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Erre que erre

Nacida en la localidad de Miyakonojō, en la provincia japonesa de Miyazaki, con estudios de Bellas Artes realizados tanto en su nación de origen como en nuestro país en el que también cursó enseñanzas en la Escuela de Cerámica de La Moncloa, Keiko Mataki llegaba a Cuenca en 1984 para afincarse en ella con estancias y presencias alternantes en su tierra de origen. Desde esa fecha esta artista plástica –una creadora enormemente versátil, algo constable tanto en la variedad de sus enfoques expresivos como en la misma infinidad de soportes y técnicas de trabajo que utiliza, desde el papel o la obra gráfica a la madera, el cemento, la escayola o la utilización de objetos– ha formado parte de nuestro día a día plástico y cultural con un hacer que incluso ha sumado a sus trabajos como pintora e ilustradora la realización en nuestro mapa urbano del espacio de la plaza Taiyo en paralelo a otros diseñados para su tierra de origen como, por ejemplo, el puente Hokusen en su natal Miyakonojō, en un ir y venir entre nuestra tierra y Japón que la iba a convertir en una especie de personal puente vivo entre nuestra hispana cultura y la nipona; un papel que quedó significativamente plasmado en su designación como embajadora cultural de Cuenca en Tokio en febrero de 2016, el año en que precisamente nuestra ciudad conmemoraba el vigésimo aniversario de su designación por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, protagonizando una serie de actos y presentaciones tanto aquí como en Madrid, en Tokio y en la citada Miyakonojō. Esa labor la llevaba asimismo a ser declarada en 2024 Hija Adoptiva de Cuenca en resolución adoptada por unanimidad por el consistorio. Pues bueno, pues aquí, aquí sigue, entre nosotros, conquense ya por tanto de todas todas, erre que erre, regalándonos trabajos pictóricos o gráficos caracterizados por una potencia cromática muy particular que frecuentemente apuesta por colores ácidos, que se muestra alejada de la figuración aun cuando se inspire en ocasiones en elementos de la naturaleza y que se despliega más cerca de lo geométrico que de lo orgánico para encontrar en la abstracción la vía más adecuada para experimentar y crear; una obra que si bien ambivalea entre occidente y oriente, se cimenta a su vez en un sustrato de ambigüedad y enigma, equilibrio o armonía permanentemente presente. Pero además Keiko Mataki lo hace aumentando incluso su aquí estoy cultural más  allá de ese su hacer plástico, como acaba de demostrarnos con esa por ella promovida asociación cultural “Emtomasol” que busca acercar el arte a la ciudadanía a través de diferentes actividades y que acaba de hacer su presentación pública con esa exposición recién inaugurada en la Sala Iberia, una muestra colectiva que se pretende inicio de un proyecto que pretende tejer sendas de comunicación entre la creación contemporánea, los creadores y el público y que reúne trabajos –en un amplio abanico de disciplinas– de  María José Vieco, Perico Simón, David Plaza, Jesús Guijarro, Pilar García, Rosa Vera y ella misma. Démosle por todo ello las gracias y animémosla a proseguir en su empeño.