20 de Noviembre de 2019 Son las 5:03

Opinión

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Especial Semana Santa 2019
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Julio Magdalena Calvo

El alcalde y los bandoleros

Espero que el título no les haya llevado a engaño, pensando que se trata de un tema general de corrupción urbanística entre ediles disponibles y constructores dispuestos a tal fin, aprovechando la emisión del documental que sobre Jesús Gil y Gil en la plataforma HBO. Siento defraudar a quiénes lo hayan interpretado de tal suerte, porque en el presente artículo solo me voy a referir a la relación existente entre un autor, el alcalde de la Guardia (Toledo) y su libro “Bandoleros”. En un futuro, ya veremos.

A mí siempre me han gustado las historias de bandoleros, piratas y grupos por un estilo en su vertiente aventurera y romántica; unos tipos (y alguna tipa) cuya vida pende de un hilo y se lo pasan de película (nunca mejor dicho) en un sinfín de acciones arriesgadas y, por supuesto, con una finalidad generosa y altruista, ya que lejos de parecer lo que realmente son, se disfrazan de valientes luchadores contra el poder opresor y los secuaces que lo sustentan, redistribuyendo entre los desfavorecidos las riquezas que arrebatan a los que se habían enriquecido abusando, avasallando y humillando hasta lo inimaginable al pueblo llano, con premeditación, alevosía y no digo con nocturnidad porque cualquier hora del día y de la noche le era indiferente al cacique explotador en su inhumano proceder.

Es lo que tienen las leyendas, que tomando como base un hecho real o ficticio que se transmite de forma oral, se adorna con elementos fantásticos o maravillosos que se incrementan según las veces que se vayan contando, pues al igual que las mentiras, en cada ocasión que se vuelvan a comentar han de agrandar el su contenido, porque de tanto repetirlo se queda va quedando pequeño. En el caso típico de los bandoleros, en su mayoría villanos que se convierten en héroes gracias al folclore popular.

Centrándome en el libro aludido, he de decirles que no le falta absolutamente de nada en una novela de aventuras. Partiendo de la obligada huida del protagonista Juan Manzanares por un lance de amor en un arrebato de celos (vamos, que se carga a uno que se quería beneficiar a María, su pretendida), se viven episodios llenos de contiendas entre buenos y malos y entre malos y más malos, rezumantes de encuentros a tiros, navajazos y bastonazos, pero también de sentimientos y emociones, con exaltación de la lealtad y el compañerismo y, por supuesto, del amor.

Es, además, un novela de trama, donde se van entremezclando los personajes que van apareciendo en el desarrollo de la trama en torno al protagonista y del vicario de la Estepa, porque para mayor desgracia del bandolero, el rival en sus amoríos era sobrino del eclesiástico del lugar y esos antes no se andaban con chiquitas, no como ahora. Es perseguido también por las fuerzas de seguridad de la época por los cuadrilleros de la Santa Hermandad, los llamados mangas verdes por el color de su vestimenta, quienes y se encargaban de detener y encarcelar a los malhechores, y que habitualmente llegaban tarde, cuando los ladrones ya se habían dado la fuga. De ahí la expresión tan comúnmente utilizada de: ¡A buenas horas, mangas verdes!

En resumen, les recomiendo este libro cuyo trepidante contenido me ha proporcionado unos ratos de placentera lectura, por su amenidad, su documentada descripción de lugares, personas y acontecimientos históricos, y su acertada descripción de los sentimientos y motivaciones que albergaban cada uno de los personajes de ficción que van apareciendo, hasta que al final pasa lo que pasa. Lo siento pero no quiero hacer spoiler y revelarles el interesante desenlace.

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