Abierto
Soy de esas personas que, por necesidades fisiológicas, frecuenta el baño; y, a menudo, con inusitada urgencia. Por eso siento cierta indignación cuando veo anunciar, como una medida maravillosa, que los aseos de la Plaza Mayor y el Parque de San Julián permanecerán abiertos durante la Semana Santa. Para mí, la noticia, y no positiva, es que permanezcan cerrados el resto del año. Las ciudades deberían ser lugares transitables y habitables; y eso no consiste solo en peatonalizar, con mayor o menor acierto, calles, hacer carriles bici o poner zonas de estacionamiento regulado; se necesita poder hacer las cosas más básicas, como ir al baño o dar un trago de agua en plena ola de calor. A veces nos planteamos obras faraónicas para cambiar una ciudad que luego, realmente, aportan poco a la vida cotidiana; olvidándonos de cosas básicas y pequeñas que nos podrían hacer la vida más sencilla. Abrir los diferentes baños públicos que hay por la ciudad no debería ser un lujo, sino un básico. Y, puestos a pedir, sería lo más normal del mundo que la ciudad dispusiese de urinarios situados estratégicamente para cubrir las necesidades en cualquier punto de nuestro mapa, así como puntos de acceso a agua. Y no hablo de baños portátiles, que valen para parchear una urgencia; hablo de hacer ciudad, una ciudad que pase de ser habitable a acogedora.