“Espero que el concierto en Cuenca quede en la memoria del público”

Enrique Villarreal, 'El Drogas', aterriza en Cuenca este jueves 28 de agosto en lo que será su primera gran actuación en la capital conquense bajo su actual proyecto musical. Tras llenar en julio el Teatro Romano de Segóbriga, el ex líder de Barricada encabeza el festival Poetas del Rock, uno de los platos fuertes de las fiestas de San Julián, que servirá además para estrenar el nuevo espacio de conciertos ubicado junto al estadio de La Fuensanta.
Con más de cuatro décadas de carrera, El Drogas mantiene la misma fuerza en el escenario que lo convirtió en un icono del rock. Constante en su oficio, cercano a su público y con una voz siempre crítica, afronta este concierto como una oportunidad para compartir su música con varias generaciones y reivindicar, una vez más, la vigencia del rock como espacio de libertad y rebeldía.
Recientemente pudimos verle en Segóbriga y ahora llega a la capital ¿La conocía?
Sí. Con Barricada hace años que actuamos y también recuerdo hospedarme para tocar en pueblos cercanos. Ha pasado un porrón de años desde aquella visita. Pero como El Drogas, además de en una sala, será la primera vez.
Y además inaugura recinto...
No lo sabía pero me alegra estar en el estreno. Espero estar a la altura (ríe).
¿Qué significa encabezar un festival como Poetas del Rock?
Todo acto vinculado a la cultura o a la contracultura me parece interesante. Más allá de quién lo encabece, lo importante es el propio acto. Y que lleve ese nombre lo hace aún más atractivo, porque soy un gran lector y también escribo poesía, así que me gusta que ese término esté presente.
Comparte cartel con bandas locales como Expolike. ¿Cómo valora esa mezcla de artistas consagrados con nuevas propuestas?
Me parece muy positivo. Si nuestro nombre, después de tantos años pateando escenarios, sirve de reclamo para que el público descubra propuestas jóvenes, ya habrá merecido la pena. Siempre es interesante que haya relevo.
¿Cómo será el concierto de Cuenca?
Será una descarga de rock con una banda que sale a dejarse la piel. Es simple: hay que estar allí y luego cada cual sacará conclusiones.
Tras más de cuatro décadas de carrera, ¿cómo se mantiene la vigencia?
Con constancia en el trabajo. Para mí este oficio es también un hobby: confundo placer y profesión. Me gusta escuchar música, escribir, leer… y eso me empuja a seguir aprendiendo. No sé si estoy en el hobby o en el oficio, pero ahí me siento cómodo. Vivo en ese pozo y puede que eso me haga un tipo aburrido, porque no hago otras cosas, como deporte o modas varias (ríe), pero es lo que me gusta.

jóvenes descubren su música por sus padres. ¿Cómo vive esa conexión intergeneracional?
Me gusta ver gente joven en los conciertos. Aunque siempre pido a los padres que protejan sus oídos, la primera fila no es lugar para criaturas. Me parece muy interesante que los de mi edad entiendan que la juventud viene con otras músicas, con ganas de explorar. Yo lo vivo sobre todo con mi hija, que me pone al día. Puede que no entienda todo, pero me abre la mente.
Sus letras siguen enganchando...
Eso es lo preocupante. Que canciones como Balas blancas, escrita en el 90-91 contra el racismo, sigan de actualidad. O las que hablan de violencia machista. Ojalá no tuviesen ya vigencia.
¿Qué le ilusiona cuando pisa un escenario?
Sobre todo sentirme arropado por el equipo, qei me da seguridad. Y lo más importante, que cualquier canción sigue siendo un garabato abierto donde cada uno aporta su vivencia en el momento. Eso permite improvisar y vivir situaciones únicas. Y de cara al público, me gusta ver cómo participa: a veces cantando a pleno pulmón, otras observando en silencio a un batería o a un guitarrista. Todo eso me alucina.
¿Qué le devuelve el público cada noche?
Me da ganas de seguir creando. Después de Barricada probé muchos formatos: una banda de rhythm & blues con coristas y metales, una formación acústica… Versiono mis propias canciones y siempre me sorprenden los arreglos de los músicos. A veces me quedo tan embobado escuchando que entro tarde a la estrofa porque me olvido de que soy el cantante.
“Las canciones siguen siendo garabatos abiertos, donde cada músico aporta su vida en el escenario”
¿En qué proyectos trabaja?
Llevo tiempo trabajando en algo muy personal, inspirado en la biografía de Miguel Hernández y en la figura de David González, un poeta asturiano de mi generación que falleció hace un año y medio. De ahí han salido canciones con piano y acústica que ya tengo perfiladas, aunque el proceso se paró con cambios en la banda. Ahora quiero retomar ese camino y componer también con la formación actual, con la idea de un disco más “al uso”, sin triples ni quíntuples, que quizá deba afrontar como si fuera el último por la edad que tengo.
¿Qué desafíos o nuevas sonoridades le gustaría explorar ahora?
Más que planearlo, lo deciden los compañeros de viaje. Cada proyecto es un camino lleno de sorpresas: a veces un atajo, a veces un zarzal del que hay que salir, pero siempre interesante. Lo que más me atrae es el trayecto, no tanto el resultado.
¿Qué espera del público de Cuenca?
Que disfrute y que el concierto quede marcado en su memoria. Y que anime a seguir apoyando a las bandas en directo, que hoy lo tienen muy difícil.
¿Qué le diría a los jovenes que descubre su música por primera vez?
Que soy un ejemplo a no seguir (risas). Soy un desastre en casi todo, salvo en el empeño de estar siempre trabajando. Lo que sí puedo transmitir es la importancia de ser buena persona. Al final se trata de vivir la vida con empatía hacia quienes tienen problemas y están a tu alrededor.
En eso sí que ‘no hay tregua’...
Exacto. Porque hoy la gente joven tiene muchas dificultades para acceder a una vivienda y labrarse un futuro. Y además convivimos con realidades terribles, como el genocidio en Palestina. No podemos mirar para otro lado. Hay que buscar maneras de apoyarnos unos a otros, aunque nos quieran hacer sentir inútiles frente al poder del armamento.
El panorama socio político es complicado...
Siempre lo ha sido. Las empresas de armamento han tenido un papel central en el mundo. También es preocupante ver el auge de la extrema derecha en distintos países, desde Milley en Argentina a Trump en EE.UU. o gobiernos en Hungría y Polonia. Pero creo que más que estar pendientes de esos juegos, deberíamos centrarnos en dar soluciones: vivienda, educación pública, servicios básicos... No se trata de soñar con un paraíso, sino de intentar resolver de manera activa los problemas que tiene la gente.