“Nadie te espera”: cuando emigrar es empezar de cero
Una embarcación de madera se adentra en el Atlántico. A bordo, Malik, un joven senegalés, deja atrás su país rumbo a Canarias. No sabe exactamente qué encontrará al llegar, pero sí lo que abandona. El viaje transcurre entre el miedo, el hambre, el cansancio y la incertidumbre de quienes ponen su vida en manos de un cayuco. Cuando finalmente alcanza España, comienza otra travesía: la de aprender a vivir en un lugar desconocido, encontrar un espacio propio y enfrentarse a las miradas de quienes todavía le consideran un extraño.
Esa es la historia que cuenta Nadie te espera, la novela corta de José Rolanía. Malik no existe, al menos no como una persona concreta. Su historia, sin embargo, está hecha de muchas historias reales. Durante años, su autor ha escuchado en primera persona los relatos de quienes llegan a las fronteras europeas. Y de esas conversaciones nació la necesidad de convertir algunas de esas experiencias en literatura.
MUCHO MÁS QUE CIFRAS
Rolanía, conquense de nacimiento, trabaja desde 2020 para una agencia de la Unión Europea relacionada con la inmigración. Su labor le ha llevado por distintos puntos del continente para una labor concreta:“Siempre tengo que entrevistarles, me cuentan su travesía y por dónde han pasado”, explica. Después llegan otras preguntas: “cómo están, las penalidades que han pasado durante el camino” y si quieren solicitar asilo.
Es un trabajo en el que la burocracia y la dimensión humana conviven inevitablemente. Rolanía no trabaja para una ONG, sino para un organismo oficial europeo, bajo “los más altos estándares de calidad de los derechos humanos”. Pero detrás de cada expediente hay una persona y, en ocasiones, una historia difícil de escuchar.
Su recorrido hasta ese puesto comenzó en Cuenca, donde vivió hasta los 24 años. Después pasó nueve años en el Ejército, estudió árabe y trabajó como intérprete en Irak. Desde entonces, su trabajo le ha permitido conocer de cerca distintas realidades migratorias.
Ha pasado por Macedonia del Norte, Italia, Grecia y Letonia. Desde junio de 2025 está destinado en Albania, donde espera permanecer al menos un año más. Cada destino cambia también los rostros y las nacionalidades de las personas a las que entrevista. En Italia conoció a numerosos ciudadanos tunecinos y personas procedentes de países africanos como Mali. En Albania predominan migrantes asiáticos, especialmente de Pakistán y Afganistán, aunque también ha entrevistado a ciudadanos de China, Nepal, Bangladesh o India.
Recuerda “familias, niños pequeños, mujeres solas”, personas diferentes entre sí, pero unidas por una misma búsqueda de seguridad y oportunidades.
ENCONTRAR UN HOGAR
La distancia profesional resulta difícil de mantener cuando las historias dejan de ser cifras, pues prevalece la sensación de impotencia al saber que solo les espera un futuro incierto.
En esos encuentros también aparece una aspiración mucho más sencilla que va más allá de las conclusiones a las que se llega en los debates sobre migración: “Ellos quieren, como cualquier persona, estar tranquilos y ganarse la vida y ya está”, apunta Rolanía.
Esa mirada está en el origen de Nadie te espera. Malik representa a muchas de las personas que Rolanía ha conocido durante sus misiones. Su viaje comienza en Senegal y termina en Canarias, pero la novela no se detiene en la llegada. También habla de lo que viene después: la adaptación, la discriminación y la necesidad de encontrar un lugar en la sociedad de acogida.
“Al final eres una persona, seas inmigrante o no, y siempre quieres encajar en tu entorno”, afirma. En esa “lucha por encajar, la lucha por ser uno más” encuentra Rolanía uno de los ejes de su novela.
Precisamente por eso quiso escribirla y darles nombre a los que, desgraciadamente, siempre son protagonitas de estas historias: ”Me gustaría que la gente no vea que son solo una noticia aislada en la televisión, sino que hay seres humanos detrás”.
A PUNTA DE PLUMA
La deshumanización, considera, es uno de los principales problemas que arrastra la sociedad, pues genera estereotipos dañinos que separa más a la población. “Apenas tenemos una dimensión completa de lo que ocurre en la vida de esas personas, porque solo se habla de nñumeros en medios como la televisión”. Por ello, ha encontrado en la literatura una vía para poner en orden lo que ha podido descubrir en su trabajo y combatir esa lacra. “A mí lo que me gusta escribir son historias reales”, reconoce.
Ahora Rolanía ya piensa en nuevos relatos, influido por autores como Raymond Carver y Haruki Murakami. Seguirá haciendo preguntas y escuchando las historias que llegan a las fronteras europeas. Y quizá algunas de ellas, como las que dieron forma a Malik, terminen convertidas en literatura.
Porque una frontera deja de ser una línea sobre un mapa cuando al otro lado hay alguien contando su viaje, hablando de quienes quedaron atrás o preguntando qué será de su vida. Y, para Rolanía, esa es precisamente la cuestión que no debería perderse nunca de vista: “No son solo números, son personas como cualquier otra”.