Celebrar sin olvidar
El genocidio sigue, aunque estés de fiesta”. Traemos a esta sección uno de los lemas de la vigilia que el jueves por la noche tuvo lugar en la calle Carretería de la capital. La plataforma Cuenca con Palestina ha querido con este acto refrescar la memoria colectiva sobre la tragedia que se vive en esa parte del mundo, castigada desde hace décadas por la vorágine expansionista de Israel e incentivada por unos ataques que desde octubre de 2023 han asesinado a más de 62.000 palestinos. Y estos conquenses lo han hecho en silencio y con velas encendidas la misma noche que comenzaban la Feria y Fiestas de San Julián 2025 para reivindicar que la alegría de los festejos no nos haga borrar la vergüenza colectiva y el dolor por una tragedia que se está produciendo ante la indiferencia de buena parte del “mundo civilizado”. Desde los medios de comunicación debemos denunciar también que, según cifras de la ONU, desde el inicio de la actual ofensiva israelí han sido asesinados 242 periodistas palestinos. Es evidente que Netanyahu y sus acólitos no quieren testigos, aunque ya haya suficientes ejemplos de la barbarie que están desplegando.
Quienes denigran el genocidio en Palestina están ya hartos de que se les acuse de antisemitas. Denunciar un genocidio no es ejercer racismo o xenofobia contra quienes lo ejecutan, es una cuestión de justicia y de sensibilidad. En este sentido hay que establecer una clara diferencia entre lo que es el judaísmo y lo que es el sionismo. Ambos son dos conceptos distintos. El judaísmo es una religión y una cultura mientras que el semitismo es un movimiento político que desde la fundación del Estado de Israel ha presionado a los países vecinos para buscar su expansión y eliminar obstáculos, especialmente en Palestina. Ser sionista es una posición política, ser judío es otra cosa. Tal y como estamos viendo estos últimos meses, y como nos refleja la historia reciente en Oriente Medio, ser anti sionista no resulta tan descabellado, sobre todo si tenemos en cuenta que hay anti sionistas en el propio territorio israelí y en muchas partes del mundo.
No es nuestra intención empañar las celebraciones que mucha gente está disfrutando en la capital y en numerosos pueblos de la provincia. Sólo pretendemos que no se olvide el conflicto y que dejemos hueco en nuestra memoria para esa gente que lucha por sobrevivir en uno de los entornos más hostiles del mundo en estos momentos. Entre músicas, conciertos, actividades lúdicas de todo tipo y atracciones de feria dediquemos unos minutos a reflexionar sobre por qué hay salvajes que disparan contra multitudes desarmadas que acuden a lugares de entrega de comida que se convierten en trampas mortales. O sobre qué motivos pueden mover a un ejército a asesinar niños con le excusa de ser considerados terroristas. O cuáles son las razones de que muchos países sigan vendiendo armas y manteniendo relaciones comerciales y de otra índole con una nación que despliega todas las características que definen los actos de limpieza étnica y que niega a sus enemigos lo más básico para que puedan sobrevivir. Disfrutemos de la fiesta, pero guardemos en nuestra mente y en el corazón que lo que está ocurriendo en Palestina tiene que terminar y nunca jamás se debe repetir.