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Solidaridad y empatía

A la hora de escribir estas líneas la cifra de personas fallecidas en el accidente ferroviario de Urda era de 69. Los heridos rondaban los 180. Para quienes viajaban en esos dos convoyes de RENFE, lo que debería haber sido un viaje rápido y sin incidencias se convirtió en una experiencia de pesadilla que no olvidarán jamás… muchos de ellos no podrán contarla. Haber sobrevivido a un siniestro de tal magnitud dejará una huella imborrable que acompañará a estas personas el resto de sus vidas, porque las imágenes y los acontecimientos de los que han sido testigos no se superan fácilmente. Por eso ahora es vital la labor de aquellos profesionales que se dedican a la asistencia psicológica. Vaya desde estas páginas nuestro más sentido pésame a las familias y allegados de las víctimas mortales y nuestro deseo de que los heridos se recuperen lo antes posible y no sufran traumas ni físicos ni psíquicos. También nuestro homenaje a quienes desde el primer momento han participado en los dispositivos de todo tipo puestos en funcionamiento con gran eficacia.
Coincidimos con gran parte de la sociedad española en que las actitudes de la ciudadanía y de las instituciones deben dirigirse a expandir la solidaridad y la empatía con los afectados y a solucionar las dudas y las demandas de sus familiares en relación con sus parientes fallecidos y/o heridos. También a avanzar en la investigación de lo sucedido y trabajar lo más rápido posible en el lugar del accidente para que la vía pueda reabrirse y se recupere un servicio muy importante para muchos ciudadanos del país. Por ello, debe primar la colaboración y no los intentos de polarización y aprovechamiento de la tragedia con fines electoralistas, como ya estamos percibiendo en las declaraciones y posturas de ciertos líderes políticos. Es momento de llorar a las víctimas, desear la recuperación de los heridos y mantener un tono positivo, porque de nada sirve enconar el ambiente y formular acusaciones sobre un suceso desgraciado que se está investigando desde varios frentes. Llegará después el momento de buscar responsables y asumir culpabilidades.
Resulta evidente, como ya afirmó Pedro Sánchez en sus primeras declaraciones, que un país como el nuestro no puede asumir en tan poco tiempo y en el mismo trazado de alta velocidad dos graves siniestros que han dejado más de un centenar de fallecidos y docenas de heridos de diversa consideración. No podemos descartar que existen los accidentes provocados por la causalidad o el error humano, pero tampoco que está en manos de la administración del Estado mantener impecables las infraestructuras e implementar mecanismos de seguridad de última generación que eviten situaciones como las que, según los primeros indicios, se han producido en las cercanías de la localidad toledana. Para ello hay que dedicar no sólo dinero sino también la voluntad política necesaria para emplear ese dinero en lo que realmente se necesita. Porque aunque se demostrara error humano o negligencia en un choque de trenes, los responsables técnicos y políticos no podrían quedar exonerados si se demostrara que no han puesto los suficientes recursos para garantizar los mayores niveles de seguridad para los usuarios. Las investigaciones en marcha sobre la tragedia de Urda determinarán con precisión qué sucedió, después será cuestión de la Política habilitar cauces para que no vuelva a suceder o no habremos aprendido nada.