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05/11/2023

Sostenibilidad contra el cambio climático

En un momento tan desafiante como el que estamos viviendo a causa del cambio climático, cobran gran importancia prácticas ancestrales como la trashumancia de ganado, por muchas razones.  El primero es el carácter ecológico de la actividad. Si se llevan las reses a pie, en este caso a pata, se evita el uso de vehículos que dependen de los combustibles fósiles.  En segundo lugar, el ganado suelto en el campo no es sino una fuente de beneficios ambientales que muchas veces pasan desapercibidos para el gran público.  Al comer el pasto y ramonear en árboles y arbustos contribuyen a mejorar la salud de las especies vegetales, porque eliminan en muchos casos biomasa inútil que impide un crecimiento óptimo de la vegetación. También realizan sin querer tareas selvícolas que  hacen desparecer combustibles acumulados en el terreno, lo que supone una ayuda impagable para la prevención de incendios forestales.  Ya se ha ido acuñando en muchos pagos el curioso término de “ovejas y vacas bomberas”. Asimismo, en la lana y el pelo de ovejas, cabras, vacas y toros se suelen depositar pólenes de muchas plantas y árboles, lo que, al caer de lomos y extremidades, contribuye a extender los hábitats de muchas especies.

Hay otra labor que no por ser escatológica deja de ser significativa. Estos animales comen muchas semillas y, como todo ser vivo, excretan los alimentos ingeridos y extienden los excrementos por el terreno. En numerosísimas ocasiones, las heces contienen el germen de árboles, plantas y arbustos que encuentran nuevos espacios para crecer con espacio suficiente para hacerse grandes y fuertes. En otras palabras, sus desechos crean vida.  Y finalmente queda el aspecto, por así decirlo, romántico.  El ganadero trashumante mantiene ese halo aventurero de quien duerme al raso, al amor de una hoguera o en atávicos refugios que evocan el encanto casi perdido de la vida al aire libre, del contacto directo con la naturaleza salvaje.

Conscientes de estos aspectos que hemos comentado, y otros más técnicos, administraciones como la Junta de Comunidades o entidades supranacionales como la Unión Europea, a través de los llamados proyectos Life, se esfuerzan por mantener las cañadas trashumantes como lo que realmente son: rústicas autopistas de naturaleza viva, de tradición y de respeto por el medio natural. Casi nadie cuida el entorno como el ganadero trashumante, porque depende de él para que la fuente de su sustento tenga garantizada la alimentación y el cobijo en sus largas travesías.  Por eso se han rehabilitado abrevaderos y charcas y se han mejorado refugios y corrales en las rutas que llevan a los pastos invernales, todo para que el viejo oficio de la trashumancia no se pierda en la noche de los tiempos. Todo para que recordemos que todavía se puede caminar como en el pasado por campos y veredas alejados de la vorágine de un presente especializado en depredar lo natural.

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