Traiciones e incoherencias
Tras haber debatido durante años y años sobre cuotas de refugiados, integración y solidaridad y a punto de que entre en vigor el denominado pacto europeo de migración y asilo que va a endurecer controles en frontera, acelerar determinados procedimientos de asilo, reforzar los mecanismos de retorno y establecer nuevas obligaciones de solidaridad entre sus Estados miembros, la Unión Europea, con el iniciado acuerdo político hacia la creación de “ centros de retorno” (léase, en realidad, campos de deportación) para migrantes ubicados fuera del territorio comunitario, en terceros países –ya se exploran acuerdos con países africanos y de otras regiones para su establecimiento a cambio de financiación, cooperación económica o facilidades de visado–, da otro paso más hacia la externalización de su política migratoria en un claro atentado contra los derechos humanos y avanza también con ello hacia la consumación de su traición a los valores que desde su fundación había afirmado siempre que sustentaban su ideario al aplicar unas lógicas de control inspiradas en modelos totalmente ajenos a su tradición de derechos y garantías jurídicas, trocando el proyecto de apertura y libre circulación que impulsó sus inicios por una arquitectura política centrada más y más en el control. Una traición –nuestro país, bendito sea por ello, va a la contra– desgraciado resultado, como bien ha recalcado la responsable de políticas de la Plataforma para la Cooperación Internacional para Inmigrantes Indocumentados Silvia Carta “de años de presión de fuerzas de extrema derecha que han tratado de capitalizar el miedo y la frustración social, pero también de partidos tradicionales que han decidido asumir esas narrativas en lugar de ofrecer una visión alternativa para una Europa acogedora y justa”. Una traición, sí, a esos sus tantas veces proclamados valores fundacionales, pero también, a la par, una incoherencia de tamaño mayúsculo con la más que probada absoluta necesidad de la migración para que la Unión pueda funcionar en estos momentos en que precisamente tanto necesita hacerlo con eficacia. Claro que si de incoherencias hablamos tampoco por estos nuestros hispanos lares, aparte de esa ya señalada postura gubernamental a favor de las recientes medidas de regularización si por un lado atentas a esos derechos humanos conscientes asimismo sus promotores de esa señalada necesidad económica de la inmigración, ahí están esos ya firmados acuerdos a nivel autonómico del Partido Popular con Vox –ya veremos qué pasa ahora en Andalucía– si por un lado aceptando la falacia de la “prioridad nacional”, por otro entregando al partido del señor Abascal, una fuerza política, como bien se sabe, redomadamente negacionista del cambio climático, el control o la influencia de precisamente, entre otros, asuntos relacionados con el medio ambiente. En fin, ya me dirán…