La España cerril
La derecha cerril sigue haciendo de las suyas, sumida en la Guerra Civil que aprendieron en casa, aunque ejercida en un contexto pretendidamente democrático, porque no queda otro remedio. España debe permanecer en el contexto europeo de libertad y variedad política; caso contrario, seríamos excluidos de la riqueza civilizada para vivir sumidos en la pobreza ignorante que nos caracterizó durante siglos de soledad bendecida, de explotación agraria y tiranía monárquica o militarista, cualquiera que fuera el signo de sus gobernantes. Pero en el fondo de nuestra naturaleza, la Guerra Civil sigue su curso, mantenida por una derechuna cafre, dueña y señora de casi todas las comunidades o reinos de taifas, enemistadas con el poder central de una izquierda que se debate a la defensiva, panza arriba, para evitar el regreso vengativo de labarbarie franquista que proyecta el regreso a la dictadura asesina de la que proceden, por derecho de conquista, pues estadísticamente son los hijos y nietos de aquellos asesinos que reventaron la democracia en el 36 y nos sometieron a la pesadilla fascista de la dictadura. Nadie espere que den su brazo a torcer en cuestiones tan esenciales como la vivienda, la Sanidad y Enseñanza, que deberían ser el tesoro a conservar para todos: ellos y nosotros, y no es porque desconozcan la necesidad de mantener activos y en funcionamiento permanente esos servicios esenciales de aplicación universal; es, sencillamente, que siguen en Guerra Civil obedeciendo la consigna de sus mayores, y todo lo que procede del enemigo, por justo e imprescindible que sea, debe ser combatido, condenado al fracaso. La inteligencia no les da para más que para hacer la puñeta, incluso a sí mismos.
Luego está la izquierda cerril, la que prefiere vivir cantando la caña en lugar de gobernar. Se da el caso de un fantoche izquierduno que, siendo ministro, dimitió para irse a vociferar en Internetey las tertulias televisivas, porque su intención al meterse en política no era transformar para bien la sociedad, sino ir de listo por la vida haciendo proclamas tontas que no valen nada. No es un caso aislado, son un montonazo, y hay que ver cómo largan; en cuanto les dan la palabra se disparan repitiendo sus peroratas recitativas a todo trapo, aprendidas en el cuarto de baño mientras defecan; pero si tienen la oportunidad de reforzar la izquierda electoral se rajan, porque prefieren vivir en un régimen tiranizado por la derecha cerril en el que van de listos y sueltan sus tonterías utópicas que no convencen a nadie, puesEspaña no está para revoluciones de un día para otro; sólo valen para eso: mascullar y mascullar, y luego mirarse al espejo y decirse “Hay que ver, lo listo que soy”, pero son incapaces de poner en práctica, con la paciencia y la constancia que requiere el progreso de los pueblos, sus políticas imposibles de aplicar en los plazos habituales del proceso electoral y democrático, porque el progreso no es, ni puede serlo, solución de un día para otro. Prefieren romper la unidad obligada de la Izquierda, absolutamente necesaria en un país en el que la derecha cerril suele contar con el voto de la mitad del pueblo, y a veces más, a la vista de sus estériles catilinarias de café. Nos vemos en la obligación de admitir que la derecha fue siempre más inteligente a la hora de alcanzar el poder, pues se rige por un principio incuestionable del proceso electoral: la militancia unida en torno a un objetivo simple y fácil de entender, que consiste en la posesión y derroche de los frutos del trabajo del pueblo, y si a fin de cuentas la cosa se pone imposible, por las armas. Por eso mismo han ganado siempre, y en buena medida, a causa de la ceporrez de la Izquierda desparramada. Los ejemplos históricos son numerosos.
Ese es el problema esencial de este país de locos y tontos. Y no, la alternativa no es el Centro. El Centro es una evasión cobarde de nuestras responsabilidades políticas y sociales, una forma de renunciar al compromiso de la igualdad, que sin la menor duda reside en el espíritu de la Izquierda, para allanar el camino a la derecha cerril que ha condenado a la Hispania Romanadurante siglos a la cárcel siniestra de la oscuridad frailuna y a la tiranía de una clase moralmente miserable pero convencida de alcanzar el Cielo, precisamente por ese principio establecido: por derecho de conquista.