"El drag es una crítica sobre la fragilidad de los roles de género impuestos por la sociedad"
Se describe a sí misma como una marciana proveniente de una tierra rojiza muy lejana de nuestra órbita: la provincia de Ciudad Real. Y, hace siete años, aterrizó en Cuenca para poner patas arriba las normas sociales establecidas. Zuli, como todos la conocen, no entiende el drag como un disfraz ni como una sucesión de gestos extravagantes sobre un escenario. Para ella “es una disciplina de arte escénico que trabaja con la sátira, la performatividad de género”. A partir de ahí, las posibilidades son amplias: puede convertirse en comedia, cabaret, ficción o propuesta plástica.
En su caso, el drag ha tenido una dimensión personal. “Ha supuesto un espacio para poder explorar mi propia identidad de género, mi propia expresión”, cuenta. Pero el escenario también le ha servido para construir comunidad. A través de esta disciplina ha conocido a personas con las que comparte experiencias e inquietudes artísticas.
Ahí aparece otra dimensión de su trabajo: el activismo. Para Zuli, el drag contiene una carga política porque juega con los códigos que tradicionalmente se han utilizado para separar y definir lo masculino y lo femenino. “El drag lo que hace es jugar con todo el abanico”, explica, planteando un espacio en el que esas fronteras pueden mezclarse y desplazarse.
En Cuenca, esa propuesta ha encontrado un terreno propio.
Su actividad se mueve entre locales, fiestas, pueblos y festivales. Ha actuado en Santa María de los Llanos, Villalba de la Sierra o durante el Orgullo de Talavera, y también se ha desplazado a Madrid, Valencia y Barcelona, donde ha perfeccionado este arte.
Y ha querido plasmar toda esa experiencia en El Anti, enclave de la cultura alternativa de la capital conquense. Allí, junto a sus compañeras, ofrecen actuaciones, una programación de cinefórum con películas que van desde el cine queer hasta la serie B y la serie Z, entre más actividades. Para Zuli, se trata de ampliar las posibilidades de ocio y encuentro más allá de la fiesta convencional.
La existencia de estos lugares tiene, para ella, una importancia especial en una ciudad pequeña. Relata que algunas compañeras han vivido malas experiencias en otros espacios nocturnos y explica que ella misma procura evitar aquellos en los que no se siente bien recibida. Frente a eso, defiende lugares abiertos a todo el mundo siempre que exista respeto. “Puedes tener cresta o ir en camisa y zuecos, eres bienvenido”, sostiene. Lo importante no es la estética, sino el respeto, la empatía y las ganas de compartir.
Esa voluntad de ocupar espacios se extiende también a las tradiciones de Cuenca. Durante San Mateo, el colectivo del que forma parte ha creado su propia peña. También han desarrollado durante dos años La procesión de las Turbias, un espectáculo que juega con la Semana Santa y con la posibilidad de generar una tradición propia. “Vivimos en esta sociedad y en esta ciudad y queremos ocuparla y hacerla también nuestra”, explica.
Tras el cierre del Centro Social La Grieta, el colectivo trabaja en un proceso de crowdfunding para recuperar un proyecto que tiene la intención de movilizar la cultura de la ciudad. Mientras tanto, El Anti permite mantener parte de esa actividad y funcionar como punto de encuentro para estas propuestas.
Con esto, Zuli defiende la necesidad de mantener activos los espacios queer y de combinar el arte con discursos sociales y activistas. Pues, a final de cuentas, no quiere separar la diversión y la celebración en los escenarios de los garitos conquenses con pronunciamientos que forman parte de su manera de entender la escena política.
Y todo ello responde a una misma idea: no esconderse. “No queremos mostrarnos como algo ajeno y alejado de la sociedad”, explica. Ocupar la ciudad, participar de sus fiestas, crear espacios seguros y abrir los escenarios a cualquiera que quiera expresarse forman parte de una misma manera de entender el drag.
Después de cerca de diez años en Cuenca, aquella artista que se presenta con humor como “un alien de una tierra roja de cuyo nombre no quiere acordarse” ha encontrado aquí su territorio creativo. El brillo, la sátira y la fantasía sirven también para cuestionar la realidad y hacer espacio para quienes durante mucho tiempo no lo encontraron, porque, como bien dice Penélope Cruz en la película “La bola negra”: “El transformismo es la fantasía de la posibilidad”.