Gaza: contra el olvido
Sí, Gaza sigue ahí, martirizada y oprimida víctima de genocidio, por más que al socaire de un alto el fuego decidido por quienes no lo sufrieron ni lo sufren que se nos quiso vender como un plan de paz pero que ni abordaba el final de aquel ni la ocupación ilegal del territorio de la Franja ni el en la práctica acusaba al real sistema de apartheid que impuesto en su día por Israel, y aparte de desencadenantes circunstancias ocasionales, estuvo siempre en el origen, en la base de las causas estructurales de la situación a la que finalmente se llegó. Sí, Gaza sigue ahí masacrada y, seamos claros, esclavizada, aunque, como tantas otras veces, el foco de la información en los medios, tras su anterior continuada atención a la tragedia, se vaya diluyendo cual azucarillo en agua rumbo al abismo del olvido. Tan sólo puntualmente, y salvo honrosas pero muy minoritarias excepciones, las lluvias torrenciales que el 15 y 16 del pasado noviembre inundaron las tiendas de miles de gazatíes desplazados anticipando lo que les puede suceder, lo que seguro que les está ya sucediendo, con el rigor del invierno, devolvieron mínimamente la presencia de su sufrimiento a la cabecera de los telediarios o a los titulares de prensa para casi de inmediato volver a borrarse de la agencia mediática y entrar en ese no ser del no contar que inevitablemente lleva, consciente o inconscientemente, al limbo del no existir. Se nos han dejado prácticamente de narrar no ya sólo las infracciones mismas de las condiciones establecidas por la tregua cometidas por unas fuerzas militares israelíes establecidas en el sesenta por ciento del territorio que invadieron, sino las continuadas restricciones a la entrada y distribución de una ayuda humanitaria imprescindible no sólo para la estricta supervivencia diaria de sus legítimos habitantes, forzados a desplazamientos masivos e inhumanas condiciones de establecimiento y sin esperanza de retorno a unos hogares concienzuda y criminalmente arrasados, sino para un mínimo restablecimiento de los servicios esenciales de suministro de los bienes esenciales, no digamos ya para la recuperación de una atención médica devastada, en una acción opresiva que por ejemplo impide a la población palestina, entre otras medidas, el regresar a sus zonas de cultivo y poder así acceder a formas independientes de sustento manteniéndoles con ello bajo el te doy no te doy de una ayuda precaria, incompleta y arbitrariamente regida por las directrices del ejecutivo de Netayanhu en lo que no deja de ser otra forma de continuar ejerciendo la más deliberada acción punitiva. Todo ello sin olvidar que en paralelo en la Cisjordania ocupada la política estatal israelí de discriminación y traslado forzado de personas palestinas continúa empeorando y aumenta la violencia y los homicidios respaldados por los colonos israelíes y su protector Estado en un generalizado clima de violencia y discriminación institucionalizada. Pues de todo esto –no hablemos ya de que los responsables pudieran llegar algún día a ser condenados por su brutal y masivo atentado a los derechos humanos y los sin lugar a duda alguna crímenes de guerra cometidos– ya no escuchamos prácticamente nada hasta que, en tampoco tanto tiempo, lo acabemos sacando no ya de nuestras preocupaciones sino hasta de nuestra memoria, que bien sabido es que lo que no se cuenta es, en la práctica, como si no hubiera sucedido. Por Dios, por honestidad, por lo que sea, por un mínimo respeto a nosotros mismos, a nuestra propia condición de seres humanos con conciencia y decencia, no lo permitamos. Luchemos contra el olvido: Gaza y su desastre humanitario siguen ahí, recordémoslo e intentemos que también los demás lo recuerden, lo sigan recordando.