Una vez más
Quienes andamos metidos en estos fregados del artículo o la columna opinativa sabemos, vaya si lo sabemos, que la mayor parte de las veces es más que escaso no ya el eco de lo que escribimos –que a veces pues miren, hasta alguno alcanza– sino sobre todo el poco caso que se suele conceder a esas propuestas de realización de acciones que, ingenuos supongo que somos, nos parecen, y por eso las proponemos para su consideración, de lo más lógico y razonable. Pero a más de eso, de ingenuos, también solemos ser tozudos y de cuando en cuando volvemos sobre lo dicho e insistimos. En mi caso, por ejemplo, de tanto en tanto vuelvo a ponerme ante el teclado del ordenador para volver a pedirle, una vez más, a nuestro capitalino Ayuntamiento –que como seguro que bien conocen la mayor parte de ustedes, ha decidido instalar hoy viernes en el Parque de Santa Ana una pantalla gigante para que podamos seguir en confraternizada tensión esperanzada el enfrentamiento de nuestros futboleros muchachos, la Roja, ya saben, con los también rojos diablos belgas– para tornar, digo a solicitar que las fuentes, las venerables y, qué demonios, estéticamente bellas fuentes de ese mismo acogedor verde recinto –el Vivero, que decimos– vuelvan a cumplir con su condición de tales, es decir vuelvan a ser, “obra de arquitectura hecha de fábrica, piedra, hierro, etc. que sirve para que salga el agua por uno o muchos caños dispuestos en ella”, que dicta el diccionario, en vez de los lacerantes testimonios actuales del no cumplimiento de su función. Mucho me temo sin embargo que la súplica vuelva a ser desoída ya que no veo que hayan sido nombradas entre aquellas que van a recibir atención en el anunciado Plan de Rehabilitación de Fuentes que sí contempla actuaciones por ejemplo en la monumental de la rotonda del ingeniero Ángel López o en las del Escardillo, del Puente de la Trinidad, del Sol, de Julián Romero, de San Nicolás, de Santo Domingo, la de la calle Tintes, la de la Fuensanta y la de San Fernando y prevé también reparaciones en las dos del Parque de San Julián, en la de Fátima, la del Abanico y la ubicada junto a la iglesia de San Román e incluso se ha dicho que el consistorio estudia asimismo intervenir quizá, dependiendo de la valoración de su avería, en la situada en la rotonda de Escultor Jamete, tan cerca, ¡ay!, de las que me temo volverán a ser olvidadas en el tan inmediato jardín en que se asientan desde su traslado a él desde el Jardinillo de la Trinidad donde tuvieran su primer acomodo. Señor alcalde y señoras y señores ediles, ¿tan difícil sería incluirlas en el susodicho plan para que sean adecentadas, que también por supuesto necesitan un algo de restauración de sus elementos escultóricos, y vuelva luego a manar por ellas el líquido elemento para cuya lúdica distribución fueron diseñadas? Por Dios, háganlo y con ello cállenme la boca para que no vuelva de nuevo, de aquí a nada, a rogar otra vez por ellas.