25 de Julio de 2021 Son las 21:32

Entrevistas

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Especial Semana Santa 2020

“Me gustaría participar en la vida cultural de Cuenca”

La conquense Emma Pérez, que ha pasado por grandes compañías y escenarios como el Royal Albert Hall de Londres, planea poner en marcha un proyecto propio

“Me gustaría participar en la vida cultural de Cuenca”
Imagen cedida por Emma Pérez
22/6/2021 · Paula Montero

Sensibilidad, esta es la cualidad que diferencia a la bailarina Emma Pérez Sequeda (Venezuela, 1989). La joven, que llegó a Cuenca con apenas dos años, reside actualmente en Francia y ha pasado por escenarios de todo el mundo en los que ha embelesado al público con la elegancia de sus movimientos de ballet.

Entre sus proyectos de futuro está regresar a Cuenca, la ciudad que la vio crecer, para poner en marcha un festival que aúne danza, filosofía y arte o para promover talleres donde “poder compartir un poquito el mundo que he descubierto todos estos años con la danza y el cuerpo como herramientas”.

 

¿Cuándo empezó Emma Pérez en el mundo de la danza? 

Empecé como todos los niños que comienzan a bailar, siempre bailoteaba por casa y mi madre me apuntó a clases de ballet. Tenía 4 años cuando empecé a ir a clases en la Academia de Danza Dolores Muñoz en Cuenca y al principio era todo un juego, pero siempre me inculcaron mucha pasión y trabajo. Recuerdo con ilusión los festivales de fin de curso, jugar en los baños del Auditorio, mi madre haciéndome los tutús en el salón de casa... Es curioso como hay imágenes y sonidos que se quedan en la memoria grabados.

 

¿En qué momento decide dedicarse profesionalmente a ello?

Fui un poco tardía comparado con otros bailarines. En mi cabeza me imaginaba dos opciones: ser bióloga marina viajando por el mundo o bailarina y resultó ser la segunda opción. En el verano que cumplí 15 años se lo dije a mi familia y ese mismo mes de septiembre estaba ya en Madrid gracias a su ayuda y apoyo. 

Empecé una vida completamente nueva, preparándome en una escuela privada para aprobar el examen de acceso al conservatorio. Lo aprobé y entré directamente en tercero de grado medio de danza clásica en El Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma.

Es en esa época cuando te das realmente cuenta de que ya no es una broma, que hay trabajo intenso, que cuesta, que no hay fin de semanas de fiesta... Fue una época dura pero súper bonita, la recuerdo siempre con una sonrisa y con mucho orgullo.

 

¿Por qué escenarios y compañías ha pasado? 

Comencé en Ángel Corella Ballet con la producción de La Bayadera y bailamos en el Liceo de Barcelona y en el Kursaal de San Sebastián. Los recuerdo con cariño porque fueron los primeros como profesional y era como un sueño. 

 Después trabajé con Peter Schauffuss Ballet, una compañía de proyectos. Los ensayos los realizábamos en Londres y las giras por teatros de toda Dinamarca.

Más tarde estuve en el English Nacional Ballet para la producción de El Lago de los cisnes en el Royal Albert Hall de Londres, un teatro muy impresionante con capacidad para 5.544 personas.

Con South Bohemian Ballet, en República Checa, bailé en diferentes teatros principales de Praga y en el teatro giratorio de los jardines del castillo barroco de Cesky Krumlov, un teatro muy mágico, al aire libre y  que es Patrimonio  de la Unesco.

He pasado por Hungría con Székesfehérvári Balett Szinhaz y he bailado en teatros importantes de Budapest como Mupa o Vorosmart Szinhaz.

Ahora, desde hace un año y medio, estoy en Francia. Actualmente trabajo para Ballet Preljocaj.  He pasado sobre todo por teatros franceses como Opera de Montpellier, Rennes, Nantes, Teatro de los Campos Elíseos en París, aunque también hemos hecho giras por Europa en países como Bélgica, Alemania, Italia, Suiza y España. Además, si todo va bien con la situación de la Covid, la próxima temporada bailamos en España y tendremos giras fuera de Europa. 

 

 

Foto: Francesca Torrachi

¿Cuándo da el salto a las compañías internacionales?

Pasados tres o cuatro años después de acabar mis estudios en el Conservatorio. Fueron unos años complicados porque no encontraba trabajo, hacía millones de audiciones y en todas me decían que no. Trabajé en pequeños proyectos por España, intentaba seguir con las clases, me planteé dejarlo e incluso empecé el grado Superior de Danza para obtener el título para ser profesora, pero nunca lo acabé.

 

Y ahora que lo ha conseguido ¿qué siente antes de que se levante el telón? 

Demasiadas cosas. Hay nervios, ilusión, muchas ganas de sacarlo todo, cansancio, presión o responsabilidad. En cada espectáculo te enfrentas a diferentes sentimientos, aunque intento mantener la calma sea cual sea la situación, conectarme con el suelo y mi cuerpo, con mi “poder” y confiar. Esos segundos antes de que suba el telón es como saber que estás entrando en otro mundo... Es súper mágico porque cuando bailo puedo ser y sentir lo que quiera.

 

 ¿Qué es la danza para Emma Pérez? 

Es autoconocimiento, libertad, magia, poder, sensibilidad o terapia. Un lugar donde puedo ser libre y donde me enfrento a mí. Pero también es mi trabajo y no todo son flores y maravillas porque, por desgracia, también es presión y comparación constante. Danza es una mezcla de todo, como la vida. 

 

¿Qué intenta transmitir cuando baila?

No intento nada. Simplemente soy con todo lo que tengo. Si es cierto que hay espectáculos en los que se requieren diferentes roles... Pero no hay que intentar, hay que ser. 

 

¿Por qué es especial Emma Pérez? 

Creo que sobre todo porque hay una gran sensibilidad detrás de mi danza, igual que hay una gran sensibilidad detrás de Emma. 

 

 

Foto: Francesca Torrachi

Si tuviera que elegir una sola pieza para bailar, ¿cuál sería?

Ninguna. Si tuviera que elegir una pieza para bailar el resto de mi vida, improvisaría. 

 

¿En qué momento profesional se encuentra? 

Ha sido una época complicada a nivel profesional. La Covid ha tambaleado algunos cimientos pero por ahora voy a continuar bailando. Si que es cierto que me veo dejando de bailar al nivel en el que estoy pronto o tarde, no lo sé. Pero la danza, el arte, el cuerpo y la creatividad estarán siempre conmigo. 

Me gustaría hacer cosas experimentales, seguir  descubriéndome como profesora, como terapeuta  o como coreógrafa. 

Aún no sé qué forma tienen mis futuros pasos, lo voy descubriendo por el camino, pero sí se que voy a crear algo mío, algo propio.

 

¿Cuáles son sus metas y retos? 

Quizás esta respuesta tiene muy poca ambición por mi parte. No me gustaría llegar a nada, no hay nada a lo que tenga que llegar, solo quiero disfrutar de la vida. 

Quiero vivir en el presente, ya sea bailando por teatros del mundo, abriendo mi propia tienda vintage, estudiando las danzas chamánicas de las tribus del Amazonas, creando un festival de danza, arte y filosofía o formando una familia en mi casa de la montaña. Quiero poner más orden y ‘raíces’ a mi cabecita loca por el camino, este sí que es un gran reto [risas].  Y sobretodo seguir aprendiendo y sintiendo la vida.

 

¿Se plantea volver a Cuenca en algún momento de su vida? 

¿Volver? Quién sabe. Hace unos años habría dado un no rotundo como respuesta, pero he aprendido que la vida son sorpresas y cambios. Aferrarse a una idea muy anclada en tu mente por muchos años no ayuda. Además, últimamente siento nostalgia por mi tierra y por sentirme ‘en casa’. Me gustaría en algún momento participar en la vida cultural de la ciudad de alguna manera. Como bailarina sería una maravilla, pero quizás también organizando festivales, charlas, cursos o talleres. Me encantaría poder compartir un poquito el mundo que he descubierto todos estos años con la danza y con el cuerpo como herramienta.

Foto: Francesca Torrachi
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