23 de Enero de 2021 Son las 21:40

Opinión

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Especial Semana Santa 2020
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Comando Violeta Cuenca

"El virus que persiste"

Hoy, 25 de noviembre de 2020, elegimos no manifestarnos, ni concentrarnos, ni realizar ninguna actividad de calle por precaución sanitaria ante el virus COVID-19. Esto rompe nuestra rutina, cuando siempre para esta fecha hemos levantado nuestra voz contra otro virus que lleva más tiempo viviendo entre nosotras: el machismo.

Y es que el patriarcado no ha menguado durante la pandemia;, de hecho, con la excusa de la crisis y el confinamiento, ha salido reforzado. Han sido numerosos jueces y fiscales quienes han reconocido que durante el estado de alarma los delitos más frecuentes estaban relacionados con la violencia de género. Las llamadas al teléfono 016 aumentaron un 42%[1] , y las consultas online se dispararon un 457%[1]. Ahora tenemos un virus COVID urgente y muy importante, sí. Y a pesar de ello y sin querer minimizarlo, hoy queremos seguir recordando que existe el machismo en su máxima expresión, el patriarcado, causa decenas de asesinatos desde que hay fuentes oficiales.

Sin duda, los hijos e hijas de las víctimas del machismo que conviven con su maltratador, resultan gravemente afectados, pues, la naturaleza y frecuencia con que se manifiesta la violencia del padre o pareja de la madre hacia esta afecta a los niños y niñas de forma directa, pero es que además se sabe que, en estas situaciones, la probabilidad de que los menores también sean maltratados es muy alta. En la macroencuesta sobre violencia de género de 2015 se constató que el 58,8% de los hijos e hijas menores de edad fueron testigos de alguna manifestación de violencia sobre su madre y el 37,7% sufrieron también ellos la violencia directamente.

Y, desde que se declaró el Estado de Alarma hasta que todas las localidades entraron en Fase 3, la Fundación Anar (cuyo objetivo es ayudar a niñxs y adolescentes en situación de riesgo) atendieron a 1.441 menores, las psicólogas de la fundación detectaron 863 casos graves, 400 menores les contactaron solo para solicitar auxilio. ¿Queréis conocer el relato de una de estas niñas? “Mi padre me insulta, me pega y me toca mis partes íntimas. No puedo salir de casa, me siento atrapada”.

En el pico de estas violencias se encuentra el feminicidio, es decir, cuando las mujeres son asesinadas por el mero hecho de ser mujeres. Durante el confinamiento asesinaron a 8 mujeres, siendo los asesinos familiares de estas víctimas. El número de feminicidios familiares está aumentando, especialmente en el caso de hijos de maltratadores que deciden seguir el rol del padre.

Si normalmente es difícil saber qué pasa en un hogar de puertas para adentro, con el confinamiento aún más, ya que las víctimas no se han relacionado, y, por tanto, no han podido mostrar su sufrimiento.

Fig 1. 75 feminicidios y asesinatos a mujeres han sido realizados en España durante 2020 hasta la fecha 29/10/2020, según la web feminicidio.net

Mucha gente habla de que durante la pandemia se han dado cuenta de que su hogar no era tan cómodo como pensaban, de que no conocían de verdad a sus familiares, o de que su relación no avanzaba. Pero como hemos dicho, muchas mujeres han vivido un tormento por encontrarse encerradas en un lugar que, irónicamente, debería ser el lugar en el que sentirse más seguras.

Y es, que, como cantaba Bob Dylan en los 60, “The times they are a-changin” –“Los tiempos están cambiando;, la vida no volverá a ser igual después del COVID-19, pero hay algo que será igual si no terminamos con el otro virus.

Las mujeres seguiremos viviendo violencia al caminar por las calles, seguiremos viviendo desigualdades (y potencialmente violencia) en las relaciones de pareja por el hecho de ser mujeres, seguimos siendo minoría en los trabajos más altamente remunerados y ejecutivos y a la vez mayoría en los trabajos más precarios y/o de cuidados- Y, como se ha hecho visible durante esta pandemia, la brecha de género se está abriendo aún más. Y no nos confundamos, que esto nos pasa a las mujeres por serlo, por socializar como mujeres independientemente de nuestro contexto socioeconómico, condición de migrante, orientación sexual, capacidad, etc. La igualdad sigue siendo un espejismo y queremos esa vacuna que lo consiga.

Todos los telediarios hablan sobre la posible vacuna del COVID-19, pero ninguno menciona una posible vacuna contra el machismo. Las hay desde hace décadas. Así, la tesis publicada en 2009 por Patricia Melgar Alcantud[2] dice literalmente que “la concepción del amor como irracional y la potenciación de modelos de atractivo vinculados a la violencia son las principales barreras que dificultan la superación de la violencia de género.

La primera dosis de la medicina podría ser realizar un debate público y educación temprana acerca de la socialización en el amor, de los modelos de atractivo y cómo estos nos acercan a enamorarnos de una manera que, en lugar de alejarnos, nos acerca a la violencia de género;, entender los mitos y estereotipos que seguimos considerando como deberes en tanto que mujer/hombre, los perfiles de personas que encontramos como atractivas y cómo se ha construido ese pensamiento.

También es importante un antídoto, consistente en dar voz a las voces de mujeres desde un punto de vista igualitario, colaborativo y de transformación de las imágenes polarizadas (la santa, la puta, la princesa, la bruja…) hacia unas imágenes mucho más reales a lo que somos, mujeres diversas que merecemos vivir en libertad.

En definitiva, ¿por qué no poner en cuarentena al virus del machismo? ¿Por qué no construir una sociedad feminista en la que no haya diferencia por sexo, orientación sexual o clase social?

Seguimos en la lucha, día a día, porque a pesar de los virus, nosotras trabajamos para erradicarlos.

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