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Pobre María de mi corazón

Se identifica con cierta claridad a los descendientes de aquellos asesinos que iniciaron y ganaron la Guerra Civil, no sólo por su comportamiento, sino por sus expresiones, y una de esas bravatas lingüísticas heredadas es NACIONALES. Siguen empleando el término, que ahora aplican indistintamente a todo español, cualquiera que sea su elección política. Por ejemplo, si hay que recurrir al médico, PRIMERO LOS NACIONALES, y si el servicio no da para más, los otros quedan fuera, ¡que Dios les asista!, y si sus hijos permanecen sin escolarizar, que les parta un rayo. Si pudieran, lo extenderían a ultratumba para los muertos que pretendan acceder el Cielo: primero, los NACIONALES, y luego, los demás, y el que no, que se vaya al Infierno, dicho con propiedad actualizada ¡que re-emigren!, en especial los MENAS. Al fin y al cabo, Dios es típicamente nacional por apropiación, aunque indebida.

Mi vida es un cúmulo de recuerdos variadísimos. Tantos, que ya he perdido la cuenta, pero tengo grabadas en la memoria bastantes experiencias, como el trato que los malditos NACIONALES daban a los millones de emigrantes que, con su trabajo, nos sacaron de la pobreza inmunda a que nos sometieron, justamente, los NACIONALES. No se me van de la memoria los términos despreciativos que empleaban para referirse a aquella pobre gente que enfilaba la frontera para salir de la miseria y autarquía franquista a que nos tiranizó el asesino bajito y gordinflón para evitar en lo posible todo contacto con la Europa democrática que acabó venciendo a las potencias y potenciejas del Eje NAZIFRANQUISTAMUSOLINIANO. Sus secuaces no necesitaban emigrar, porque gozaban de las sinecuras de la Victoria: oficinas masivas inoperantes de los sindicatos verticales, hacienda funcionarial inservible pero multitudinaria, obras públicas simbólicas ejecutadas por el esclavismo penitenciario rojo, como pantanos y mausoleos repugnantes adornados con el nauseabundo emblema del yugo y las flechas, etc., etc. ¡Ah!, y aquella numerosa Falange funcionarial, endespachada después de haber sido asesina, como bien deben recordar los extremeños honestos, y por supuesto, un ejército ideologizado que no servía para nada salvo para amedrentar, porque el régimen había aniquilado al enemigo democrático: más de 200.000 asesinados en los 10 años posteriores al triunfo del Alzamiento, en las cárceles y cientos de campos de concentración de una Dictadura criminal, horrenda y NACIONAL. Sus descendientes siguen priorizando el uso de la palabra que les caracteriza: NACIONALES, que vale para identificarles genéticamente: la llevan marcada en el reducido cerebro.

Aquella pobre gente que emigraba, por otra parte, no hacía más, que lo que hicieron millones de españoles de toda la vida y la Historia, porque España es el país que más emigración ha generado durante siglos en toda Europa. Ya había bolsas de españoles diseminadas por el Norte a mediados del siglo XIV, y bastantes de ellos, en sus naciones de destino, tuvieron que enfrentar el desprecio racista por ser españoles, lo he podido comprobar en mi propia persona. Y no se ha olvidado. Todavía hay bastante resquemor en esos países contra los negroides españoluzos, llamados hispanos en otras partes del mundo, como en USA, nación con la que poseo, ahora menos que antes pero todavía, fuertes lazos vitales, donde por cierto han empezado a apodarnos también OBESCALNOSEQUÉ, a modo de insulto probablemente merecido, y siempre es la misma ralea racista la que manifiesta su desprecio por el extranjero moreno y pobre, porque los racistas son la parte más despreciable de las naciones, incluida ESTA ESPAÑA NUESTRA, pues son la clase más inmunda y, efectivamente, más atrasada, escoriácea, basurera y venenosa de la Humanidad.

En efecto, el racismo está motivado por la limitación intelectual. He podido comprobar en un montonazo de países que relacionarse con seres de otra apariencia requiere una inteligencia que no todos los naturales poseen. El racista es siempre el más tarado, el más limitado, el más burro de la comunidad, y lo que es peor: por elección, por vagancia intelectual, por negación mental a enfrentarse a lo que desconoce, como al extranjero diferente, y los españoles deberían saberlo de sobra por pertenecer a un país emigrante por cultura y naturaleza. No es que padezcan ningún síndrome fisiológico de origen cromosómico involuntario: es que son incapaces por voluntad propia, y en consecuencia, se les debería aplicar la misma ley que se aplica a los colectivos afectados por ese tipo de limitaciones, como privarles del derecho al voto por insuficiencia intelectiva, y ahora, en lógica consecuencia, la buena de María Guardiola podría gobernar holgadamente para todos, sin concesiones vergonzantes, como prometió alegremente en los inicios de su mandato, y así, los ciudadanos de Extremadura, sean de la raza y color que sean, tendrían acceso a todos los servicios sociales, y a una vida digna, que a partir de ahora les pretenden impedir los descendientes de los mismos garrulos que sometieron a este desgraciado país a las penurias de la guerra, y en especial, de la interminable posguerra. QUE SU DIOS LOS VEA Y LOS JUZGUE, y a ser posible, sin piedad, como ellos mismo son y se comportan.