Llamarse Marco Pérez y venir a Cuenca vestido de grana y oro, como artista de la Tauromaquia, es todo un compromiso porque en esta ciudad Marco Pérez es el gran escultor de premiadas esculturas de arte y de imágenes de la Semana Santa. ¿Ha dicho usted Marco Pérez? Pues sí, es un joven matador de toros con dos meses de alternativa que quiere ser figura del toreo y con ellas comparte cartel. En el jardinillo de la entrada a la plaza de toros, entre las hileras de chopos que asoman a la andanada, se encuentra desde 1967 un busto en bronce del torero conquense Chicuelo II, el máximo exponente del valor, realizado precisamente por el escultor Luis Marco Pérez, por suscripción popular de los aficionados. Pues bien, el salmantino Marco Pérez, de 18 años, nos recordó al torero de Iniesta, no sólo por su estatura –torero grande por otro lado— sino por el valor innato que demuestra frente a la cara del toro, amén de su excelente manejo del percal, que irá modelando y madurando en el futuro. Aquí hay mucha madera para cincelar una figura del toreo, y en Cuenca se quedó en puertas de salir a hombros, pero faltaron pañuelos, y se pidió el verde para devolver al sexto de intermitentes manos caídas…
Junto al debutante Marco Pérez, Alejandro Talavante y Juan Ortega, que dejaron trazos de su arte y algunos muletazos de exquisitez, pues el deslucido juego de los toros de El Pilar, flojos y con sexto sentido, no permitieron apenas lucimiento, pese a las reiteradas peticiones de algunos espectadores por pedir música cuando la faena no lo requiere. No es lo mismo asistir a una corrida de toros, donde a veces la música puede amenizar ciertas faenas, que intentar convertir el festejo en un concierto de pasodobles, aunque esta vez lo que se escuchó fue mucha “música de viento”…
Pero como dice el refrán “días de mucho, vísperas de nada”, y eso se notó en el ambiente tan distinto del día anterior, con ese llenazo de apreturas en los tendidos, y la regular entrada de hoy pese al atractivo cartel de la cuarta de feria. Y claro, con el deslucido juego de los toros salmantinos, el cercano río Moscas guardó silencio al pasar los de El Pilar por el ruedo conquense, evocando la famosa canción de “Sierra de Luna”, salvando las distancias y el motivo.

ALEJANDRO TALAVANTE
Abrió plaza Alejandro Talavante para recibir a “Jabalero” con suaves verónicas, y llevarlo con mimo al caballo. Tras el puyazo ya dobló las manos pero se rehízo y en el tercio de banderillas se colocaron tres pares con decisión. El torero extremeño comenzó su labor muleteril con pases por alto, pues advirtió flojedad de remos del astado, al que sometió en cortas tandas por la derecha y al natural, rematadas con largos pases de pecho que podían llegar al Vivero de las recuperadas verbenas. Consiguió algunas series ligadas y ciertos momentos de buen trazo en faena de enfermero, aunque sin la transmisión que requiere el público. Faena en suma de mérito ante la reiterada pérdida de manos de “Jabalero”, que concluyó con airosas manoletinas, una trincherilla y el remate en exposición. Un sartenazo o golletazo con el acero estropeó su trabajo y el público guardo silencio. Escena no apta.
El cuarto, el más grande de la corrida, no fue para quitarse el sombrero pese a que éste era su nombre, pues la apariencia de gran toro sólo se notó cuando se asomaba a los burladeros o cuando arremetió al caballo, rectificando el del castoreño. “Sombrero” ya fue buscando la querencia y también a los hombres de plata que prendieron tres pares con riesgo. Tenía confianza Talavante en sacarse la espina de la fea estocada, y tras brindar al público se fue al hilo de las tablas para domeñar al toro de rodillas, resbalando en el segundo pase, y enseguida aparecieron capotes. Repuesto del susto, Alejandro volvió al inicio con derechazos genuflexos y el largo pase de pecho. La faena parecía un paseo por Carretería, pero el del Pilar era “Sombrero” de paja, sin filtro y sin fieltro, que manseaba entre arreones de incierta embestida. Talavante puso fin a su ingrata labor de pinchazo, media y descabello. De nuevo el silencio, entre bocado y trago del respetable público…

JUAN ORTEGA
El sevillano Juan Ortega, que vio la corrida del indulto desde el tendido 1, rodeado de buenos aficionados que se retrataron con él, no pudo retratarse en el ruedo con la imagen del triunfo, porque apenas tuvo opciones con el lote que le correspondió pese a sus buenos intentos. Dibujó una media de cartel en el recibo capotero a “Guajiro”, que recibió un buen puyazo, y a renglón seguido Ortega nos dejó un quite por chicuelinas y la media de mucha enjundia. “¡Olé!”, dijo un cercano espectador abonado de Las Ventas, que vino a ver si Talavante salía a hombros en Cuenca como en Madrid. La lidia iba bien y en tarde de buenos banderilleros, saludaron Miguel Ángel Sánchez y Perico. Juan Ortega brindó su faena al público, iniciada con molinetes y pases por alto, previniendo su flojedad. Su toreo era de pureza en los pases rodilla en tierra y la serie ligada de redondos, hasta que la flojedad de “Guajiro” se hizo patente y ello hizo que Ortega utilizase otros recursos como ayudados por alto, en una labor de poco eco en los tendidos, para concluir con pinchazo y estocada. Se le aplaudió por su buena disposición y torería.
El quinto malo atendía por “Resistente” y el que tuvo que resistir fue Juan Ortega, que lo recibió con suaves capotazos, y tras pasar la jurisdicción del piquero, el toro no resistió y dobló las manos. Eso sí, el burel persiguió a los de plata cuando fueron a colocarle los garapullos. El torero sevillano, que había brindado a un conocido, tuvo más paciencia que “los de la Macarena y sus lágrimas”; lo intentó de una y otra forma, plegando la muleta, con pases genuflexos, intentando el embroque, pero nada que “Resistente” ya no era el de la canción “Resistiré” del Dúo Dinámico, porque Manolo se nos fue --el recuerdo para él y Ramón, cuya música nos dio tantos momentos alegres y lo seguirá haciendo con el archivo sonoro— y el toro desarrolló un sentido agresivo. Algunos espectadores pedían música y no estaba el ruedo para sones muleteros. Ortega liquidó al marrajo de pinchazo y estocada y escuchó ovaciones.

MARCO PÉREZ
Ya hemos dicho que con ese nombre venir a Cuenca son palabras mayores. Le faltó poco al joven torero salmantino de modelar su obra en el primer toro con un apéndice, para concluirla en el sexto con algún trofeo más y salir por la puerta grande para estar al lado del busto de Chicuelo II, obra del escultor de Fuentelespino de Moya, Luis Marco Pérez. El Marco Pérez torero del siglo XXI recibió a “Portador” de 522 kilos, negro salpicado, que contrastaba con los restantes castaños y colorados ojo de perdiz, lanceando la franela con naturalidad, pero el toro se le vino encima y salió airoso del trance. Tras el oportuno puyazo pidió el cambio y se lució en el quite por chicuelinas y la media, sin poder recrearse en el vistoso lance.
Brindó Marco al público desde los medios y su inicio de faena coincidió con sonidos de sirenas, entre tandas con la derecha y el de pecho. Un tanto acelerado y con muchas ganas, Marco fue sacando series sobre ambas manos, al son del pasodoble, y capeando incluso al viento, tras regar la muleta con la botella de plástico. (¡Ay el añorado botijo, que en Cuenca los hacían muy bien desde los hermanos Castillo y Pedro Mercedes con José y los alfareros de Priego!) El toro era portador de peligro sordo y Marco Pérez fue exprimiendo al burel con tanto valor como Chicuelo II, y con esa raza salmantina fue sacando muletazos, exponiendo mucho, circulares de dentro afuera, manoletinas y variado repertorio con la marca de la valentía sin límites, para remachar con el cambio de mano y el desplante. Pinchó en hueso, pero fue hábil con la estocada y se ganó la oreja del valor. La vuelta al ruedo fue clamorosa.
La salida del sexto coincidió con la música peñista de la andanada, coreada por el público, porque en la tarde pintaban bastos para los espadas de luces y oros, y ya bajo los focos, Marco pudo recibir a “Sombreto”, que salió suelto por el albero y se intuyó que andaba flojo de remos. Marco Pérez pudo recibirlo de capa en el centro del anillo con verónicas de buen trazo y el animal dobló las manos. Acudió al piquero y de nuevo la protesta del público ante la caía del burel, a quien recogió muy bien con el capote el peón de confianza de Marco. Parecía que ya no doblaba las pezuñas y Marco asentía, y entre protestas pidiendo la devolución se fueron cambiando los tercios pero no el burel. Marco Pérez quiso sacar faena muleteril, y entre pases por la derecha o por la izquierda el toro de El Pilar seguía cayendo a la arena y la bronca se iba multiplicando. No obstante, Marco Pérez hizo lo que estaba obligado a hacer, torear y sacarle faena, y tuvo momentos de excelentes muletazos y las consiguiente caídas. Arrimón del salmantino buscando el triunfo, que no llegó en forma de oreja por el pinchazo y la eficaz estocada, sino porque los pañuelos no fueron los suficientes para el palco. Eso sí, el público le hizo saludar para que en la Feria de 2026 Marco Pérez vuelva a Cuenca como artista que es.
En la despedida, aplausos para los tres toreros y bronca para la presidencia. Lo dicho, días de mucho, vísperas de poco. Aún nos queda la mixta.

LA FICHA
Cuarta corrida de la Feria de San Julián. Miércoles, 27 de agosto de 2025. Presidió Emiliano García, asesorado por Javier Canales y el veterinario Luis Colmenar. El joven diestro Marco Pérez hizo el paseíllo montera en mano por ser su primera actuación en Cuenca.
Alejandro Talavante (blanco y oro), silencio y silencio.
Juan Ortega (palo de rosa y oro), ovación en los de su lote.
Marco Pérez (grana y oro), una oreja y saludos con leve petición de oreja.
El ganado: Seis toros de la ganadería de El Pilar, desiguales de presentación y flojos en general. Peso: 490, 537, 522, 532, 481 y 512 kilos. Algunos pitados en el arrastre.
Incidencias: Más de media entrada en tarde de agradable temperatura pese a la calima. Ambiente más aoagado en los tendidos, en los que se comentaba aún la histórica corrida del indulto de pros y contras y las ocho orejas y rabo. Las peñas de San Mateo, con la animación de cada tarde tras la correspondiente lidia, con la anécdota final antes de la salida del sexto toro, de una cantante megáfono en mano, que fue coreada y aplaudida por el público y así distraer el aburrimiento general.
En el callejón se encontraba el matador de toros Fernando Adrián, protagonista triunfal de la corrida del martes. Mientras Marco Pérez daba la vuelta al ruedo, en el tendido 7 fue atendida una espectadora por parte del equipo médico de la plaza, accediendo al tendido en un buen salto el doctor Pulido. Un riego de la plaza tras el tercer toro hubiera evitado polvareda en los lances de capa.