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Avanzar

Cada 8 de marzo las instituciones, asociaciones y colectivos sociales vuelven a poner el foco en la igualdad entre mujeres y hombres. En Cuenca, este año la conmemoración llega acompañada de más de un centenar de actividades repartidas por toda la provincia. Jornadas, exposiciones, debates y actos institucionales que invitan a reflexionar sobre una realidad evidente: se ha avanzado mucho en las últimas décadas, pero el camino hacia la igualdad plena aún no está terminado.

Y es que, mirar atrás permite entender mejor esos avances. El trigésimo aniversario del Centro de la Mujer de Tarancón es una buena muestra de ello. Cuando abrió sus puertas en 1996 lo hizo de forma modesta, en una pequeña habitación de un piso municipal y con apenas dos profesionales. Hoy es un servicio consolidado que atiende a mujeres de más de una veintena de municipios y ofrece asesoramiento jurídico, apoyo psicológico, orientación laboral y acompañamiento social. El crecimiento del recurso refleja también la evolución de una sociedad que, poco a poco, ha ido reconociendo la necesidad de ofrecer herramientas para que las mujeres puedan afrontar situaciones de desigualdad o vulnerabilidad.

Pero los cambios no se perciben solo en los servicios de atención o en las políticas públicas. También se observan en ámbitos profesionales que durante décadas estuvieron prácticamente reservados a los hombres. Las historias de mujeres que hoy trabajan con uniforme en cuerpos de seguridad, en servicios de emergencias o en las empresas de autobús ilustran bien esa transformación.

Policías locales, agentes de la Policía Nacional o bomberas forestales forman parte de una realidad cada vez más visible. Profesiones asociadas al riesgo, a la intervención directa o a la fuerza física que durante mucho tiempo se consideraron territorios masculinos. Sin embargo, cada vez son más las mujeres que desarrollan su carrera en estos ámbitos, aportando nuevas perspectivas y normalizando una presencia que hace apenas unas décadas era minoritaria.

Además, si añadimos los testimonios de las conductoras de autobús, muestran también cómo han cambiado las mentalidades de la sociedad. En muchos casos recuerdan que cuando comenzaron apenas había unas pocas mujeres en sus plantillas. Hoy el número crece y su presencia se percibe con mayor naturalidad. Aun así, reconocen que en ocasiones todavía es necesario demostrar la misma capacidad profesional que a los hombres se les presupone de forma automática.

Ese doble mensaje resume bien el sentido del 8 de marzo. Por un lado, permite reconocer el trabajo de quienes abrieron camino y conquistaron derechos que hoy parecen evidentes. Por otro, recuerda que aún existen desigualdades que requieren atención: brechas salariales, dificultades de conciliación o la persistencia de la violencia machista. Por eso el 8M no es solo una jornada de reivindicación, sino también un recordatorio de que la igualdad se construye paso a paso, con políticas públicas, con educación y con referentes visibles.

Quizá dentro de unos años las jóvenes miren atrás y les sorprenda que hubo un tiempo en el que era necesario reivindicar cuestiones que hoy deberían ser incuestionables. Si eso ocurre, significará que el camino que hoy seguimos recorriendo habrá merecido la pena.