El arraigo tontucio
El Papa norteamericano está demostrando ser un hombre de ley, pero de la ley de los hombres, muy diferente de la ley de Dios, que, a juzgar por sus hechos supuestos, no era especialmente partidario de la justicia y la clemencia; basta con leer el Viejo T. para constatarlo, en la más abyecta descripción del exterminio, la crueldad y la maldad racista ejercidas sobre niños, ancianos, hombres y mujeres de toda condición. Robert Francis Prevost, rebautizado León, hoy nos permite contemplar una Iglesia enfrentada a la barbarie, a la que hemos echado de menos durante siglos de connivencia con los poderosos de la Tierra. Hoy, el Santo Padre renuncia a su papel de semidios con capirote y se mezcla con la plebe, enfrentándose al poder tiránico de un capitoste sin escrúpulos, caracterizado por la insuficiencia mental y humana, y la avaricia desenfrenada del multirricacho usurpador de los recursos que su Dios sectario creó supuestamente para ser repartidos equitativamente, si atendemos a las consignas del Nuevo T.
Hoy, León el XIV nos ofrece una Iglesia liberada de sus componentes supersticiosos y milagreros, y de su pretensión de administrar en exclusiva la gracia divina. El supuesto representante de Dios en la Tierra ha regresado adonde le corresponde estar por naturaleza, predicando el amor verdadero y prescindiendo de los dogmas absurdos, esas herramientas de opresión mental resistentes al entendimiento humano, como la inmaculada concepción y la virginidad perpetua de María, típicas ensoñaciones de ginecología divina, y otras muchas de diversa índole, para encararse con desparpajo al ídolo tontucio de la derecha cerril, racista y NACIONAL; específicamente, al modelo fantoche de la derechuna con ARRAIGO, la que se inventa el imbécil certificado de ARRAIGO que da derecho a humillar al indigente, a negar su naturaleza humana, a menoscabar sus derechos, incluso en nombre de Dios, porque, estadísticamente, esos ARRAIGUEROS son gente devotuna, misacantana, arrodillera y rezadora de los domingos por la mañana, para dedicarse el resto de la semana a perseguir evadidos de la miseria asesina, humillarlos y re-emigrarlos sin piedad, olvidando esos mismos ARRAIGUEROS que descienden de generaciones tradicionalmente desplazadas y emigradoras, acostumbradas a la tortura vital de la pobreza, porque ese es el pasado reciente y lejano de todos los españoles, los tontucios y los que no lo somos, que en consecuencia ofrecemos nuestro obligado acogimiento a esa muchedumbre que el Dios ARRAIGUERO ha condenado a la miseria, el desamparo, la incertidumbre y la muerte, como antes hizo con nosotros durante siglos. Que su Dios les de su merecido, preferiblemente en esta vida, porque la otra es una hipótesis tontucia de imposible probatura.