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Libros, muchos libros

Tras la jornada-aperitivo de la callejera celebración el 23 de su Día, los libros vuelven a sentar plaza esta semana en nuestro urbano ámbito capitalino con la casetera oferta de la plaza de España y la nutrida y varia oferta de su programa de actos paralelos en esta nueva convocatoria de “Cuenca Lee” que nos soltaba su aquí estoy inaugural el pasado martes y va a prolongar presencia entre y con nosotros todos hasta el domingo, con ese bien declarativo lema de sus últimas y por fortuna mantenidas ediciones que he tomado hoy prestado para encabezar este texto: libros, muchos libros. Heredera, cuarenta y siete años después de aquella primera Feria que, con el por entonces concejal de Cultura Pedro Cerrillo como principal impulsor, se estrenara en agosto de 1979, sin casetas propiamente dichas, tan sólo caballetes y tableros para los diez puestos instalados en la planta superior del Pabellón Polideportivo de El Sargal, pero con todo el entusiasmo y la ilusión del mundo, iba a iniciar una trayectoria –unas veces más boyante, otras más a la pata coja, con más o menos presupuesto y, como consecuencia, recursos, ora manifestación local, ora evento con ínfulas de regional, ora agónica, incluso dada por difunta cuando en 2013 nos dijera adiós por el foro para ser sin embargo y por fortuna recuperada en 2016– vuelve a ser, en estos días en que la gutembergniana tradición en papel convive, y a lo que parece con singular y competitivo éxito, con su también presente estar a través de los nuevos soportes tecnológicos o en la mismísima oferta online del universo de internet –y no hay porqué rechazar lo que simplemente amplía área, modos y usuarios de aprovechar su regalo– vuelve, está volviendo a ser punto de encuentro de mayores y pequeños en torno a la palabra, y con ello torna a ser, a continuar siendo, impagable motivo de gozo para quienes estamos convencidos de que la lectura es fuente irrenunciable de relación y conocimiento humanos cual señalaba el vocero del citado  23 Arturo García Blanco. Para quien tuvo, cual fue, cual es el caso, la fortuna y el honor de pregonar el inicio de su andadura –y perdónenme, por Dios, la nostálgica y un tanto egocentrista mención personal a la vista del porrón de fechas que uno acumula ya en su agenda– firmar hoy estas líneas celebratorias de su continuidad es uno de los mayores motivos de gozo que la vida me ha, déjenme que les diga, proporcionado como escritor, desde luego, pero sobre todo como empedernido lector, es decir, como afortunado ser humano.