DIPUTACIÓN CUENCA CONCURSO FOTOGRÁFICO
Más entrevistas: Lorenzo Higueras Conrado Martínez Álvaro Guijarro Mauricio Mosquera Nahum Salinas Nacho Pizarro Ignacio García Peñarrubia Raúl Pescador Segundo Santos Javi Corroto

Una carrera sin fronteras con raíces en Cañada Juncosa

Sergio Montejano ha llevado su carrera profesional como ingeniero en Airbus hasta Alemania, Francia y Canadá sin perder el vínculo con su pueblo conquense
Una carrera sin fronteras con raíces en Cañada Juncosa
Sergio Montejano con su pareja, Rosario, en Canadá. Imagen cedida.
12/10/2026 - Marina Cazallas

De Cañada Juncosa a Montreal hay 5.650 kilómetros. Entre ambos puntos caben un océano, varias horas de avión y muchas diferencias culturales. Para Sergio Montejano, sin embargo, la distancia nunca ha sido un impedimento para lanzarse y dejarse llevar por las oportunidades que le han llegado. 

A sus 32 años, el natural de esta localidad conquense de unos 210 habitantes ha recorrido ese camino en sentido figurado varias veces: salió de su pueblo para estudiar, después para trabajar y, debido a esto, terminó viviendo en Alemania, Francia y Canadá.


Pero antes de Múnich, Toulouse o Montreal se inició en este viaje con  Sisante, San Clemente y Valencia como primeras paradas. Estudió hasta sexto de Primaria en Cañada Juncosa, continuó la ESO en Sisante y cursó Bachillerato en San Clemente. Después, su camino continuó hasta llegar a la Universidad Politécnica de Valencia para estudiar Ingeniería Industrial.


Al terminar la carrera consiguió una beca en Ford, donde permaneció unos siete meses. Una vez concluyó esta experiencia que, según explica, le enriqueció mucho, en 2016 aterrizó  en Airbus como becario en Getafe. Después, le trasladaron a Sevilla a trabajar ocho meses, una experiencia a la que guarda cariño. Aunque la etapa que más le marcó fue la que le obligó a cruzar fronteras.


Tenía unos 25 años cuando llegó a Múnich y era la primera vez que se marchaba a vivir solo a otro país. El idioma, las costumbres y la distancia podían haber pesado, pero pesaron más las ganas de aprovechar aquella oportunidad. “Yo no tuve dudas”, recuerda.


La experiencia también le sirvió para desmontar alguna idea preconcebida. Antes de marcharse esperaba encontrarse una sociedad alemana más rígida y distante. Sin embargo, lo que más recuerda de aquella etapa es la cercanía y la ayuda que recibió de sus compañeros.


Después llegaría Toulouse, donde asumió la responsabilidad de un proyecto relacionado con la inteligencia artificial y su aplicación en el ámbito aeronáutico. Cada destino traía consigo nuevas responsabilidades y una nueva forma de entender el trabajo.


En 2021 regresó a Madrid por motivos familiares. Allí cambió de área y comenzó a trabajar en ciberseguridad, donde fue asumiendo progresivamente nuevas responsabilidades en un entorno internacional. Y última parada: Canadá. En 2024, su empresa le ofreció participar en un proyecto en Montreal para liderar las acrividades de ciberseguridad de la región. Volvió a hacer las maletas, esta vez para cruzar el Atlántico. En esta ocasión no lo hizo solo: su pareja, Rosario, lo acompañó en esta nueva aventura. La misión tenía una duración aproximada de 18 meses y suponía, de nuevo, empezar en un lugar diferente. “Te saca de tu zona de confort”, explica cuando habla de lo que significa vivir fuera.


Para Sergio, la experiencia internacional va mucho más allá de acumular países en el currículum. Significa aprender a adaptarse a otras formas de trabajar, convivir con personas de otras culturas y, por el camino, conocer lugares maravillosos. Canadá le permitió comprobar, además, que esas diferencias no son siempre tan grandes como pueden parecer desde lejos. “Cuando estás con ellos, te das cuenta de que todos somos personas”, señala.


El proyecto salió adelante en los plazos previstos y Sergio regresó a España en 2025. Actualmente es responsable de un equipo de 20 personas y, al menos a corto plazo, no tiene previsto volver a marcharse. Quiere construir aquí  un futuro junto a su pareja, aunque no cierra la puerta a nuevas oportunidades.


Porque viajar ya forma parte de su vida. Este verano estuvo en Grecia y Japón aparece entre sus próximos destinos. Sin embargo, hay un viaje que nunca necesita planificar demasiado: el que le lleva de vuelta a Cañada Juncosa.
Allí están su familia, amigos y también la música. Montejano toca la trompeta en la banda del pueblo y las fiestas de San Isidro son momentos especiales para reencontrarse con los que se quedaron y con los que, como él, viven fuera. Después de recorrer miles de kilómetros, continúa siendo su punto de encuentro. El nido del que voló y al que siempre regresa.


Porque marcharse no significa olvidar de dónde se viene. Desde un pequeño municipio también se puede llegar lejos. Por ello, tal y como ha repetido a Las Noticias de Cuenca, no deja de “animar a los jóvenes a seguir trabajando y estudiando por lo que le gusta, porque todo esto es posible”. Quizá, la distancia entre Cañada Juncosa y Montreal importe mucho menos cuando uno sabe siempre dónde está su casa.