'La comarca': tercera generación al frente de la carnicería de Boniches
Sandra y Raquel Palomares son las hermanas que desde hace tres años se encargan de mantener vivo un negocio que es prácticamente fundamental para la localidad serrana de Boniches. Ellas son la tercera generación que regenta la carnicería familiar ‘La comarca’, un establecimiento que abrió sus puertas hace más de cincuenta años y que hoy sigue siendo un punto de referencia para el centenar de vecinos que habitan el municipio.
Una ardua labor en el medio rural conquense que recientemente ha sido reconocida con una de las becas ‘Tierra de Emprendedoras’ que otorga la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) de Castilla-La Mancha. Algo que, explican las hermanas, las pilló por sorpresa, ya que hacía tiempo que habían presentado su candidatura.
“No esperábamos la llamada porque ya lo habíamos hecho hace tiempo, pero es un reconocimiento al trabajo y a la labor”, comentan sobre este galardón que pone en valor el esfuerzo de emprender en el medio rural “y que nos anima a seguir adelante”.
La historia de esta carnicería se remonta a 1972, año en el que su abuela Francisca puso en marcha el negocio. Posteriormente, fueron sus padres quienes continuaron con la actividad hasta su jubilación. Fue en ese momento, hace tres años, cuando Sandra y Raquel decidieron dar un paso al frente y dedicarse cuerpo y alma al negocio familiar. “Las dos queríamos quedarnos a vivir en el pueblo, vimos que era viable seguir y aquí estamos”, relatan con una sonrisa en la cara.
Aunque eso sí, el camino de Sandra y Raquel no estaba predestinado a acabar detrás del mostrador de la carnicería, o al menos eso pensaban ellas cuando eran más jóvenes. Ambas salieron de Boniches para formarse en la universidad: Sandra estudió Informática en Albacete y Raquel cursó Magisterio en Cuenca. Tal y como recuerdan, la mentalidad de la sociedad en aquel entonces empujaba a los jóvenes a marcharse.
“Antes la sociedad te vendía que te tenías que ir a estudiar y a trabajar fuera; era como que en el pueblo no había futuro”, señalan. De hecho, ninguna de las dos tenía planeado regresar para vivir en Boniches de forma permanente. Raquel llegó a trabajar en ASPADEC en Cuenca y ejerció de maestra durante un tiempo breve antes de su embarazo, mientras que Sandra trabajó en empresas de Valencia y Cuenca.
Sin embargo, por diferentes avatares de la vida decidieron volver a Boniches junto a toda su familia. Y aunque la idea inicial no era continuar con el negocio familiar, la oportunidad surgió y decidieron aprovecharla. “Una vez que empezamos, no he pensado qué habría sido si hubiera seguido con lo mío”, relatan, dejando claro que en todo este tiempo no se han planteado nunca dejarlo. “Tenemos la familia, la vida y el trabajo en el pueblo, y eso no está pagado”.
“Queríamos quedarnos a vivir en el pueblo y vimos que era viable seguir con la carnicería”, explican Sandra y Raquel Palomares
Para que un negocio funcione en un pueblo que ronda los 130 habitantes, es necesario ofrecer algo distinto. Por eso, las hermanas Palomares decidieron hace tiempo expandir su pequeña carnicería hacia una tienda de conveniencia con productos de toda índole, sin dejar de lado su valor añadido: la elaboración propia y artesanal de todos los artículos cárnicos, algo que las diferencia de las grandes superficies a las que la gente está habituada a ir. “Elaboramos el producto nosotras mismas, con las técnicas y recetas que ya tenía nuestra abuela porque si no hiciéramos eso, la gente compraría fuera”, explican.
Elaboran morcilla de cebolla y arroz, chorizo, longaniza, así como embutidos secos como salchichón o fuet. Además, subrayan la importancia de una técnica tradicional muy concreta: el adobado en orza. “Hacemos la orza como se hacía aquí desde hace décadas, y eso es algo que también se busca mucho”, apuntan.
Aunque podría parecer que estas técnicas están desapareciendo, una de las sorpresas que se han llevado con el negocio es que el cliente sigue demandando el producto hecho a mano y que lejos de ser una costumbre solo de la gente mayor, ven que los jóvenes también siguen apostando por lo natural frente a los procesados industriales.

La carnicería de las hermanas Palomares cumple una función que va más allá de la venta de alimentos. En Boniches, mantener abiertos los comercios es vital para la supervivencia del municipio. “Si no hay tienda, podría ser que otros negocios tuvieran que cerrar, porque aquí todos funcionamos como una cadena: si hay tienda, hay bar y hay casas rurales, y así el pueblo funciona”, analizan.
Preguntadas sobre si cambiarían su vida actual por un trabajo en una gran multinacional o por volver a la ciudad, la respuesta es negativa. “Si ahora te ponen un trabajo en una ciudad, yo me quedo con esto. La calidad de vida de aquí no la cambiaría”, afirman con rotundidad.
Valoran la tranquilidad y las facilidades que existen hoy en día para la conciliación en el medio rural, gracias a servicios como el Plan Corresponsables y el colegio de 0 a 3 años. “En una ciudad, o tienes abuelos que te ayuden o lo tienes muy mal. Aquí la gente te ayuda”, explican. También destacan la seguridad con la que crecen sus hijos.
“La calidad de vida de aquí no la cambiaríamos por la ciudad”, subrayan las hermanas Palomares
Juan José Palomares, padre de Sandra y Raquel, no oculta su satisfacción al ver que sus hijas han continuado con lo que iniciaron sus padres. “Para mí es un orgullo porque ya lo tenían mis padres, lo tuvimos nosotros y que ellas hayan querido seguir es más que una satisfacción”, declara. Además, como buen padre, deja claro que sus hijas viven mejor en Boniches que si estuvieran en cualquier otra ciudad.
La fundadora del negocio, la abuela Francisca, llegó a ver cómo el negocio continuaba en manos de la tercera generación antes de fallecer. “Era consciente de que sus nietas íbamos a seguir con esto”, explican las hermanas, quienes recuerdan cómo llegó a ver la tienda actual tras una profunda reforma que acometieron en el local de toda la vida. Incluso participó en algún vídeo vinculado a proyectos de apoyo al medio rural así como en un progama de televisión autonómica.
Mirando hacia el futuro, parece que la tendencia de marcharse del pueblo está cambiando. El hijo de Raquel ya piensa en quedarse y orientar su futuro hacia el sector forestal. Además, tienen otro familiar que actualmente está opositando con el objetivo claro de regresar a Boniches. “Antes era ‘vas a estudiar y te vas fuera’, pero ahora mucha gente joven se plantea quedarse”, concluyen Sandra y Raquel, evidenciando que el futuro de Boniches pasa por quienes, como ellas, deciden apostar por su tierra y emprender en ella.