Ventanas al pasado
No son sólo piedras y ruinas: son testimonio vivo de nuestra propia historia y por tanto de nuestra identidad colectiva, esa identidad forjada generación tras generación que late desde nuestro compartido pasado. Hablo de esos vestigios que la arqueología nos va descubriendo si unas veces en entornos hoy no directamente urbanos, en otros casos, muchos casos, en su existencia en nuestras mismas ciudades. Vestigios, ventanas al pasado, que la arqueología urbana nos pueden descubrir. Ventanas que nos permiten acceder al cómo hemos llegado a ser lo que somos. Vestigios cual los que hoy nos pueden interpelar, nos van a poder seguir interpelando, desde nuestro propio más cercano entorno, Cuenca, mediante esos trabajos de rehabilitación de la muralla que se van a acometer en la zona del Arco de Bezudo y sus aledaños espacios del foso y del área conocida como la Capilla Regia y con los que también se van a realizar en el derredor del Mirador de Florencio Cañas y en el tramo comprendido entre la Hoz del Huécar y la Puerta de Valencia; trabajos que una vez que se han firmado las correspondientes actas de replanteo parece ser que van a empezar, se nos ha dicho, en los próximos días con unas actuaciones que divididas en tres lotes tienen un presupuesto conjunto de 2,1 millones de euros en total y arrancarán de forma simultánea en todos los escenarios dado que el plazo de ejecución termina el 30 de junio, una fecha condicionada por su financiación con fondos europeos por lo que hay que instar a quienes desde sus respectivas instancias deben encargarse de llevarlas a cabo, que de todas, todas se cumpla. Porque de eso se trata, de a su través mantener un vínculo con nuestras raíces y de promover una conciencia sobre la herencia que nos une mediante la revelación y el conocimiento de su mensaje, ese mensaje sobre nosotros mismos que también se nos transmite, por cierto, desde esas charlas organizadas por el Museo de Cuenca en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, la Delegación de Educación, Cultura y Deportes y la Universidad de Castilla-La Mancha, aplauso para uno y otras, que se vienen llevando a cabo –ayer jueves mismo con la dedicada a la arqueología de época visigoda– enmarcadas en el ciclo “Después de Roma. La Tardoantigüedad en la provincia de Cuenca”, una etapa clave, por cierto, para entender la evolución de nuestro territorio. Unas charlas que en cierto modo cabría también inscribir en lo que ha venido a denominarse precisamente como arqueología, una disciplina cuya puesta en acción debe necesariamente englobar, como aspectos indispensables e inseparables, la investigación, la restauración y la difusión en un hacer que ha de ser lo más interdisciplinar posible y que posibilite –en una gestión no siempre fácil, desde luego, ya que implica a un conjunto diverso y heterogéneo de actividades– tanto la recuperación de esos vestigios de nuestra historia como su mejor protección y su puesta a disposición del conjunto de la sociedad; un hacer complejo pero imprescindible para que sepamos de dónde y cómo venimos y por tanto en gran medida quienes somos.