Un cartel que mira a la unidad desde el corazón de la Semana Santa
Asumir la autoría del cartel oficial de la Semana Santa de Cuenca no es un encargo cualquiera. Para Pedro José Ruiz Soria ha sido, en sus propias palabras, una mezcla de “alegría, ilusión y vértigo”, consciente del peso que supone anunciar una de las celebraciones más importantes de la ciudad.
Su elección como cartelista, comunicada por Antonio Abarca tras la deliberación de la Junta de Cofradías, fue recibida con emoción, pero también con un profundo sentido de responsabilidad. “No podía defraudar a las hermandades que habían puesto en mí su confianza”, explica, subrayando que se trata de una oportunidad única para “anunciar nuestra querida Semana Santa” y transmitir su mensaje.
No es casual que Ruiz Soria afronte este reto desde una doble vocación: la de sacerdote y la de arquitecto. Dos caminos que, lejos de entrar en conflicto, se han complementado en el proceso creativo. “El sacerdote busca el mensaje, el fondo teológico; el arquitecto procura que el diseño sea armónico, equilibrado y atractivo”, resume. Esa dualidad ha marcado una obra en la que el contenido espiritual y la forma estética caminan de la mano.
Porque para él, la Semana Santa de Cuenca es, ante todo, una “catequesis en la calle”. Una narración visual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo que se despliega a través de los pasos procesionales. En ese sentido, defiende que la belleza no es un elemento accesorio, sino una vía de comunicación: “Las imágenes, la música o el orden de los desfiles nos hablan de Dios, despiertan admiración y un deseo de trascendencia”.
Esa misma lógica es la que ha querido trasladar al cartel. No se trata solo de una imagen anunciadora, sino también de una propuesta con intención catequética. “Todos los elementos quieren ayudar a vivir la Semana Santa desde su sentido verdadero, profundo y religioso”, señala.
Desde el inicio del proceso tuvo clara la idea central: la unidad. Una unidad que, explica, es imprescindible para comprender y vivir la Semana Santa, y que encuentra su máxima expresión en la Eucaristía. “El misterio que celebramos no tiene sentido si no es desde la unidad”, afirma, insistiendo en que este sacramento “actualiza lo que rememoramos en estos días”.
Esa idea se traduce visualmente en el cartel a través de un elemento clave: un gran círculo que simboliza tanto la unidad como la Forma Eucarística. En su interior, Ruiz Soria ha integrado las imágenes de los pasos de las hermandades, evitando que ninguna destaque sobre otra, reforzando así ese mensaje común. “Debían aparecer todas”, recalca.
La composición no fue sencilla. De hecho, reconoce que ha sido la parte más exigente del proceso. La distribución de las imágenes dentro del círculo, la búsqueda del equilibrio y la creación de una silueta interior de capuces nazarenos le llevó a retomar herramientas propias de su formación: “Volví a la escuadra, el cartabón y los lápices de colores”, comenta, en un guiño también a la tradición abstracta conquense de la que ha tomado inspiración.
A ese núcleo simbólico se suma el paisaje inconfundible de Cuenca. El cartel incorpora la textura de la piedra caliza en el fondo y el skyline característico de la ciudad coronando la imagen, con referencias al monte Calvario. Elementos que sitúan la obra en un contexto concreto y reconocible, y que dialogan con la tradición de los carteles anteriores.
Más allá de la imagen, Ruiz Soria reivindica el papel del arte como puente hacia lo trascendente. En un tiempo en el que muchas personas se acercan a la Semana Santa más por tradición o emoción que por fe, considera que la belleza puede ser una puerta de entrada. “El encuentro con lo bello puede abrir el camino a la búsqueda de Dios”, apunta.
Por eso, al imaginar a alguien contemplando su cartel sin conocer en profundidad la Semana Santa de Cuenca, tiene claro qué le gustaría transmitir: “La profundidad y sinceridad de la devoción con la que la viven los nazarenos conquenses”. Una fe que, en su visión, está indisolublemente unida a la pasión y a la experiencia eucarística.
La evolución de los carteles a lo largo del tiempo también ha influido en su propuesta. Cree que, con los avances técnicos, se ha producido un giro hacia formas más conceptuales y personales. Su obra se sitúa en esa línea, apostando por el simbolismo sin renunciar a los elementos tradicionales.
Y si tuviera que condensar toda la esencia de la Semana Santa de Cuenca en una sola imagen, Ruiz Soria recurre a uno de sus momentos más emblemáticos: el canto del Miserere en las escaleras de San Felipe. “Todo un pueblo en silencio, en recogimiento, manifestando su deseo vital y religioso”, concluye.