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Miguel Romero
16/10/2026

Tondos tuvo pregón

Después de once años, me volví a sentir especialmente bien, cuando el alcalde pedáneo de la localidad de Tondos, adscrita al Ayuntamiento de Cuenca, José Luis Muñoz volvió a pedirme con insistencia que fuera su pregonero festivo en el día de San Miguel 2026, mi santo por devoción y nombre. No podía negarme.
Y así fue. Allí ante numeroso público congregado, representantes del consistorio municipal de la ciudad, encabezados por nuestro alcalde Darío Dolz, acompañado de todos cuántos partidos políticos nos representan, pude ofrecer mis pinceladas sobre la historia del lugar y especialmente, sobre las anécdotas curiosas y sentimentales que un pueblo rinde a sus antepasados.
A veces la historia está confusa en muchos de sus acontecimientos, incluso, los “papeles viejos” nos son lo suficientemente claros en sus datos, pero de una u otra manera, la aldea de Tondos ya debía de existir en tiempo de reconquista cristiana de estos lugares, ya que en 1181, el rey Alfonso VIII, agradecido del valor de sus gentes, con mucha solemnidad permutaría a don Tello Pérez, junto con la mitad de Ocaña y unos molinos en la ribera del Júcar, la villa de Malagón en Toledo.
En el año 1654, las tierras que aquí tenía el hospital de San Antón de Cuenca y la llamada Arca de la Limosna recogían grano suficiente para poder mantener a toda la población y entregarle además, unas cuantas fanegas al Obispado de Cuenca, cada año.
Su hermandad de la Vera Cruz fue altamente reconocida. Todos los vecinos formaban parte de ella y acompañaban con sus hachas encendidas en todos los funerales de sus cofrades, bajo pena de excomunión.
En el Catastro de la Ensenada, año de 1752, el mayor hacendado era don Fernando Page y la población tenía cuarenta vecinos que eran pecheros, un pobre de solemnidad y tres viudas. Eran labradores y pastores, estos últimos altamente reconocidos por la excelente lana de sus ganados.
Siguiendo con algunos documentos de estudio, nos encontramos que en 1893 el barbero del lugar era Lucas Jiménez García, el herrero Gregorio Igualada López y las Capellanías de su iglesia las poseían doña Juana de la Banca y doña María Pérez.
Hablar de su iglesia de la Natividad o de los retablos de la Adoración, la Anunciación y la Presentación son palabras mayores, por la excelente calidad artística.
Pero también de su paisaje, de sus hondonadas y hoyas que le dan el topónimo, tanto al propio pueblo como a parajes de su término: Hoya del Molino, Hoya del Olivar y los Pozuelos.
Por eso, estas depresiones y vaguadas orográficas nos ayuda a comprender la ubicación del lugar, los recuerdos del pasado, la necesidad de un futuro mejor entre la vecindad, con adecuación de todos los servicios que deben de mejorar su calidad de vida.
1.050 hectáreas de montes y 1.434 hectáreas de agricultura daban hogar a 750 cabezas de ganado lanar, varias fincas rústicas y urbanas en aquel 1972, cuando el consistorio de Cuenca presidido por don Andrés Moya, concedía a petición de sus vecinos, la dependencia municipal a la ciudad de Cuenca, situación administrativa que sigue en vigor.
Sin duda, disfruté haciendo pregón, ante tanto público, agradecido, y me sentí más conquense todavía, entendiendo que los valores del ser humano dependen directamente de su concepción como tal, cuando la humildad y la generosidad envuelve a sus gentes. Gracias Tondos.