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“Según cómo reacciona el público, la función va hacia un lado u otro”

El humorista Edu Soto actúa este sábado 10 de octubre en el Teatro Auditorio de Cuenca con un espectáculo que combina monólogos, comedia musical, improvisación e interacción con el público
“Según cómo reacciona el público, la función va hacia un lado u otro”
10/10/2026 - Eduardo M. Crespo

Edu Soto ha encontrado en el escenario un espacio para reunir sus distintas facetas y dejarse llevar por lo que sucede en cada función. El 10 de octubre llega al Teatro Auditorio José Luis Perales de Cuenca con ‘Más vale solo que ciento volando Revolution’, la nueva evolución de un espectáculo que ha ido creciendo con los años y en el que la improvisación y el público marcan el rumbo de cada función. En esta entrevista con Las Noticias de Cuenca, Edu Soto habla de esa improvisación, de las etiquetas que habitualmente acompañan a los artistas y de su deseo de sorprender a los conquenses.

¿Qué se va a encontrar el espectador en el Teatro Auditorio de Cuenca?

Un espectáculo muy a medida, muy hecho para mis necesidades. Dentro de todo eso entra el rigor de una estructura cómica hecha por y para la comedia, pero luego hay muchísima improvisación y mucho contacto con el público. Es una función muy especial porque, dependiendo de cómo el público va reaccionando, el show deriva hacia un lado o hacia otro. La estructura siempre es la misma, eso sí, pero el resultado suele variar bastante y sorprende.

Lo presentas como un show impredecible. ¿Cuánto decides sobre la marcha y cuánto llevas preparado?

El show en realidad nace de improvisaciones. Imagínate lo impredecible que pudo llegar a ser en su momento. Ha ido cogiendo forma dependiendo de las cosas que iban funcionando por el camino. Es un espectáculo muy vivo: de repente alargo aquí o acorto allá. Constantemente va cambiando de forma. Yo sé lo que va a suceder,  claro, pero me dejo llevar bastante por el espectador que llega tarde, por el que tose, por el que se queja o por el que se ríe de una forma muy espontánea y extravagante.

Hay partes del espectáculo, por ejemplo el inicio, que son muy abiertas. Ese bloque en concreto  va a durar un mínimo de diez minutos, pero puede llegar a durar media hora. A veces el técnico me dice que había pasado media hora y aún no había empezado. Yo tengo marcado en mi cabeza que el espectáculo dure una hora y cuarenta y no pase de ahí, pero muchas veces se me va de forma totalmente incontrolada y el espectáculo llega a las dos horas.

¿Necesitas percibir algo especial en el público para empezar a soltarte?

Tenemos un termómetro bastante afinado los que nos dedicamos a esto. En muy poco tiempo empiezas a ver cómo es ese público, el por qué actúa de forma unánime: es una masa. Di con una manera de arrancar el espectáculo que parte de la posibilidad de la inapetencia, y no solo la del público, sino la mía también. No nos olvidemos de que a veces no apetece ir a trabajar.

El inicio es muy bueno para encender la mecha. No me suele fallar. Aunque la gente venga un poco dormida, es una performance para que se deje de tonterías. Hemos venido a reírnos y hay que ponerle actitud, tanto yo como ustedes.

¿Qué le dirías a quien quiere ir a verte, pero teme que lo saques al escenario?

Que no se preocupe lo más mínimo, que yo no quiero putear a nadie ni mucho menos. El que sube normalmente es una persona que ya veo desde hace rato que está participativa. La gente que veo muy azorada, que paso por al lado y está mirando al frente con la gotita de sudor en la frente… No suelo ser cruel (ríe). Que la gente no se preocupe por eso.

Se te califica en ocasiones como un artista inclasificable. ¿Has sentido que tenías que elegir entre actor, humorista o músico?

No me describo porque hay muchos aspectos y disciplinas en los que me siento cómodo, pero la gente parece que necesita meterte en un cajón y yo no lo veo así. Es un problema que tenemos muchísimos artistas: el que hace de gracioso tiene que ser gracioso; el que hace de malo, malo; la guapa, guapa; y el feo, feo.

Yo me he atrevido a hacer muchas cosas que podría no haberme atrevido a hacer. Siempre digo que sí a todo porque creo que es muy bonito abrirse puertas. He tenido mis crisis televisivas, en las que a lo mejor no he salido tanto, y no he parado de hacer teatro. O de repente te sale una película. Hoy en día hay que abrirse a todo lo que se pueda. Es abrirte al trabajo y nada más.

¿Qué tiene el directo que no te dan la televisión o el cine?

Sobre todo tiene una continuidad. En la televisión y el cine grabas muchas cosas que luego no van a salir. Con la de horas que grabamos, luego es un minuto. En el directo manejas ese tiempo. La toma con la que te quedas es la que haces y no hay otra más. El directo es muy bonito porque es un momento único, que sucede ahí y que es irrepetible para todos. Eso es bonito, es muy romántico.

¿Ha cambiado tu manera de hacer humor con los años? ¿Haces ahora cosas con las que quizá antes no te atrevías?

Tengo en gira otro monólogo que tiene un año y pico de vida. Se me metió en la cabeza que, aparte de hacer reír, también quería opinar sobre cómo está el planeta, sin mojarme con banderas ni con partidos políticos. Simplemente reflexionar sobre si no nos hemos alejado demasiado de la esencia de la vida: a qué hemos venido, qué queremos de la vida.

Parece que solo hemos venido a trabajar, a ser instagramers y a ganar dinero. Todo está muy prefabricado. Y en ese sentido quería poner mi granito de arena para que la gente saliera del teatro y dijera: vamos a dar un pasito atrás. Me cuesta más dinero y la rentabilidad es menor, pero hay una satisfacción detrás de estar poniendo un granito de arena.

¿Qué te gustaría que se llevara el público, además de haberse reído?

Hay algo muy buscado y muy deseado para mí: el “no me esperaba un espectáculo así y me ha gustado mucho”. En casi todo lo que hago intento sorprender a los espectadores. Si alguien dice que se lo había imaginado así, para mí sería como un intento fallido sinceramente. Me gusta que me digan: “Para nada me esperaba esto”. Y obviamente la frase que venga después tiene que ser: “Y me ha gustado”. Porque, si no, ya no es una sorpresa grata.