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La memoria de doña Gregoria: la gran filántropa de Cuenca

Heredera de una importante fortuna, la benefactora vinculada a Molinos de Papel dedicó su patrimonio a ayudar a los pobres, levantar escuelas y financiar a artistas de la época
La memoria de doña Gregoria: la gran filántropa de Cuenca
Panteón donde reposan los restos de Gregoria de la Cuba y Clemente. Foto: Saúl García
18/01/2026 - Eduardo M.Crespo

En una época en la que pocas mujeres tenían voz y predicamento en la vida pública de nuestro país, una mujer conquense, de nombre Gregoria de la Cuba y Clemente, logró construir un enorme legado social y cultural cuyos ecos todavía hoy resuenan en la ciudad de Cuenca y en la pequeña localidad de Molinos de Papel. 

Rica heredera, de profundas convicciones religiosas y con una gran conciencia social, Gregoria de la Cuba y Clemente dedicó buena parte de su fortuna a aliviar la vida de las personas más necesitadas, a fomentar la educación entre sus vecinos y a impulsar la carrera de muchos artistas de la época. Más de un siglo después de su muerte, su memoria sigue muy presente en algunos espacios emblemáticos de la ciudad, en la institución que fundó y en el recuerdo colectivo de muchos conquenses. 

 

 

Plaza de Molinos de Papel. Foto: Saúl García

 

Nacida en Cuenca el 25 de mayo de 1824, doña Gregoria provenía de una familia de aristócratas conquenses que asentó su linaje en la capital y amasó su fortuna con tierras, ganado y molinos papeleros en la ribera del río Huécar, en la pequeña, pero muy poderosa por aquella época, localidad de Molinos de Papel.

“Gregoria de la Cuba y Clemente fue la última descendiente de una larga familia que procedía de Villanueva de la Jara y en la que hasta hubo varios obispos y comerciantes influyentes. Fruto del matrimonio de Félix de la Cuba y una descendiente de los Aróstegui, María Josefa Rita Clemente de Aróstegui, nació Gregoria, heredera universal de toda esa tradición y riqueza”, nos cuenta el historiador y escritor conquense Julián Recuenco, para quien la labor filantrópica de doña Gregoria fue inmensa, aunque “no lo suficientemente reconocida”. 

“Fue la última descendiente de una larga familia que procedía de Villanueva de la Jara y en la que hubo varios obispos y comerciantes influyentes”
Retrato de Gregoria de la Cuba y Clemente. Foto: Diccionario biográfico de Castilla-La Mancha

Criada en la casa familiar de la calle Correduría 96, hoy calle Alfonso VIII, Gregoria compartió infancia con sus hermanos Benito, Hilario, Evaristo y Juana, y años después convivió largo tiempo en su residencia conquense con su madre y su hermano Evaristo, abogado en ejercicio en la capital. Gregoria nunca contrajo matrimonio y vivió entre Cuenca y la capital de España gestionando sus bienes y dedicándolos a fines sociales y culturales.

De su vida personal se conservan muy pocos detalles. Un retrato al óleo encargado a uno de los pintores que ella misma apoyaba nos la muestra como una mujer sobria, elegante y consciente de su estatus, una imagen de serenidad que no es casual: “Lo que la hace una mujer adelantada a su tiempo fue su forma de actuar, su compromiso con la sociedad y con los más pobres, algo nada común en el conjunto de la sociedad de entonces”, detalla el catedrático Recuenco.

 

UNA FILÁNTROPA EN TODA REGLA

Doña Gregoria de la Cuba y Clemente es recordada en Cuenca como benefactora en diversos ámbitos de la sociedad del siglo XIX. Su afán por construir una sociedad mejor la llevó a ceder tierras a campesinos con rentas mínimas, a ofrecer trabajo en tiempos difíciles, a apoyar a numerosos artistas y a financiar estudios con la creación de becas. Pero quizá su obra más destacada fue levantar una Fundación que aseguraba, una vez fallecida, el que su fortuna siguiera destinada a los más necesitados. 

Gracias a esta institución, Gregoria consiguió construir escuelas, concedió ayudas a obreros y campesinos, y entregó dotes a mujeres humildes. Su visión adelantada de la vida contrastaba con las estrecheces de una época en la que los hombres podían optar a becas para estudiar en el extranjero, mientas que las mujeres quedaban relegadas a opciones matrimoniales y religiosas. “Junto con Lucas Aguirre, Gregoria fue una de las grandes filántropas del siglo XIX. Impulsaron colegios y obras de caridad que supusieron un verdadero desarrollo social en una época muy difícil”, apunta Recuenco.

 El pequeño enclave de Molinos de Papel se convirtió en el corazón de la enorme generosidad y bondad de doña Gregoria. Allí ordenó construir una escuela en 1903, un centro pionero en la aplicación de métodos pedagógicos innovadores. “Para la sociedad de Molinos de Papel supuso un verdadero cambio. Sin esas iniciativas, la vida en Molinos de Papel habría sido mucho más difícil en el siglo XIX”, explica Recuenco.

 

Doña Gregoria falleció en Madrid con 72 años en 1896 y fue enterrada en su panteón familiar de estilo neogótico ubicado a la entrada de Molinos de Papel. Buena parte de los molinos de este municipio eran de su propiedad y en su honor se construyó esta capilla-panteón en cuyo interior hay un lienzo de la Virgen del Trepo. En Cuenca, bajo los tilos del Parque San Julián, una escultura de bronce del artista Marco Pérez rinde homenaje a su memoria con una inscripción que define a esta gran mujer como “bienhechora de los pobres y protectora de las letras y el trabajo”.