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Huertos escolares, escuelas de vida y de aprendizaje

En torno al 30% de los centros educativos de la provincia cuentan con este recurso, una herramienta pedagógica que fomenta valores medioambientales y el trabajo en equipo

Huertos escolares, escuelas de vida y de aprendizaje
Fotos: Rebeca Pascual
31/3/2022 · Dolo Cambronero

Con apenas siete años, una niña pone tierra en un semillero, introduce unas pepitas de calabaza, riega y rellena con más sustrato. La escena la van repitiendo uno a uno todo el alumnado de una clase de segundo de Primaria del CEIP Federico Muelas de Cuenca, sustituyendo algunos de ellos las pipas por pequeñas semillas de acelga. La actividad se enmarca dentro de las acciones organizadas en torno al huerto escolar de este centro, una auténtica escuela de vida y de aprendizaje.

Porque el huerto es ideal para el aprendizaje experiencial: podrán aplicar en vivo y en directo los conocimientos teóricos adquiridos en el aula sobre el crecimiento vegetal, sabrán que hay que dejar a las mariquitas tranquilas porque se encargan de poner a raya al pulgón, conocerán cómo los restos orgánicos de su desayuno se pueden transformar en compost para las plantas y se fomentarán valores medioambientales y el trabajo en equipo, además de una metodología participativa. 

Capitaneado por Ester Moreno Lagullón, maestra de Infantil de la Comunidad de Aprendizaje CEIP Federico Muelas, el huerto escolar comenzó a fraguarse hace doce años aunque no se instauró de forma oficial hasta cursos después. “Había unos espacios de jardín llenos de escombros desaprovechados en el colegio y pensé que se podían acondicionar para sembrar”, cuenta la docente, que ya tenía experiencia con una iniciativa similar en otro colegio. Y con la ayuda del Ayuntamiento en los primeros momentos y la implicación de las familias, se fueron limpiando los terrenos y la iniciativa ha ido creciendo a lo largo de todo este tiempo: hortalizas de temporada y plantas aromáticas conviven con, entre otros árboles, un membrillero, un laurel, un manzano, un peral y un olivo, todavía de pequeño tamaño.

La experiencia del CEIP Federico Muelas ejemplifica una tendencia ascendente en el ámbito educativo en esta cuestión dado que cada vez son más los colegios e institutos que se animan a poner en marcha un huerto escolar, un proyecto de centro que asume toda la comunidad: alumnado, profesorado y familias, incluyendo incluso a los abuelos, explicada la delegada provincial de Educación, Sonia Isidro. “Hay más conciencia sobre desarrollo sostenible y economía circular”, subraya, cifrando en torno al 30% el número de centros conquenses que cuentan con este recurso.

Un recurso que para la delegada es una gran herramienta pedagógica puesto que promueve valores medioambientales y fomenta el trabajo colaborativo e intergeneracional, y también con el entorno del centro, poniendo como ejemplo al CEIP San Fernando de Cuenca, que colabora con Aldeas Infantiles. “Y supone la aplicación práctica de los conocimientos teóricos. El aprendizaje en los huertos es muy experimental, algo que va precisamente en la línea del cambio de ley educativa que tiende al desarrollo por competencias”, resalta.

Y también es una herramienta multidisciplinar ya que permite relacionar las actividades en el huerto con diferentes materias curriculares, desde el área del Conocimiento del Medio a las Matemáticas pasando también por Lengua Castellana y Literatura e idiomas.

Igualmente, la delegada provincial hace hincapié en que este tipo de proyectos suelen llevar aparejados interesantes talleres para el alumnado: de bombas de semillas, sobre composteras y de alimentación saludable.

Justamente en el CEIP Federico Muelas de Cuenca cuentan con una compostera, a la que van a parar las peladuras de la fruta y otros restos orgánicos que acabarán transformándose en compost, siguiendo el alumnado todo el proceso. “A los niños les encanta ver los bichitos actuar”, asegura la coordinadora del huerto escolar.

Otra de las ventajas de contar con un huerto escolar es que se fomentan en el alumnado hábitos como la responsabilidad y el compromiso para llevar a cabo las tareas necesarias para el mantenimiento del espacio. De hecho, en el caso del semillero con calabaza y acelga con el que se comenzaba este reportaje, será el o la responsable de turno de la asamblea de la clase quien se encargará de regarlo regularmente hasta que la planta nazca, crezca un poco y se pueda entonces trasplantar al patio del colegio.

“Eso es lo que más le gusta a los niños, plantar en el huerto. Y luego también les encanta ver cómo va creciendo lo que han sembrado y recoger luego el fruto. Aprenden mucho con esta actividad”, considera Mari Carmen, maestra de estos niños, una de los cuales cuenta que sus abuelos también tienen un huerto en su pueblo y ella les ayuda con las tareas. “Tienen calabazas, pepinos, coliflor, col...”, precisa.

Huertos escolares, escuelas de vida y de aprendizaje

Al hilo de esto, Moreno Lagullón hace hincapié en que, puesto que el colegio trabaja como comunidad de aprendizaje, otro de los retos es implicar a las familias, así como propiciar que los pequeños pregunten a sus abuelos sobre huertos para favorecer la relación intergeneracional. Y no solo eso, también se busca el vínculo con el entorno. “Un vecino del barrio me dio hace poco semillas. La idea es poder intercambiar. Y algunos usuarios de La Bene [la vecina Residencia Sagrado Corazón de Jesús] se acercaban a nuestro huerto. Ellos tienen uno en su patio. Me gustaría trabajar con ellos”.   

La implicación de las familias la han logrado sobradamente. “Estoy muy agradecida. Siempre ayudan”, dice la responsable de este recurso, que se jubilará el próximo curso. Para asegurar la continuidad del proyecto, se ha constituido una Comisión de Huertos, de la que forman parte padres y madres del alumnado. Esto permitirá que este año planten también tomates, algo que no se hacía antes dado que no se podían ocupar del desarrollo de este vegetal porque coincidía con las vacaciones escolares. Ahora, las familias se ocuparán del huerto julio y agosto.

El huerto está dirigido a todo el alumnado, adaptando los contenidos que se trabajan a la edad de los niños, y se planifican siembras cada trimestre. En diciembre, ya plantaron cardos, ajos, habas y rabanitos. “Ya se empiezan a ver”, señala. Y luego han venido fresas, guisantes, perejil y zanahorias, a las que se sumarán en breve, cuando estén listas para trasplantar, acelgas y calabazas.

Unas calabazas que a los niños les encantan para Halloween. “Cuando volvemos en septiembre, se ponen muy contentos al verlas”, dice. Igual de alegres que al recoger los frutos que va dando el huerto según la época, que incluso se pueden llevar a casa. Bueno, lo que queda: “Los guisantes les encantan y se los comen. Y las habas”. Además, son huerto solidario y colaboran con la Fundación Soliss.           

Y el centro también ha solicitado poner en marcha un núcleo zoológico en un terreno aledaño público. “Nos gustaría tener gallinas, un gallo, conejos…”, desea.

OTRAS EXPERIENCIAS

Los huertos escolares son también una buena herramienta de concienciación sobre reciclaje y reutilización. “Intentamos generar el mínimo de residuos”, dice Moreno Lagullón mientras señala las tejas y otros objetos que han aprovechado para parcelar y salvar el desnivel en una parte del huerto.

En la provincia, la delegada de Educación destaca en este ámbito los casos del CEIP Virgen de la Rosa de Beteta y el CRA Tomás y Valiente de Casas de Fernando Alonso, que  han reutilizado neumáticos y objetos viejos como zapatillas y zapatos para montar sus huertos. En otro nivel, Isidro también resalta la experiencia del CRA Los Olivos, de Cañaveras, que cuenta con este recurso en todas sus secciones.  

Experiencias que, como resalta Moreno Lagullón, están poniendo, nunca mejor dicho, la “semillita” para un mundo más sostenible.

Huertos para la recuperación de la biodiversidad

Con el objetivo de recuperar la biodiversidad agrícola amenazada en territorios como Castilla-La Mancha, entre otros del país, la Fundación Global Nature puso en marcha hace cuatro años un proyecto para la creación de huertos escolares en los que se apueste por semillas autóctonas, además de fomentar valores medioambientales en el alumnado. “Es una gran herramienta pedagógica para trabajar muchas cuestiones”, explica Javier Ruiz Sánchez, coordinador de esta iniciativa, quien resalta que con este recurso se pueden trabajar contenidos de varias asignaturas. 

Desde la entidad observaron carencias en el profesorado sobre esta materia por lo que pusieron en marcha formación online gratuita, ofreciendo también materiales didácticos sin ningún coste. En este ámbito, abrieron una convocatoria nacional en la que resultó ganador el CEIP Infanta Cristina de El Provencio, a quien se dio asesoramiento telemático para poner en marcha un huerto escolar. Además, una técnico de la Fundación Global Nature se desplazó hasta el colegio para impartir una sesión formativa presencial, en la que se trabajó con doscientos alumnos cuestiones como el reciclaje, entre otras.     

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