Un inmenso universo creativo
De los logotipos de Correos, el Tesoro Público, el PSOE, Renfe, Endesa, el Cuerpo Nacional de Policía, El Mundo, Diario 16, Antena 3 o, por cuanto más de cerca territorialmente nos toca, de los de la en su día Feria Regional del Libro y la Lectura de Cuenca y el de la conmemoración de los veinte años de la declaración de nuestra capital provincial como Patrimonio de la Humanidad, a más de ser coautor con Santiago Amón del escudo y la bandera de la Comunidad de Madrid, a los carteles anunciadores –más de ochenta– de algunas de las películas más emblemáticas de nuestro cine, de “El espíritu de la colmena”, “Peppermint frappé”, “El sur” o “La escopeta nacional” a “Familia” o “Los lunes al sol”, pasando por ejemplo por el diseño de algún billete de cuando todavía pagábamos en pesetas o las coloristas cuarenta y dos cajas de cerillas de la serie Pop de Fósforos del Pirineo, el diseño hispano hubiera sido otro, muy otro, radicalmente otro, sin el ingente trabajo creativo de nuestro recién fallecido –el pasado sábado– paisano, el motillano José María Cruz Novillo, “el hombre que”, como rezaba el título del “Imprescindibles” que en 2019 le dedicara RTVE, “diseñó España”. Pero junto a ese inmenso legado José María Cruz Novillo fue también escultor, grabador y pintor como en ese mismo 2019 pudimos constatar por estos nuestros y suyos lares en la excelente exposición comisariada por Pedro Mombiendro en la Casa Zavala bajo el título de “60 años de arte y diseño”, al igual que en el año anterior habíamos tenido la oportunidad de acercarnos también a sus afiches cinematográficos en la muestra gestionada por el cine club Chaplin, en una continuada labor artística plasmada en una panoplia de realizaciones, de sus esculturas modulares –bien cerca tenemos en nuestra urbana realidad el potente helicoide en acero cortén que centra la rotonda del Ingeniero Ángel Pérez, la “del Brickoking” ,vaya, que hemos dicho siempre aunque ahora ya no se aboque a ella tal establecimiento–, en sus muñecas y muñecos o en sus propuestas geométricas en un hacer empleador del más amplio abanico de materiales, del metal a la tela, el papel o el cartón o, rizando el rizo de la modernidad y el atrevimiento, a la alianza de color, sonido y movimiento de ese su Diafragma Hexafónico –una obra, en su personal nomenclatura cronocromofónica, que tuvo su presentación-avance de gala al hilo de su entrada en 2009 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, nacida de la transmutación plástica de una transcripción para corno inglés de una pieza musical creada originalmente para piano, que ahí está todavía, viva y en una constante mutación que la convierte en la creación artística más grande del mundo ya que en principio acabará teniendo una duración de 3.392.732 años, 102 días, 4 horas, 48 minutos y 21 segundos; una creación cuyo estreno mundial se producía en la Feria ARCO Madrid el 17 de febrero de 2010 a las doce del mediodía teniendo como antecedente un ciclo de obras analógicas –lienzos, obras sobre papel, assemblages…desarrolladas con anterioridad en los 90: diafragmas tetrafónico, pentafónico, hexafónico, heptafónico y dodecafónico– que juega con las permutaciones con repetición de doce colores, doce sonidos y doce fragmentos de tiempo relacionados entre sí de todos los modos posibles lo que se decanta en realidad en casi nueve billones de obras únicas y distintas a lo largo de cerca de esos –ahí es nada– apuntados 34.000 siglos. Si eso, todo eso y lo que todavía cabría añadir, no fue gestar todo un universo, un inmenso universo creativo, ya me dirán ustedes qué fue y qué es, qué sigue siendo.