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Eduardo Soto
18/08/2026

¿Tiras la toalla, Pedro?

Llevo casi un año sin publicar un artículo. Me disculpen: he estado escribiendo un ensayo sobre los valores de la ciencia y los de la política que creo podré enseñarles en breve.

Ciertamente, la actualidad internacional ha proporcionado oportunidades golosas de volver a señalar la ineptitud del Rubio, y su enconado interés por enriquecerse, al tiempo que arrastra a su país a las más bajas cotas de popularidad democrática. Nada que no hubiese advertido en artículos anteriores: acabará en la cárcel, confío, una vez pierda las elecciones; y veremos una larga serie de Netflix (o Filmin) detallándonos sus despropósitos y canalladas; cabe también la posibilidad de que su país entre en recesión o en una muy bizarra guerra civil. No le doy más grasa.

Me preocupa Sánchez. Considero que no hemos tenido presidente más valiente, audaz e inteligente. El más práctico, el mejor negociador. Con buena cintura, dialéctica a prueba de mendaces, idioma suficiente para alzar una voz internacional que clama por la paz y da ejemplo de intrépida osadía enfrentándose al Rubio y al Netanyahu. He imaginado, a veces, la presión brutal que debe acogotarle desde todos los frentes siendo la némesis de esos cenutrios. Creo, incluso, que lo que le deben agredir desde los servicios secretos de aquellos psicópatas descerebrados lo han vacunado para las amenazas e insultos que recibe aquí de los muy nacionales opositores.

Parece lógico que arrecien las presiones (seguro que veremos cosas peores que el asalto a Ceuta). Sánchez se muestra incólume e incorruptible, elevando él solito la catadura moral de una Europa que agoniza bajo la presión derechizante de los herederos. La izquierda de medio mundo le mira con asombro. Es, a nivel mundial, el niño que sigue viendo desnudo al rey que se pasea ufano por la metrópoli decadente, al Calígula que pisotea el derecho internacional. Es el único que se niega a utilizar los trucos clásicos del tribalismo rancio: recurrir al nacionalismo y deshumanizar al que no es de los nuestros.

Por todo eso, creo que sumamos una masa crítica de personas racionales que, ante un futuro encuentro electoral, podemos sostener ese voto que una vez más detenga la voracidad de la derecha reaccionaria y privatizante. Estoy convencido de que los próximos meses se sucederán acontecimientos internacionales, naturales y políticos, fuera de lo común. No se nos escapa que estamos ante una deriva muy grave del clima (no inesperada; nosotros sí lo sabíamos) y en medio de una inclemencia económica que los propios capitalistas que la niegan la están abocando a un colapso imprevisible precisamente con esa su manía egoísta de conservar el viejo negocio de los combustibles fósiles.

Pienso que aquellos que han hecho los deberes renovables, y en nuestra tierra se han llevado a cabo con éxito económico y social, saldrán de ese vórtice de pérdidas como lo está haciendo China: reduciendo su huella de carbono y desenganchándose de la dependencia de la gasolina; mirando al futuro y no retrocediendo a un paradigma caduco, tóxico y enfrentista. La energía solar es la revolución social más relevante que verá este siglo XXI, a pesar, incluso, de los que hoy siguen sin darse cuenta de sus bondades. Su rentabilidad es imbatible.

Por todo ello me ha parecido muy desmoralizante ver a Pedro ampliar la prórroga para la Central Nuclear de Almaraz. A algunos les parecerá un gesto menor. A mí me suena a rendición, a final de ciclo, a tirar la toalla y buscarse un sillón para cuando lo hundan. No deberías Pedro. Roma no paga traidores. El que resiste vence. Lo has demostrado, y la razón teasiste. Conserva la política de apaciguamiento, la del diálogo por encima de la amenaza, la del desarme por encima de la agresión, la de buscar cooperación para un futuro en paz. Y, sobre todo, mantente en la sensatez del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. Cierra las nucleares: son un riesgo que te puede explotar en la cara (porque ten por seguro que serás tú una vez más el culpable), son residuos radiactivos y el gasto de su gestión para siempre, no son rentables, con sequía son inútiles (pregunta en Francia) y, lo peor, son ese pasado plomizo que llevas años queriendo superar.

Los meses que vienen te irán dando la razón. Si te arrojas ahora a las concesiones, me temo que te abandonará esa flor (de cuatro hojas) que has sostenido contra viento y marea. Las llamas de las mentiras rebasarán las conciencias de los racionales y tu perseverancia ejemplar quedará pulverizada por el desencanto. Si quieres conservar nuestro voto, no des un paso atrás. Ni para tomar impulso. ¡Dale!