15 de Agosto de 2022 Son las 0:08

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"Ser panadero es duro y sacrificado pero muy bonito a la vez"

Fernando Delgado Ortega, el panadero más veterano de La Golondrina, se jubila tras 48 años de profesión con la esperanza de que alguien joven ocupe su puesto para hacer frente a la falta de relevo generacional

"Ser panadero es duro y sacrificado pero muy bonito a la vez"
Fotos: Saúl García
17/7/2022 · Paula Montero

Ha dedicado toda su vida a la panadería y después de casi medio siglo con las manos en la masa, esta misma semana horneó su último pan. Y es que, Fernando Delgado Ortega (Cuenca, 1960), el panadero más veterano de La Golondrina, quiere descansar, pasar tiempo con la familia, disfrutar de sus nietos todo lo posible y quedar con sus amigos sin tener que mirar el reloj preocupado. Para conseguirlo, ha decidido jubilarse a los 62 años y poner así punto y final a años y años de trabajo.

Comienza una nueva etapa pero atrás deja 48 años de oficio. Eso sí,  todavía no le ha dado tiempo a asimilar que, a partir de esta semana, nunca más volverá a trajinar en La Golondrina, el obrador tan conocido de la capital conquense en el que deja un vacío que ojalá ocupe sangre joven para hacer frente a la falta de relevo generacional. “Este es un trabajo duro y sacrificado pero muy bonito a la vez. Da para vivir bien y animo a todos los jóvenes a, por lo menos, acercarse a conocerlo de primera mano para, en el mejor de los casos, emprender un nuevo negocio en Cuenca o en la provincia”, asegura Fernando.

Empezó en esta profesión a los catorce años tras probar antes la experiencia de ser pinche de cocina en un restaurante, un trabajo que tal y como explica, “no me convenció demasiado” y es por este motivo que decidió cambiar “cuanto antes” los fogones por la amasadora y el horno de pan.

Ahora, al echar la vista atrás y  recordar sus inicios dice sentirse “muy satisfecho y contento con el trabajo que he hecho siempre” porque desde el primer minuto como aprendiz le gustó mucho este mundo y se ha sentido a gusto trabajando entre harinas toda la vida. “Es una profesión que tiene sus pros y sus contras. Te levantas muy temprano y trabajas en días festivos cuando todo el mundo está descansando pero la gente agradece tu trabajo y valora la calidad del producto artesano que elaboramos cada día”, comenta.

Eso sí, desde que Fernando empezó a trabajar en panadería, ésta ha cambiado “mucho” a su juicio porque “antes se trabajaba con más tranquilidad” y ahora todo son prisas porque los clientes quieren el pan “muy temprano”.  Por ello, para que esté listo a primera hora de la mañana, “el panadero comienza a trabajar a las doce de la noche y termina su jornada sobre las ocho o nueve de la mañana”, dice.

Un horario muy sacrificado porque “apenas duermes por la noche y cuando llegas a casa después de estar trabajando toda la madrugada consigues dormirte a ratos y no descansas igual de bien, eso el cuerpo lo acaba notando”, comenta Fernando.

Sin embargo, la clave para hacer un buen pan está en los ingredientes que se utilizan, en las materias primas de calidad seleccionadas, aunque no menos importante es “darle cariño y hacer con gusto tu trabajo porque eso, al final, el cliente lo nota”, apostilla.

Además, cada vez son más los ciudadanos que apuestan por comprar el pan y los productos de panadería en general en grandes superficies y supermercados en los que “las barras suelen estar congeladas y después cocidas por lo que tienen menos calidad pero, sí es cierto que son más baratas y la gente busca eso, ahorrar”, relata. Si bien, como buena voz de la experiencia anima a todo el mundo a consumir pan artesano ya no solo porque es de mayor calidad sino para ayudar a que los pequeños obradores y comercios no desaparezcan.

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