La gota malaya
La gota malaya es el nombre que se dio a un método de tortura consistente en dejar caer, sobre el mismo punto del cráneo de una persona sujeta, una gota de agua desde una determinada altura y con una cadencia constante. El resultado es que en algunas semanas el cráneo termina taladrándose y la persona perece. Parece de una gran crueldad.
El recibo de la luz parece inspirado en ese método. Nos cae cada vez con más contundencia, regularmente y siempre en el mismo sitio: en el bolsillo y en la zona de la cabeza en la que alojamos aquello que nos resulta imposible entender. Desde 2012 más de un millón y medio de hogares no han podido soportarlo y han dejado de tener suministro. Muchos más están en riesgo y casi todos los demás seguimos sin entender nada de lo que está pasando. Por no entender no entendemos ni lo que pagamos ni por qué lo pagamos.
Lo cierto es que en ocho años la luz ha subido de precio en un 95%. España ha alcanzado así otro liderazgo: somos el país de la Unión Europea que más pagamos por la electricidad, que a su vez tiene un precio que es el doble del que se paga en EEUU.
Paralelamente bajaron los sueldos y subieron los impuestos.
Resultados: en España ha crecido la pobreza energética con una velocidad meteórica y el Gobierno se ha enfrentado a este tema como un principiante, dando bandazos y cometiendo errores que hemos pagado los ciudadanos.
Algunos ejemplos, sin ánimo de resultar exhaustivos.
1º. Suspendió la política de implantación de renovables, que había hecho a nuestro país líder mundial en cuota de producción y tecnología en eólicas y nos había situado entre los grandes en fotovoltaicas y termo-solares. Con la justificación de que debíamos reducir el déficit de tarifa cambió las reglas del juego suprimiendo las subvenciones pactadas. El efecto ha sido sumir a una industria puntera en investigación y desarrollo, con un gran potencial en la creación de empleo, en la incertidumbre y en la inseguridad jurídica. Las consecuencias no se han hecho esperar, las compañías dirigen sus negocios a otros países y los inversores que se sienten engañados llevan a España a las Cortes Internacionales demandando compensaciones. Auguramos que ganarán y pagaremos por ello… Los ciudadanos, claro y la “Marca España” claro.
2º. Suspenden el mecanismo de conformación del precio porque la subasta de Navidad les gastó una inocentada y lo sustituyen por otro de creación propia (indigerible hasta para los expertos) que no evita una nueva subida. Ha durado tres meses. Y nos anuncian que calcularon mal, que nos han cobrado más de la cuenta y que nos tienen que devolver unos 34 euros por abonado. ¡Glorioso!
El nuevo procedimiento anunciado sugiere que la luz cambiará de precio cada hora, incluso que podría cambiar cada minuto y que las variaciones se sabrán de un día para otro. Nosotros tendremos información personalizada cuando nos llegue el recibo.
Así, amigo lector, nosotros compraremos cada día un producto cuyo precio conoceremos semanas después cuando nos llegue la gota malaya en forma de recibo ininteligible.
Busquemos una comparación. Imaginen que compran unas chuletitas. Se las pesan. Se las llevan a casa, se las comen, las digieren y unos días después de haber tirado de la cadena del WC, le llega la factura y ese es el momento en que se entera de a qué precio pagó la carne.
¿Lo consideraría soportable?¿No pensaría que se vulnera alguna ley que protege los derechos de los consumidores?
¿Proteger?¿Pero quién piensa en eso en estos tiempos? Eso sí que es pretender vivir por encima de nuestras posibilidades. A los que hay que proteger es a los inversores de los negocios (decimos negocios no servicios) eléctricos y a las compañías tradicionales, a las de toda la vida, a las que producen con los viejos métodos, y no con modernidades de renovables ni gaitas. Ese es el mensaje que parece trasmitir la errática política del Gobierno.
Por cierto, si usted se pregunta cómo nos va a los castellano-manchegos en este tema le daremos un par de datos. Somos al comunidad en la que más ha aumentado el gasto en energía eléctrica de España y la tercera en la que más hogares hay con dificultades para alcanzar la temperatura adecuada en el hogar.
Queda dicho.