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Orión
27/01/2016

Slow City (Ciudad Lenta)

Hace unos años, Antonio Melero, concejal independiente en el consistorio conquense, defendió en Pleno una moción para que el Ayuntamiento solicitase la incorporación de la ciudad al movimiento de Slow Cities (Ciudades Lentas).


Es este un movimiento internacional creado en la región de la Toscana italiana en 1999 que propone una estrategia para mejorar la calidad de vida de las personas eliminando la prisa y reivindicando la vida tranquila, la serenidad, el disfrute del tiempo y una mayor humanización en las relaciones sociales. Muchas ciudades ya han adoptado el sistema y desarrollado estrategias que, en muchos casos, sirven incluso de reclamo turístico.


La moción se aprobó y nunca se ha sabido nadad más sobre ella. Antonio Melero abandonó la política tras una nueva y fugaz aparición (¡una pena!).


Pero ser una Slow City no es ser una ciudad en la que se pierde el tiempo dilatando los proyectos hasta convertirlos en una caricatura. Ser una Slow City no es parecer una ciudad parada. Y eso es lo que parecemos. Esa es la imagen que en muchos aspectos estamos dando. No estamos parados, pero esa es la imagen que damos si atendemos a la velocidad con la que se están gestionando muchos proyectos, muchas iniciativas inconclusas. Muchos son los problemas por resolver y poca la prisa. Pero eso no es ser una apetecible Slow city, sino una ciudad dormida.


¿Falta de interés? ¿Incompetencia? ¿Dificultades insalvables? ¿Diferencias de opinión paralizantes? ¿Estériles debates que reabren asuntos en un bucle que parece no tener fin?


Cada cual tendrá su opinión, pero lo cierto es que nos mostramos ante el mundo como una ciudad paralizada en su peor versión.

Evencio, que ha vuelto de sus muy dilatadas vacaciones invernales, me da la razón (por una vez) y enumera algunas de las cuestiones que sirven de buen ejemplo y justifican el sentir general que se palpa en la calle.


-¿Cuántos años lleva la plaza de Mangana cerrada, en desuso y en obras? Casi veinte. ¿Cuántos lleva cerrado el Jardín de los Poetas? Siete. ¿Cuánto se lleva hablando de la Casa del Corregidor y de su restauración? ¿Cuánto hace que esperamos por el arreglo y ampliación del Arqueológico, de la ruina en la que se ha convertido el jardín del Salvador, de los contenedores averiados de la Plaza Mayor y del Obispo Valero?


-Hace ya un año que se encargó al Consorcio el arreglo de la Bajada de las Angustias. Llegará la Semana Santa y seguiremos sufriendo el tormento de una calle peligrosa y extraordinariamente incómoda, sobre todo para las mujeres.


-¿Cuántos años lleva esperando el Bosque de Acero a que se culmine el resto del proyecto de mejora medio ambiental y lúdico-deportivo del que el edificio de Moneo sólo era una parte? ¿Alguien ha vuelto a poner sobre la mesa el proyecto del Palacio de Congresos o el plan de ordenación municipal, o los terrenos de Adif?


¿Cuánto tiempo llevamos tirando el chompo sobre Carretería?, terminó Evencio su alegato diciendo: aquí lo único que tiene su tiempo y no se demora es la Semana Santa.


Asiento consternado y pensando que en una cuenta corriente el Consorcio acumula mucho dinero ocioso mientras obras y proyectos se estancan sin que a nadie parezca preocuparles y los representantes de las instituciones discuten si son galgos o podencos los que vemos alejarse.


-No. Es el progreso lo que se aleja. Terció Evencio, y remató con mosqueo: y no vuelvas a decir que la pasta está en una cuenta corriente. Está en una cuenta quieta.


Se levantó, pago su café y se perdió en la niebla. Me pareció una buena imagen.


Queda dicho.