Feria Taurina de San Julián 2025
Olga Casado se lleva las mejores ovaciones de la tarde y dos volteretas al entrar a matar
La corrida mixta que cerraba la feria el 28 de agosto, en el 78 aniversario de la muerte de Manolete en Linares, nos dejó un final con aires de tragedia, pues la novillera Olga Casado, con arrojo y valentía, entró a matar buscando la puerta grande y sufrió dos impresionantes volteretas y otro encontronazo, quedando unos segundos entre los pitones del novillo en ambas cogidas, que afortunadamente no tuvieron consecuencias. Tras acabar con “Elegido” de un golpe de descabello, la ovación para Olga fue la mejor de la feria, como lo había sido en el novillo de su presentación. La falta de precisión de la madrileña con los aceros le cerraron la puerta grande, como tampoco la pudieron abrir José María Manzanares con una oreja y petición, ni Cayetano en su despedida, que se fue de Cuenca con más pena que gloria.
JOSE MARÍA MANZANARES
José María Manzanares hacía su decimocuarto paseíllo en Cuenca y en el primero de la tarde recibió a “Tranquilo”, el de mayor peso del encierro, con lances desconfiados, porque el de la Palmosilla no era para estar tranquilo, como tampoco lo estuvo el picador, que besó la arena cuando el toro castaño derribó al caballo. Tras el cambio de tercio en banderillas, Manzanares inició la faena muleteril con pases por alto con precaución y cortas series de derechazos y el remate de pecho con poca transmisión. Un avispado espectador, gin tonic en mano, espetó: “Lo que más me gusta de Manzanares es su vestido”, aunque no haga nada. “Cierto son los toros”, digo lo trajes de luces, pensé, hasta que el alicantino, con su experiencia y oficio, mejoró un poco su actitud y los muletazos fueron más pausados, pero seguía faltando transmisión. La estocada sobresalió, como su vestido de torear, y parte del público sacó los pañuelos. ¡Ea!, diría Canales que mandó aligerar a las mulillas…

El único toro negro de la corrida atendía por “Ahumado”, al que Manzanares recibió con verónicas y la media revolera, levantando polvareda del albero agostado. Un puyacito del piquero dieron paso a la intervención de los banderilleros que parearon bien al encastado “Ahumado”. Manzanares pasó de brindis y esta vez, sí se mostró más dispuesto, no sólo a exhibir su precioso traje de luces, sino a mostrar ese buen toreo de mando y temple que le han caracterizado. Al menos sacó dos tandas de redondos con largos pases de pecho que cruzaban el puente de San Antón y los ayudados de corte clasicista, para luego templar al natural en breves muletazos. Se había hecho tan poco en la tarde del cierre, que aquello parecía sublime, como mirando a los rascacielos de la “Cuenca Manhattan” de Raúl del Pozo, y dar ese pase de la verticalidad entre los pitones que cornean al viento, porque mencionando otra vez al profesor Claramunt, “Cuenca tiene aires de corrida”. Y Manzanares, la elegancia personificada con la muleta y su vestido de oropeles, lo sabe, y con una estocada es capaz de cortar dos orejas. El público las pidió, pero Canales no se abrió en canal. La vuelta al ruedo con el apéndice fue la nota triunfal de la tarde.
CAYETANO
En diversos mentideros se dudaba de la presencia en Cuenca de Cayetano, pero el hijo de Paquirri y nieto de Ordóñez no podía faltar a su cita en la ciudad de las Casas Colgadas, hermana de la ciudad de Ronda. Llamó la atención que Cayetano hiciese el paseíllo montera en mano, pues ha venido cinco veces, así que salió destocado en su despedida de la plaza de Cuenca. Pero no fue su tarde, pues en general las opiniones se dividieron. No le gustó el comportamiento de “Incitado”, lo que le incitó a que su peón de confianza lo llevase al caballo tras unas verónicas por bajo en el recibo. El toro recibió un fuerte castigo del picador y además fue mal banderilleado. Con esos argumentos y la flojedad del toro que doblaba las manos, Cayetano hizo varios intentos por hacer faena, y como las opiniones se dividían y no se sentía cómodo, acabó con el burel de pinchazo sin soltar, estocada y dos descabellos. El silencio se hizo general entre pitos al toro y algunos al torero.

Con el quinto colorado, Cayetano tampoco se lució con la franela y de nuevo el del castoreño metió la vara y dejó a “Rumbito” sin rumbo y sin fijeza. Cayetano tuvo el detalle de brindar a Olga Casado, con largo parlamento, y comenzó su corta labor muleteril sentado en el estribo para seguir con pases por alto, cuidando la embestida. Desconfiado, no se acopló con el de la Palmosilla, intentando muletazos sobre ambas manos, recibiendo un gañafón que le hizo desistir y coger la espada de verdad. Entre protestas prendió un pinchazo y estocada, y el público mostró su generosidad en la despedida con aplausos.
OLGA CASADO
La gran novedad del cartel era la presencia de la novillera Olga Casado en la corrida mixta del cierre de la feria taurina. La madrileña pudo ser la gran triunfadora de la tarde, pues el público estuvo todo el momento con ella. El novillo tenía clase y Olga Casado, que debutó con picadores por “los idus de marzo”, que son días de buenos augurios, demostró en el ruedo conquense que está llamada para poner otra pica femenina en la Tauromaquia. “Hacendero” se llamaba el novillo de Luis Algarra y más que hacendosa se le vio a Olga manejando el capote en el recibo de rodillas, tal cual verónica, como a pies juntillas moviendo la franela con más verónicas y la revolera. Pasó el novillo el fielato rápido del picador --por cierto, otra mujer en la tarea de monosabio, con su vara de mando— y de las banderillas, y ahí tenemos a Olga, vestida de blanco y plata, brindando al público de Cuenca, generoso donde los haya.
Con la muleta, la madrileña segoviana mostró que pese a su poco tiempo de novillera, conoce muy bien el paño que maneja, y componiendo muy bien la figura, sacó tandas de derechazos y al natural, con dotes de mando y templanza, y sobre todo con un arrojo de valentía que definen su personalidad. Pases variados, y las poncinas genuflexas llevando al novillo en muletazos circulares. Completa faena la suya, que no tuvo el premio merecido, pues necesitó de dos pinchazos, estocada y descabello para mandar al novillo al desolladero. La ovación fue de gala, porque la faena llegó al público por su transmisión.

El sexto de la tarde, “Elegido” tenía que ser el de “puerta grande o enfermería”, que se suele decir, pero ni una cosa ni la otra, aunque los momentos finales fueron preocupantes por las dos volteretas. Pero vayamos al comienzo con los afarolados de recibo que Olga Casado ejecutó seguido de artísticas verónicas. Pasó el novillo la prueba de la puya, que no es de algodón, realizando Olga un variado quite por tafalleras, y la media genuflexa. Las palmas echaban humo y luego fueron cariñosas cuando la novillera brindó su faena a Cayetano, y hubo palabras de consejo y reconocimiento. Comenzó Olga Casado su labor muleteril con pases de rodillas y una serie por la derecha con conjunción y buen estilo.
La madrileña mostró serenidad, personalidad y conocimiento de los cánones del toreo, sacando naturales de notoriedad y el remate de pecho al son de “Nerva”. El novillo, un tanto codicioso, entraba al trapo que le ofrecía Olga para sacar derechazos con hondura, circulares y sobre todo mucha torería delate del novillo en el arrimón final. Llegó la hora de la verdad, la que da el triunfo. Olga entró con decisión con un pinchazo sin soltar; aplaudió el público y entró a matar con garra y emoción, saliendo prendida entre los pitones en fea caída. No se arredró y volvió a asomarse al Acueducto de su Segovia familiar y al Ventano del Diablo, y de nuevo “Elegido” la eligió entre sus pitones en otro gran susto, saliendo airosa del trance. Y así otra hasta que, animada por sus compañeros, acabó con el novillo que recordará. La ovación fue de gala, generalizada, a la heroína vestida de luces.

Suerte, Olga. Que volverás a Cuenca, por San Julián, que ayer te echó una mano. Espero verte en la plaza, como a tantos jóvenes y consagrados toreros, ya como aficionado, Dios mediante, porque los años pasan y pesan, desde mi primera crónica de prensa en 1972, con Antonio Bienvenida, Manuel Benítez “El Cordobés” y Eloy Cavazos. Y en 1927 el Centenario de la plaza, claro.
LA FICHA
Quinta corrida (mixta) de la Feria de San Julián. Jueves, 28 de agosto de 2025. Presidió Javier Canales, asesorado por Miguel Tinajero y el veterinario Luis García. La novillera Olga Casado hizo el paseíllo montera en mano en su primera tarde en Cuenca y curiosamente también lo hizo Cayetano, en la temporada de su despedida de los ruedos.
José María Manzanares (burdeos y mucho oro), ovación con petición y una oreja con petición.
Cayetano (azul Soraya y oro), silencio y saludos con división de opiniones.
Olga Casado (blanco y plata), aviso, saludos; y aviso con cerrada ovación de toda la plaza.
El ganado: Cuatro toros de La Palmosilla, bien presentados que dieron un juego desigual y dos novillos de Luis Algarra, manejables, que acusaron flojedad. Peso: 558, 518, 412, 471, 533 y 338 kilos.
Incidencias: Cerca de tres cuartos de entrada, como en los días anteriores. Al ser festejo mixto, hubo dos sobresalientes: “Chapurra” y el novillero conquense Sergio López. La plaza vivió el ambiente propio de los días de feria, en los que no faltaron las meriendas y el otro ambiente interior en los pasillos de la plaza, convertidos en museo del azulejo con los carteles de los 26 años de Maxitoro, y otras piezas de fechas históricas.