Semana Santa 2026
Yanguas pregona la Semana Santa con un recorrido espiritual por la Pasión conquense
La cuenta atrás para los días de Pasión en Cuenca ya ha comenzado de manera oficial toda vez que el Auditorio de la capital ha acogido este viernes por la tarde el tradicional pregón de la Semana Santa. Este año ha recaído en una de las figuras más representativas de la Iglesia, José María Yanguas, obispo de la Diócesis quien, tras 20 años de entrega pastoral a Cuenca, se ha subido al atril para ofrecer un pregón marcado por su marcado carácter espiritual.
El prelado ha articulado su intervención con un discurso muy poético y pronunciado desde el corazón con un hilo conductor estrictamente cronológico de la Semana Santa capitalina.
En un discurso de 43 minutos, Yanguas ha guiado a los asistentes desde el Hosanna del Domingo de Ramos hasta que María Santísima del Amparo se encierra en la iglesia de San Andrés el Domingo de Resurrección, deteniéndose a dedicar unas sentidas palabras a cada una de las procesiones y sagradas imágenes que conforman la singular Semana Santa conquense.
Música
El acto, conducido por Paula Latorre, directora de comunicación del Obispado de Cuenca, ha congregado a un numeroso público que llenó por completo el patio de butacas del Auditorio, aunque dejó una imagen de vacío en los anfiteatros y plateas.
La solemnidad de la palabra de Yanguas estuvo acompañada por la música, dividida en dos grandes bloques. Por un lado, las voces del Coro del Conservatorio de Cuenca, bajo la batuta de Jesús Mercado Martínez, interpretaron un repertorio compuesto por ‘Northern lights’ de Ola Gjeilo, ‘Ubi Caritas’ de J. Michael Trotta, ‘Stabat Mater’ de G. Tartini y el siempre sobrecogedor Miserere.
De forma complementaria, la Banda de Música de Cuenca, dirigida por Miriam Castellanos López, puso los acordes de marcha procesional a la velada. La formación interpretó piezas icónicas como ‘Cristo del Perdón’ de José Gómez Vila, ‘Mi Amargura’ de Victor M. Ferrer Castillo, ‘Réquiem por un músico’ de José López Calvo y ‘San Juan’ de Nicolás Cabañas, envolviendo el ambiente en la inconfundible atmósfera nazarena.
Pregón
Desde el inicio de su intervención, Yanguas ha marcado el tono del discurso. Tras un cordial saludo a los asistentes, ha explicado que sus palabras iban dirigidas de manera especial a quienes viven intensamente la Semana Santa desde dentro. El obispo ha recordado el tradicional Viernes de Dolores y el besamanto a la Virgen de las Angustias, subrayando que su pregón llega tras haber honrado en su santuario a la Virgen Madre de Dios.
Su recorrido ha comenzado con el Domingo de Ramos y la procesión del Hosanna. Allí ha evocado la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y la ha trasladado a las calles de Cuenca con referencias a la Borriquilla, a la Virgen de la Esperanza, a los niños con hábito blanco, a las palmas agitadas y a la Plaza Mayor llena de fieles. Pero esa escena de júbilo le ha servido también para lanzar una advertencia moral, en la que ha incidido en la facilidad con la que la multitud aclama en el triunfo y abandona en la dificultad. Yanguas ha contrapuesto así el entusiasmo popular del “Hosanna” a la cobardía de quienes callan cuando llega la prueba, en una llamada directa a no ser cristianos “veletas”, pendientes siempre del qué dirán.
A partir de ahí, el pregón ha ido ganando en profundidad. En el Lunes Santo, al detenerse en la procesión penitencial del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, el obispo ha reflexionado sobre el dolor, la muerte y el abandono. Ha contemplado al Crucificado desde una mirada serena, casi entregada, y ha vinculado esa imagen con los sufrimientos actuales, aludiendo a la enfermedad, la injusticia, la violencia, la humillación de las mujeres, las esclavitudes modernas, la soledad de los ancianos o el drama de tantas madres que lloran a sus hijos. En este punto, ha dejado claro que su pregón no pretendía ser una mera descripción de estampas, sino una lectura cristiana del sufrimiento humano.
El Martes Santo ha girado en torno al perdón, la culpa y la posibilidad de la conversión. Yanguas se ha detenido en la figura de Juan Bautista, en el Cristo de la Luz, en Medinaceli y en la Esperanza para hablar de la verdad del pecado y de la necesidad de reconocerlo sin rebajas. Asimismo, ha diferenciado entre la desesperación de Judas y el arrepentimiento de Pedro, y ha profundizado en la misericordia divina. En uno de los momentos más personales, ha recordado la entrada de Nuestra Señora de la Esperanza en el zaguán del Obispado y ha confesado que ese instante lo acompañará cuando deje Cuenca.
El pregón ha ganado aún más densidad en el Miércoles Santo. El obispo ha utilizado las escenas de la Cena, la Oración en el Huerto, el Prendimiento, la negación de San Pedro, el Ecce Homo de San Miguel y la Amargura para reflexionar sobre el poder, la traición, la fragilidad humana y la soledad. Ante la Santa Cena ha defendido que la autoridad debe ejercerse como servicio y ha advertido de que todo poder, civil o religioso, se pervierte cuando deja de pensar en los demás. En la Oración en el Huerto ha descrito la soledad de Jesús y el abandono de los suyos, mientras que en figuras como Judas o Pedro ha insistido en la debilidad del ser humano frente a la fidelidad de Cristo.
Especialmente sentida ha sido la parte dedicada a Nuestra Señora de la Amargura y San Juan. Yanguas ha descrito a María como una madre que ya no puede mirar el estado en el que ha quedado su hijo y cuya tristeza refleja el dolor de todas las mujeres que sufren. En este sentido, ha subrayado la presencia constante de la Virgen a lo largo de toda la Semana Santa como madre que acompaña el sufrimiento de los hombres.
El Jueves Santo ha ocupado otro amplio bloque del pregón. La procesión de Paz y Caridad ha sido presentada como una noche de dolor, pero también de compasión. El obispo ha ido repasando escenas como el Huerto, Jesús Amarrado a la Columna, Jesús con la Caña, el Ecce Homo de San Gil, la Verónica, el Jesús del Puente o la Soledad del Puente, y ha insistido en la libertad con la que Cristo se entrega en la Pasión. Además, ha destacado la importancia de acompañar al que sufre y ha defendido que los creyentes deben hacer visible a Cristo con su propia vida. En este sentido, ha subrayado que hoy no basta con hablar de Jesús, sino que es necesario “transparentarlo”.
De manera especial, Yanguas ha puesto el foco en la figura del Cirineo. Al referirse a Jesús Nazareno del Puente, ha defendido el valor de los pequeños gestos que alivian el sufrimiento ajeno, como una palabra, una caricia o unos minutos de compañía, y ha trasladado esa imagen al compromiso cotidiano con los demás.
Ya en el Viernes Santo, el pregón ha alcanzado su tono más dramático. El obispo ha descrito la procesión Camino del Calvario y el estruendo de las Turbas como símbolo de la humillación pública y el linchamiento colectivo. A partir de ahí, ha enlazado esa escena con formas actuales de cobardía, como el miedo a ir contracorriente o a dar la cara. “Mejor ocultarse al calor de la multitud”.
En el Calvario, Yanguas ha situado la cruz como eje central del mensaje cristiano. Ha explicado que la fe no elimina el sufrimiento, pero sí lo ilumina y le da sentido desde el amor de Dios. En este punto, ha aludido a realidades como las guerras, las injusticias, las mujeres violentadas, la pobreza o las heridas del alma para subrayar la dimensión universal del dolor.
El pregón ha continuado con el Santo Entierro, donde el obispo ha descrito una atmósfera de silencio y duelo. A través de la imagen de María con su hijo en brazos, ha reflexionado sobre la maternidad sufriente y ha puesto en valor el sacrificio silencioso de tantas madres.
Finalmente, el Sábado Santo ha sido presentado como un tiempo de espera junto a María, mientras que el Domingo de Resurrección ha supuesto un giro hacia la esperanza. Yanguas ha explicado que el Encuentro simboliza la victoria final y la promesa de un destino que no termina en la cruz.
En conjunto, el obispo ha ofrecido un pregón largo, profundo y marcadamente religioso, en el que ha priorizado la reflexión frente a la emoción superficial. Ha defendido una Semana Santa entendida desde la fe y ha convertido cada procesión en una llamada a la contemplación y al examen interior.
Tras veinte años de entrega a la diócesis de Cuenca, José María Yanguas ha vuelto a mostrar un estilo doctrinal, en un pregón que, más que exaltar, ha invitado a pensar y a vivir la Semana Santa desde su significado más profundo. Con ello, ha abierto oficialmente la Semana Santa de 2026.