y gastos en cultivos estratégicos para la comarca.

 

 

 

El impacto más delicado se concentra en el olivar, especialmente en la Alcarria, donde se concentra el mayor volumnen de producción de la provincia.  En esta zona, tradicionalmente la recogida se prolonga durante enero, pero el temporal ha interrumpido las labores al no poder acceder a las parcelas encharcadas.

Además se ha producido una importante caída de fruto por las fuertes rachas de viento con pérdidas de calidad y merma de rendimiento. Según las previsiones que baraja la organización agraria ASAJA  se estiman pérdidas de un 50% de la cosecha.

Con todo, tanto desde ASAJA como UPA, destacan que  “Es una bendición que llueva. Hacía falta un temporal de estos. Las precipitaciones están siendo constantes y suaves, lo que favorece la infiltración".

De hecho, la humedad acumulada mejora las perspectivas para próximas campañas. “Vamos a tener reservas para el girasol y buenas condiciones para la siembra. El cereal de invierno ahora está de maravilla”, apunta desde Asaja Cuenca Gerardo González Bello.

Del mismo modo el presidente provincial de Upa, Salvador San Andres, destaca que “el agua es bienvenida” y que prácticamente toda se está aprovechando para rellenar acuíferos y manantiales. 

En conjunto, el sector interpreta este episodio de lluvias como una inyección de estabilidad. Con acuíferos recuperándose, suelos cargados de humedad y sin daños generalizados, el campo conquense encara la primavera con mejores bases agronómicas que en campañas anteriores. Las disitintas partes coinciden en que, tras varios años marcados por la sequía, la lluvia ha devuelto margen de maniobra a las explotaciones.


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