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Es noticia en Tarancón: Semana Santa 2026

Los Armados, un rito único que custodia la tradición

La guardia al monumento de Cristo desde el Jueves al Viernes Santo convierte esta tradición centenaria en una de las señas más singulares de Tarancón
Los Armados, un rito único que custodia la tradición
Armados de Tarancón. Foto: Jorge Martínez
02/04/2026 - Rubén M. Checa

En el silencio sepulcral de la parroquia de la Asunción, solo el eco metálico de una alabarda golpeando el suelo rompe el recogimiento cada media hora. No es un anacronismo, sino una de las tradiciones que más define la Semana Santa de Tarancón. Se trata del rito de los Armados, desarrollada por la Hermandad Sacramental del Señor y los Armaos Guardas del Monumento de Cristo. 

Según detalla el presidente de la Junta Mayor de Hermandades y Cofradías de Tarancón, Víctor Domínguez, esta es, probablemente, la seña de identidad más antigua y valiosa de la Pasión Taranconera, con raíces que se hunden oficialmente en el año 1719.

A diferencia de otras representaciones de soldados romanos que se limitan al desfile procesional, los Armados taranconeros tienen una misión que trasciende la estética. Su labor principal es la guardia del Monumento de Cristo en la parroquia de La Asunción, el lugar donde se reserva el Sacramento tras los oficios del Jueves Santo. “Desde el momento en que se representa el prendimiento de Jesús, los Armados no lo abandonan”, detalla el presidente.

Esta vigilancia se extiende de forma ininterrumpida desde la tarde del Jueves Santo hasta las ocho de la tarde del Viernes Santo, cuando parte la procesión del Santo Entierro. Durante más de 24 horas, los aproximadamente 85 hermanos que componen la Hermandad se organizan en turnos de media hora. 

Con una marcialidad heredada de siglos, los soldados entran al templo de dos en dos, realizan una solemne reverencia ante el Sagrario, se arrodillan y cruzan sus lanzas antes de dar el relevo a sus compañeros.

La estampa es una de las más reconocibles de la Semana Santa taranconera. Los Armados visten pantalón y chaqueta morados, coraza, casco, alabarda y espada, con una indumentaria que remite a los soldados que custodiaron a Cristo durante la Pasión e inspirados en los trajes militares del siglo XVIII. Pero en Tarancón ese gesto adquiere una dimensión especial ya que, reitera, aquí no desfilan únicamente; sino que guardan. Ahí reside, precisamente, su singularidad.

En este rito adquiere importancia la cripta de la iglesia, situada en el sótano de la sacristía, el lugar donde los hermanos pasan la noche, se cambian y mantienen vivo el espíritu de guardar el cuerpo. Es allí donde se ajustan las corazas, los cascos y las espadas que complementan la túnica y el pantalón morado antes de tomar el relevo a los guardias que se encuentran ante el Monumento.

La transmisión generacional es el motor que impide que este rito se apague. Domínguez remarca que, aunque es una hermandad de pocos miembros en comparación con otras, el compromiso es absoluto. Familias enteras, como la del actual presidente de los Armados, Pedro Jiménez (cuyo padre también ostentó el cargo), aseguran que el rito pase de padres a hijos como un legado irrenunciable.

Domínguez subraya que puede haber en España otras formaciones similares, como la Centuria Macarena de Sevilla o agrupaciones de romanos en el Levante, pero insiste en que el caso de Tarancón conserva un rasgo propio: la permanencia durante toda la noche y buena parte del día dentro del templo, custodiando el monumento. “Es nuestra joya”, viene a resumir el presidente de la Junta de Hermandades al hablar de una tradición que ha sabido mantenerse viva sin perder su sentido original.