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Hantavirus

En entregas anteriores ya apuntábamos que no habría que preguntarse si habría más pandemias, sino que deberíamos preguntarnos cuándo vendría la siguiente.  Con el asunto de los cruceristas contagiados por hantavirus hemos tenido un claro ejemplo de esos nefastos vaticinios. Afortunadamente hasta la fecha no tenemos constancia de que este peligroso agente patógeno se haya propagado fuera de control, por lo que no podemos hablar de pandemia.  Pero si el operativo puesto en marcha por el Gobierno español bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud no se hubiera desarrollado con éxito las consecuencias podrían haber sido terribles porque nos hallamos ante un virus cuya mortalidad puede llegar al 35% de los infectados en la peor de sus expresiones.

Durante el transcurso de esta crisis hemos vuelto a asistir a posiciones políticas incomprensibles sostenidas por formaciones conservadoras. Desde Canarias, su presidente Fernando Clavijo ha lanzado acusaciones y argumentos que en unos casos han rozado el más grande de los ridículos y otros han podido calificarse como propias de una ignorancia supina. Resulta difícil entender cómo un dirigente puede en principio tratar de obstaculizar que una operación de este tipo se realice en un país con una Sanidad competente, como es el nuestro, y aconsejar que el crucero se dirigiera a Cabo Verde, una nación con un nivel de atención e investigación netamente inferior. Esa postura demuestra el cortoplacismo obstruccionista de algunos dirigentes conservadores, y de sus palmeros, quienes parecen obviar que si el hantavirus se propagase sin control por el mundo ellos mismos o sus allegados y paisanos podrían engrosar las listas de fallecidos.

Lo que hemos escuchado en palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso requiere un estudio más profundo, incluida una evaluación psiquiátrica. Ha llegado a insinuar que Pedro Sánchez ha pergeñado un montaje para salir beneficiado de la crisis, a la vez que expresaba su desconfianza en una operación que finalizaba en la capital de España. Entretanto ella se encontraba incomunicada de vacaciones en México tras una gira en la que ha acumulado uno de los ridículos más espantosos de la actual democracia. Por otra parte, ensalzaba las virtudes de la Sanidad madrileña, mientras los cruceristas españoles pasan su cuarentena en el Hospital Gómez Ulla, de titularidad estatal, porque su cacareado Zendal no ofrece las prestaciones contra pandemias para lo que fue construido. Los votantes de estos dirigentes autonómicos deben reflexionar sobre si han seguir apoyándoles, porque en muchas de las vicisitudes que estamos sufriendo demuestran claramente no estar a la altura que se exige para defender la seguridad ni calidad de vida de los ciudadanos.