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José Ángel García
José Ángel García
19/05/2024

Recuerdo y agradecimiento

Si algo resulta indubitable en la historia de la práctica artística conquense contemporánea es la influencia decisiva que tuvo y ha seguido teniendo en ella el asentamiento en nuestra capital de la colección de Arte Abstracto que Fernando Zóbel inauguraba el 1 de julio de 1966 en las por aquellos días restauradas Casas Colgadas.

Su apertura, aparte de colocar a Cuenca en la agenda plástica nacional, iba a significar un radical antes y después en nuestra propia vida cultural por su papel como esencial elemento catalizador de su desarrollo al poner en marcha un motor dinamizador que no sólo iba a acercar a la generalidad de los conquenses la plástica en ese momento más vanguardista de nuestro país sino que iba a colocar a la ciudad en el calendario plástico nacional e incluso internacional e iba a abrirles a los más jóvenes de cuantos por esos días andaban casi, o sin casi, dando sus primeros pasos por la senda de lo artístico, el más amplio y fácil acceso a la modernidad; un legado que la oportuna visión de su creador iba a proyectar hasta nuestro hoy al poner en manos de la Fundación Juan March la continuidad de su institución.

Nada más justo es por tanto que en este año en que se cumplen a la par el centenario de su nacimiento y el cuadragésimo aniversario de su fallecimiento su memoria –la memoria de Fernando Zóbel– deba tener amplio eco en nuestra agenda. Lo tendrá especialmente con la reinstalación en las salas de las Casas Colgadas de las obras de su colección permanente que en estos momentos, tras la gira internacional de algunas de las más significativas organizada durante la realización de los hoy ya finalizados trabajos de climatización de sus dependencias, tiene estos días y hasta el próximo 30 de junio parada final en la exposición “El más pequeño museo más bello del mundo” en la sede madrileña de su gestora –que en su otra localización, la de su Museo de Palma, expone también una selección de los cuadernos del artista bajo el epígrafe de “Memoria de un instante”–, pero lo tendrá también, que de momento este articulista sepa, con esas charlas que los próximos 24, 25 y 26 de este mes nos brindará, en el propio Museo, la  historiadora de arte Patricia Molins sobre el impacto de la colección zobeliana en nuestra ciudad y en España y con la jornada que dirigida por la asimismo historiadora del arte Inmaculada Real López, de la Universidad Complutense, se desarrollará el 2 de julio en la sede de la UIMP bajo el título de “El fenómeno Zóbel en Cuenca: arte, museos y territorio” para, precisamente, tal y como se señala en su convocatoria, analizar esas huellas que el artista dejó a su paso por estos nuestros lares y esa ya antes aludida transformación que la ciudad tuvo gracias al fenómeno sin precedentes que generó y cuyo impacto aún hoy, por fortuna, pervive actuante aunque quizá pudiera potenciarse aún más. Ojalá que todas estas citas sirvan para ello además de tener resonancia real en nuestra conciencia ciudadana y que a ellas se añadan cuantas más mejor, que vaya si quien las suscita no las mereció y merece.  

 

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