Una vez más
Lo sé. Al personal le cuesta oponerse a las nucleares. Le parece un mal menor, una prenda que hay que pagar por disponer de lavadora y Smart tv. ¿Qué ignora? Datos relevantes. Que el monopolio de las nucleares externaliza su mayor gasto: los residuos radiactivos; un problema costoso que persistirá durante no menos de 6000 años (la esfinge de Giza o Guiza, se construyó hace 4500 años; hagan cuentas, por favor). No se percata tampoco de que, si las tuberías de su casa se deterioran por el simple paso del agua de fregar y las heces, las de las centrales nucleares, que soportan radiaciones que difícilmente dominan los minerales más resistentes del planeta, como el zirconio, se ven a menudo sometidas a un estrés extra, digamos que turbador. Y un detalle anexo: a usted le obligan a contratar un seguro de coche por si atropella un gatito, pero a las centrales nucleares ninguna aseguradora les abre una póliza porque no habría dinero suficiente en caja para cubrir un desaguisado de su especie.
“Ya, oiga, pero es que, con este calor, crece el consumo energético y, como comprenderá, no podemos prescindir de ellas”. Así es, este verano la demanda diaria ha aumentado un 28 % en los días infernales. Sí, a lo mejor nadie se lo ha dicho, o no le han advertido de ello: estamos sufriendo ya los impactos imparables del cambio climático. Los orgunecios siguen negándolo bajo su sombrilla, o sus chorros de sudor. Creen que son ciclos, que, como todo lo malo en la vida, pasará. Por eso, para este ciclo, han vaciado los estantes de ventiladores y sistemas de aire acondicionado.
El Niño este año ha alcanzado máximos de los que no se tenían registros. Incendios ha habido siempre, es verdad, pero ahora queman también las casas de verano, las del pueblo y los chalets, y te hace pasar las vacaciones en un polideportivo reorganizando tu futuro y tu conciencia. Son ciclos. El Niño puede que altere los patrones climáticos de medio mundo y probablemente, unido a esa peculiar insistencia del Rubio por acabar con las guerras, suma al planeta en un incremento del coste de la vida extraordinario que se convierta en hambruna para cincuenta millones de personitas (ONU dixit).
Un dato que se ignora de las nucleares es que precisan de cursos de agua para su refrigeración.
Las de gas y las de carbón también. El Niño (son ciclos) ha convertido el Danubio en un peculiar museo de pecios, buques nazis y motocicletas. Su caudal excepcionalmente bajo también ha obligado a desconectar reactores de las centrales nucleares de Rumanía y Hungría. En Rumanía han llegado a volar con explosivos una enorme roca para que el río tenga caudal suficiente para refrigerar el reactor que da luz al 20% del país. Francia, durante la canícula de julio, no tuvo más remedio que prescindir del 43% de su capacidad nuclear por esta manía de las sequías cíclicas. En junio, cinco centrales de gas de Reino Unido tuvieron que reducir su producción. Y, en Polonia, el Vístula, que ha marcado su nivel más bajo en 70 años (son ciclos, no hay que preocuparse), obligó a reducir la marcha de las centrales de carbón de Kozienice y Połaniec. También la hidráulica se resiente, es natural. El impacto de la sequía en las cosechas, los sistemas energéticos y el comercio fluvial asciende ya a decenas de miles de millones de euros.
Curiosamente, la generación fotovoltaica responde bastante bien a este capricho del sol por atormentarnos. Da los máximos cuándo más a tope están en los hogares los sistemas de refrigeración. Resulta que las placas solares no son peligrosas, no hay riesgo de que exploten y maldigan para siempre una región, y no llenan la atmósfera de CO2. La generación solar en laUE llegó a los 52 TWh en junio y a los 55 TWh en julio; lo que significó el 25% del total de la generación eléctrica.
En este país, somos, no sé si lo saben, una potencia mundial en energía solar: cuartos en cuanto a proporción de energía solar integrada en el mix. Podemos ser líderes absolutos en Europa en esta materia como en su día lo fue Reino Unido con la industria del carbón durante la primera revolución industrial. Lo que significa, entre otras cosas, que llegará el día en que vendamos la energía a los que no puedan obtenerla por los aparentemente cómodos monopolios del gas, la nuclear y el carbón (por cierto, energías no renovables, que se agotan y no cesan de subir de precio). Justo este mes de agosto, ha arrancado un proyecto de interconexión eléctrica por el Golfo de Bizkaia que nos permitirá exportar hasta 5.000 Megavatios al resto de Europa.
Hasta las figuras más conspicuas de MAHA han sugerido a su amado dirigente en la Casa Blanca que considere la energía solar como una opción que fortalezca la red eléctrica y reduzca la contaminación tóxica del aire y del agua. «La energía solar estadounidense, compatible con los agricultores y ubicada de manera responsable, combinada con almacenamiento, merece ser considerada seriamente por cualquiera que desee energía asequible sin combustión, mercurio, hollín ni cenizas de carbón». Ay, Rubio, ¡el ganado se desbanda!
Puede sembrarse una colección pasmosa de fake news, de influencers mal informados, de científicos untados para decir barbaridades, que encuentra fértil suelo en mentes poco instruidas. Puede brotar psicosis, odio y confusión de esa cizaña. La realidad y sus hechos contrastados conducen a una verdad objetiva que, sancionada por una ciencia rigurosa, tarda más, o tarda menos, pero acaba por imponerse. Por un sencillo silogismo: lo que no funciona falla; lo que sirve permanece. La solar es renovable, eficiente y barata. Sí, digámoslo una vez más: nucleares no, gracias.